Nuevo marco de economía política


• Felipe Soto
• 6 de abril de 2021

Contexto.

Las consecuencias socialmente negativas del modelo neoliberal en los países que adoptaron sus directrices, están siendo reconocidas y se cuestiona, cada vez más, la conveniencia de continuar aplicándolas, esto ha puesto en riesgo la permanencia de dicho modelo, objetivo que se plantearon desde el principio sus impulsores.  Por ello, es indispensable pensar en una nueva forma de relación entre los distintos grupos de la sociedad, concebir un nuevo orden social que reconozca y valore la propiedad pública, la propiedad social y la propiedad privada en aras del bienestar social en conjunto, incluyendo la prioridad de las actividades económicas, bajo una perspectiva histórica del futuro sustentable de México. Un nuevo paradigma solo podrá ser conducido por un Estado Soberano con un enfoque de economía política que conlleve a un régimen diferente al que prevalece desde hace 40 años entre el Estado, el capital y el trabajo. Un nuevo paradigma requiere superar la visión reduccionista de políticas económicas públicas de tipo monetarista que siempre han pretendido conservar el modelo de dominación del capital y que, para tal efecto,  ahora resultan insuficientes; en este contexto, es necesario concebir otro sistema político-económico que privilegie la recuperación de la función social del Estado, cuyo interés debe estar por arriba de cualquier otro que derive en desigualdad de oportunidades, la pobreza y la injusta retribución que el trabajo genera, como fue el que prevaleció durante la cuatro pasadas décadas en México.

Crisis recurrentes del modelo capitalista, su origen e incapacidad inherente para resolverlas.

La crisis económica de principios de 2020 se le atribuye a la crisis de la pandemia provocada por el COVID 19, sin embargo, esta eventualidad vino a evidenciar una más de las crisis recurrentes que es consustancial al sistema capitalista.

Una corta y reduccionista visión de la crisis económica actual y la pérdida de memoria colectiva impiden ver con claridad el origen esta recesión. A lo largo de la historia de la investigación de los fenómenos económicos y sociales algunos economistas han estudiado el origen y comportamiento de los ciclos económicos que predomina en el mundo, si bien sus análisis pueden diferir en cuanto duración y origen de estos ciclos, básicamente se reconoce su pertenencia al sistema capitalista (Kondratiev, Kalecki, Keynes, Mandel, Braudel, entre otros).

Como un tema de interés especial destaca el concepto de Kondratiev en cuanto a las ondas largas del ciclo económico donde distingue dos momentos: a) una onda ascendente y b) una onda descendente y ambas con duración entre dos y tres décadas cada una. Además de la larga duración de auge y recesión, Kondratiev señaló que las causas de las crisis sociales en el capitalismo son solo de tipo “endógeno” es decir de decisiones políticas inherentes al funcionamiento del modelo capitalista[1] [2]

Ernest Mandel (1972) agrega a la idea de Kondratiev un elemento más: la lucha de clases del capitalismo que se evidencia tanto en el auge como en el declive de las ondas largas. Para este economista las crisis del sistema capitalista son más que crisis económicas como las de sobre producción -aunque no las excluye-, sino como la expresión de crisis generales donde se inserta la lucha de clases como un elemento “exógeno” que provoca crisis políticas en el poder estatal burgués, ya sea en ondas largas de auge o de recesión económica.

Mandel señala también que en este factor “exógeno” está presente el desarrollo tecnológico que es consustancial al interés de los dueños del capital para, por una parte, incrementar su plusvalía a costa del valor del trabajo y, por otra, disminuir el empleo al sustituir trabajadores por máquinas y equipos en una nueva composición orgánica del capital que asegure su tasa de ganancia.[3]

La recurrencia de las crisis es propia de la naturaleza de la economía política que sostiene al sistema capitalista, donde domina un relativo grupo que detenta y concentra el capital y una amplia mayoría de la población que vive en condiciones de pobreza y pobreza extrema producto de la desigualdad en este sistema de relaciones de producción. En este contexto es imposible que las crisis derivadas del modelo capitalista puedan ser resueltas dentro del propio sistema.

Un breve repaso por la historia económica en el siglo XX y lo que va del XXI, nos indica que las crisis económicas se presentan recurrentemente en el sistema capitalista, ya sea en los ciclos de ondas cortas o largas, debido a la trasmisión de los eventos críticos de los países hegemónicos como consecuencia del libre cambio de mercancías en el mercado del mundo globalizado y de un sistema financiero también global que lo soporta.

En el siguiente cuadro se resumen las crisis del sistema capitalista desde 1929 y hasta 2009, sus efectos y medidas anticíclicas que se adoptaron.

Año en que se presentó la CrisisEfectosMedidas adoptadas
Crash financiero 1929La gran depresión de los años treinta. Caída de la demanda y reducción del comercio internacional entre 50 y 60 %, el empleo disminuyó entre 25 y 33% Solo pudo superarse por la economía de guerra en los años 40.
Crisis del petróleo de 1973Embargo petrolero de la OPEP a los países occidentales por el apoyo de EU a la guerra del Yom Kippur. Aumento de precios del petróleo, inflación y estancamiento “estanflación”     Países de la OPEP nacionalizaron las empresas de petróleo. En EU se redujo el consumo, se crearon la Ley de Emergencia de Ahorro de Energía en Autovías y se crearon la Reserva Estratégica de Petróleo, el Departamento de Energía y la Ley Nacional de Energía; se impuso el horario de verano y se redujo el tamaño de los automóviles.
Crisis de la deuda de los 80’sEl excedente financiero en la banca privada (petrodólares) propició el sobreendeudamiento de un número importante de países. Por el incremento de las tasas de interés en EU los países deudores entraron en riesgo de no poder hacer frente a sus obligaciones de pago. Se redujo el flujo de capitales a los países. Caída de la economía, colapso del comercio mundial y reducción de los precios de materias prima. Renegociación de las deudas y refinanciamiento. Estrategia de libre mercado y apertura al mercado externo. Ayuda del FMI (Plan Baker) y Banco Mundial. Programas de Ajuste de carácter restrictivos y créditos forzosos del FMI.
Crisis efecto Tequila 1994-1995 Fuga de capitales y devaluación en México derivado de incertidumbres por acontecimientos políticos. La crisis mexicana puso en alerta a los agentes económicos con intereses en países emergentes y la fuga de capitales se propago en Latinoamérica y tuvo su mayor efecto negativo en Argentina. Apoyo externo “paquete de rescate”, “ayuda internacional” establecimiento un sistema de libre flotación de la moneda. Fusiones de bancos nacionales y venta de bancos a institucione extranjeras. Alta concentración del sistema bancario y mayor regulación en el otorgamiento de créditos como requisitos de los apoyos internacionales.
Crisis Asiática 1997Un problema financiero en Tailandia por la devaluación de su moneda arrastro a otros países como Indonesia, Malasia, Taiwán, gong Kong y Corea del Sur.  Los inversionistas internacionales consideraron inconveniente invertir países de economías emergentes. Cayó el precio del petróleo y afectos a los países productores. Intervención del FMI con “programas de ajuste” y medidas para impedir fuga de capitales y ayuda de organismos multilaterales y bilaterales a los países del sudeste asiático.  Políticas macroeconómicas para evitar la inflación y el deterior del tipo de cambio.
Crisis del vodka 1998Las consecuencias de cambio de una economía socialista a una capitalista arrastraron consecuencias como la privatización de empresas. Orientación a la exportación de petróleo cuyos precios bajos y el no pago de impuestos de las empresas privatizadas generaron alto déficit fiscal, Suspensión de pago de la deuda y cierre de empresas. Preferencia por la liquidez y quiebra de fondos de inversión. Caídas del PIB hasta del 15%. Ayuda del FMI, para apoyar el resurgimiento de sectores afectados y cambios estructurales de la economía. Paridad rublo-dólar y compra de dólares por parte del banco Central en caso de insuficiencia en el mercado nacional.
Crisis samba 1999Un alto endeudamiento para el crecimiento económico requirió de la colocación de deuda pública externa y los flujos financieros del sector privado. Las turbulencias financieras en Asia y en Rusia influyeron en la incertidumbre de los mercados financieros internacionales y tomó a Brasil con elevadas tasas de interés que dio lugar a que se presentaran moratorias y devaluación de la moneda brasileña, caída de la bolsa de valores y desequilibrio comercial.   Severas medidas de ajustes, una política monetaria restrictiva, alza de las tasas de interés por encima del 30%, medidas fiscales para reducir el déficit fiscal. Ayuda del FMI con la condición de mantener el tipo de cambio y superávit venta de activos públicos.
Crisis Tango 2001-2002Argentina se vio afectado por la crisis de Brasil su principal socio comercial. Recesión económica y conflictos sociales por falta de empleo. Preocupación de los organismos financieros internacionales ante la posibilidad de que no se pudiera hacer frente al pago de la deuda. El efecto recesivo se propagó a otros países de la región. La política macroeconómica abandono de la convertibilidad sin repudiar el uso de la moneda local, se reestructuró una parte mayoritaria de la deuda externa. Reducción de tasas, quitas y maduración de los plazos
Crisis Financiera 2008-2009Política monetaria de bajas tasa de interés, alta liquidez, auge financiero innovación de instrumentos de financiamiento, así como la facilidad y aumento de créditos y bursatilización de carteras de créditos no regulados de baja calidad (subprime). En el momento del impago de estos créditos hipotecarios afectó a otros agentes financieros que quebraron. La crisis financiera se extendió a países de Europa y a economías emergentes. Estados Unidos y economías avanzadas de la UE, aplicaron programas de adquisición de deuda pública por parte de los bancos centrales y facilidades de crédito en el otorgamiento de crédito a las instituciones financieras para evitar la crisis de liquidez y la recesión económica. Rescate bancario.
Fuente: elaboración propia a partir de diversas investigaciones.


La crisis sanitaria-económica del COVID 19 de 2020.

La paralización repentina de la producción para atender la emergencia sanitaria de la pandemia COVID 19, se asemeja a una catástrofe natural sin precedente o a una economía de guerra, pero sin la ayuda de las medidas para la reconstrucción y, por lo tanto, con un alto grado de incertidumbre respecto a su duración y profundidad, así como la eficacia que pudieran tener las medidas de recuperación aplicadas en crisis cíclicas anteriores; ahora no se trata de una crisis sistémica en su origen, pero sus consecuencias económicas se multiplicaron por el confinamiento de la población en el contexto de una economía capitalista que afectó el funcionamiento de las cadenas globales de producción provocando, a la vez, una insuficiencia de oferta y de demanda.

Derivado de ello, la parálisis de la producción, principalmente en China la “fabrica mundial”, repercutió en una reducción del empleo en todo el mundo y esto causó una rápida y profunda caída del consumo, especialmente en EU principal mercado internacional; desde luego, no es el mejor ambiente para la inversión, como para estimularla, por lo menos con medidas convencionales.

La sorpresiva irrupción de la crisis, su origen exógeno al sistema capitalista (un nuevo virus de capacidad pandémica y sin cura definitiva hasta ahora), la incertidumbre respecto a la duración de la pandemia y a lo que pudiera esperarse de una “nueva realidad”, hace impredecible los efectos positivos que se están aplicando en el contexto de políticas monetarias, fiscales y financieras semejantes a las aplicadas en otras crisis, mismas que no lograron  superar de forma permanente y del todo los efectos perniciosos del sistema capitalista, sino que por el contrario profundizaron sus contradicciones que se reflejan en una mayor concentración del capital y un incremento extraordinario del desempleo, la desigualdad y la pobreza en el mundo.

Las crisis cíclicas desde el siglo pasado y hasta ahora en el actual son la expresión del resquebrajamiento de los pilares que sostenía el sistema económico que durante el siglo XIX había prevalecido y que en el XX se profundizó el desequilibrio del sistema capitalista, tal como lo planteó Karl Polanyi, al señalar cuatro factores que condujeron a la fragilidad de dichos sistema: a) el derrumbamiento del sistema internacional generado por las diferencias en el nivel económico que desataron un periodo de guerras por la conquista de la riqueza de los países; b) el abandono del patrón oro – internacional que desarticuló una organización única de la economía mundial; c) el fracaso del mercado autorregulado, utopía que aniquila la esencia y la naturaleza humana, destruye al hombre y transforma el ecosistema en desierto y; d) un Estado que sirve y protege este mercado autorregulado.[4]

La permanencia de estos factores inherentes en el sistema capitalista es lo que impulsa la recurrencia de la aparición de las crisis dentro del mismo sistema; por ello, las medidas anticíclicas que se han adoptado y que se pretende seguir en varios países son ineficaces para cambiar las contradicciones sistémicas que provocan las permanentes crisis capitalistas. En este contexto, podemos mencionar tres factores que impiden que estas medidas sean efectivas para cambiar el destino de México:

  • El capitalismo para sobrevivir tiene que crecer. En las empresas privadas cuando se reduce su tasa media de ganancia por una disminución en la demanda, siempre están prestas para inventar nuevas necesidades de la población que requieren de nuevas mercancías para satisfacerlas; una demanda de nuevos productos, o de productos mejorados -autos, teléfonos, ropa, alimentos, etc.- que siempre les es necesario producir para incrementar la inversión y en consecuencia la acumulación del capital.
  • El desarrollo ideologizado de la tecnología. La innovación de productos es una estrategia básicamente de la empresa privada que ha hecho creer que es la única que puede hacerlo. La finalidad de la tecnología en el sistema capitalista es obtener una mejor posición frente a sus competidores; eficientes estrategias de inducción al consumo y de comercialización logran colocar productos que no son necesarios para satisfacer necesidades básicas de la sociedad, pero sí se pueden calificar como frívolos por lo que se ha llegado a denominar “la producción de lo superfluo”[1] (Mejía 2004). La tecnología desarrollada por la empresa privada aprovecha el desarrollo de la ciencia básica, pero se desprende de su ética y normatividad creando su propia ruta para seguir creando nuevos productos de mercado que les permita mantener o incrementar su tasa media de ganancia de acuerdo con la razón de ser del modelo capitalista. 
  • El gobierno burgués adopta políticas públicas que mantienen y promueven los fundamentos de la economía política neoliberal. La función del Estado es preservar el interés de la clase dominante. En el capitalismo el Estado protege las condiciones que el sistema requiere para salvaguardar y promover la acumulación del capital privado, reduciendo o eliminando su intervención en la producción para el mercado y responde solo como el guardián de la estabilidad social que garantiza la seguridad del entorno donde se realiza la inversión privada, a la vez que es exigido para que invierta en obras y servicios públicos que no realiza la empresa privada, cuando no es rentable financieramente, pero que contribuyen a crear externalidades positivas para las empresas privadas, trasladando su costo a la sociedad, es un agente político determinante en la aplicación de políticas económicas, fiscales y financieras que favorecen la supervivencia y crecimiento del capitalismo contribuyendo a la recurrencia de las crisis del sistema (Huerta 2005)[6]
  • Los mecanismos desarrollados para detener los conflictos sociales que pudieran conducir a un cambio de relaciones de producción y la desaparición del capitalismo. El sistema capitalista en su expresión neoliberal desde inicios de los años ochenta percibió que las consecuencias de sus políticas estaban provocando graves afectaciones y dividiendo a la sociedad, lo que ponía en riesgo que el Estado desviara su apoyo a estas políticas en favor de su responsabilidad social que contuviera los conflictos por la desigualdad y la pobreza ya que podrían escalar a mayor nivel. Es entonces que se promovieron políticas que trasladaron la función social del Estado hacia la creación de “organizaciones sociales”; los gobiernos, los organismos multilaterales, las fundaciones y agencias internacionales de cooperación, comenzaron a dispersar apoyos para promover lo que se dio por llamar desarrollo “desde abajo” especialmente dirigidos hacia grupos locales mayormente conflictivos.[7] Si bien es posible identificar en la mayoría de los países OSC auténticas que buscan el cambio, Petras se refiere básicamente a las Organizaciones auspiciadas con recursos de organismos internacionales que no esconden su anti estatismo y se declaran  “no gubernamentales” (Petras 1997).[8]

Situación de la economía mexicana antes del COVID 19

La crisis económica de la economía mexicana en 2020, no es atribuible solo a la pandemia del COVID 19 y/o a la política económica de un nuevo gobierno que inició en 2019; la economía mexicana ya venía arrastrando una desaceleración desde 2015, reflejo de la tendencia mundial a la baja del sistema capitalista neoliberal que no terminaba por reponerse del todo de la crisis financiera del 2008-2009, salvo en 2018, que parecía recuperarse dado el crecimiento de la economía de EEUU y de Rusia, para luego volver a caer en 2019, influenciada por una tendencia clara del  declive de la economía china.  

Después de la crisis financiera de 2008-2009 las políticas anticíclicas tradicionales de índole fiscal, monetaria y financiera impulsaron un incremento momentáneo en 2010, sin embargo, al siguiente año la economía mundial volvió a caer y mantuvo, con franqueza, un dinamismo mediocre generalmente inferior al 2.0 % desde 2011 y hasta 2019.

Las medidas anticíclicas adoptadas por los gobiernos, no resolvieron eficazmente la secuela de la crisis 2008-2009 y no fueron de tipo estructural ya que se orientaron a acciones de corto plazo que, pretendiendo reactivar el mercado, se circunscribieron a pretender incentivar la inversión mediante el apoyo al crédito relajando la reglas prudenciales del sistema financiero y canalizando recursos de los bancos centrales al sistema bancario para ampliar su capacidad de crédito; ajustes a la política monetaria mediante la reducción de la tasa de interés que llegaron a niveles cercanos a cero; ajustes a la política fiscal incrementando el déficit fiscal y el nivel de endeudamiento y; apoyo al sistema financiero a través del respaldo gubernamental de los activos de los bancos comerciales para salvarlos de posibles quiebras.

Las consecuencias de la crisis irresoluta de 2008- 2009 y hasta 2019, demostró la cada vez menor capacidad de resiliencia del sistema neoliberal y acarreó el poco dinamismo de los principales países de economías avanzadas e inclusive de economías emergentes como China y Brasil; desde luego, en este contexto países de economía emergente incluyendo a México llegaron al 2019 con una economía en franco declive.

La tendencia decreciente más reciente de la economía mexicana ha durado nueve años ya que se inició un año después de la momentánea recuperación de la crisis 2008 -2009, en el año 2010. A partir de entonces la caída del PIB nacional más importante, hasta el año atípico pandémico del 2020, se presentó en 2019 (-0.15 %) este fenómeno refleja la declinación del PIB mundial y la dependencia de la economía del país respecto a la economía de los países de mayor dinamismo como China, EU y Alemania, en un ambiente de libre comercio de mercancías, servicios y capitales que caracterizan al modelo neoliberal. El inicio de un nuevo gobierno en México se tuvo que enfrentar a este crítico escenario mundial. 

La supeditación de la economía mexicana colonizada y supeditada al modelo capitalista global, hizo que su comportamiento fuera un reflejo de los avatares que se presentaron en los países de economías avanzadas que, en última instancia, son las que dictan la tendencia del PIB Mundial y su reflejo en el PIB de México.

En este escenario el desarrollo económico del país no ha sido un desarrollo soberano, sino que está subordinado a la economía de los países hegemónicos que definen el rol que México debe jugar en la economía mundial, aun cuando esto signifique incrementar la concentración del ingreso, la desigualdad de oportunidades y la lacerante pobreza que aqueja a la mitad de la población en México.

En 2019 el nuevo gobierno inició con un difícil panorama: ralentización de la inversión privada y altos índices de pobreza. La tendencia a la baja de la actividad económica registrada configuraba ya para 2019 reducciones importantes en la utilización de la capacidad productiva y formación de grandes inventarios. Era claro que con un 50% de la población en pobreza que la capacidad de consumo de la población no habría estímulos a la inversión.

Era necesario abordar ambos problemas y lejos de plantearse como disyuntiva se adoptó una política que pudiera dar capacidad de consumo a la mayoría de la población, principalmente en el segmento de menores ingresos, pero que beneficia también a la clase media con programas de aplicación universal (adultos mayores, por ejemplo). Si bien esta política pudiera no resolver totalmente la caída de la inversión privada sí contribuyó a crear mejores condiciones aumentando la capacidad económica en el mercado interno.[9]

En México, en poco más de dos años de un nuevo gobierno las medidas adoptadas para desprenderse el modelo neoliberal aún no han suficientes, tanto como fuera deseable, pero no cabe duda de que hasta donde ha sido posible se han llevado a cabo acciones diferentes a lo acostumbrado en administraciones anteriores, tanto en el ámbito económico como en el político dirigidas principalmente a la inclusión de los grupos de la población de menores ingresos. De alguna forma estas acciones apuntan a la profundización de medidas antiliberales en la segunda mitad del actual gobierno, sin embargo, esto depende de que en las elecciones intermedias el partido en el gobierno siga manteniendo una mayoría suficiente que garantice la aprobación de iniciativas y decisiones de política pública de mayor trascendencia, que tiendan a conformar un nuevo paradigma de la economía política.

Sin embargo, también en el escenario para los próximos tres años se prevé que se recrudezca la oposición de los grupos políticos y económicos -nacionales y extranjeros- interesados en que este proceso no fructifique, ya que de consolidarse podría mantenerse por largo tiempo más allá de un sexenio y, quizás, “contaminar” a otros países de la región que estarían luchando por impedir que el modelo neoliberal continúe en forma permanente.

[1] Citado por Libreros Caicedo y Sarmiento Anzola, Libardo en La crisis estructural del sistema mundo. Crisis Capitalista, economía, política y movimiento. Jairo Estrada Álvarez, compilador. Espacio crítico. Ediciones.
[2] Sandoval Ramírez, Luis. Los ciclos económicos largos Kondratiev. Universidad Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Económicas. 2004
[3] Mandel, Ernest. El Capitalismo tardío. Ediciones Era. 1972
[4] Karl Polanyi. La Gran Transformación. Crítica del neoliberalismo económico. Quipu editorial.  2007 
[5] Mejía, Marco Raúl.  La tecnología, la(s) cultura(s) tecnológica(s) y la educación popular en tiempos de globalización. Revista Polis 2004.
[6] Huerta Moreno María Guadalupe. El neoliberalismo y la conformación del Estado subsidiario. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco. 07/09/05 
[7] Según J. Petras, para la década de los 90, estas organizaciones descritas como no gubernamentales, sumaban miles y recibían cerca de 4.000 millones de dólares a escala mundial.
[8] Petras, James. El imperialismo y las ONG en América Latina. Monthly Review. 12/01/1997.
[9] En México donde las principales actividades económicas están dominadas por empresas de capital extranjero, la reactivación del mercado interno no necesariamente incrementa recursos para inversión ya que, por una parte, un monto importante de la utilidad se fuga al exterior y, por otra, el desarrollo de tecnologías en los procesos de producción tiene cada vez menor impacto en el incremento de puestos de trabajo. Sin embargo, la distribución de recursos monetarios, sí tiene un evidente impacto positivo en la capacidad de compra de productos básicos a la mayoría de la población.

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