No dejen que les digan que hacer

Apuntes sobre videoconferencia de jóvenes militantes con el compañero Luis D’Elía

Ciudad de México, México, 16 de octubre de 2020 • Daniel Moser • Resultó reconfortante escuchar a un grupo de jóvenes entrevistar al compañero Luis D’Elía en videoconferencia. Participó en varios grupos de más de 150 integrantes cada uno y resulta decepcionante la actitud acrítica de la mayoría de los pocos que se prestan al intercambio, practican el maniqueísmo y cultores del argumento ad hominem.

El último acontecimiento histórico más relevante de la política argentina fue el golpe cívico-militar pro oligárquico de 1976. En ese momento se establecieron de manera efectiva e implacable nuevos paradigmas en materia política, económica social y cultural, cuya vigencia, en la enorme mayoría de los casos, sigue hoy vigente.I

Para entender el estado actual del ejercicio de la militancia política, es necesario, imprescindible, conocer el pasado. Uno de los logros más relevantes del Proceso 1976-1983 fue la campaña de contracultura, especialmente en materia política.

Con la excusa del combate a la guerrilla, la dictadura de Martínez de Hoz y Videla se aplicó en liquidar a la vanguardia militante en el terreno político, sindical y cultural al tiempo de poner en marcha la estrategia de contra cultura que, en lo esencial, consistió en frivolizar la política, en transformarla en un espectáculo donde los “protagonistas” dejaron de ser los militantes y sus representantes para ser individuos (“políticos”) que, parafraseando a Marx (Groucho) actúan –en la mayoría de los casos– con base en la premisa “Tengo estos principios, si no les gustan, tengo otros”.

Hoy, una de las consecuencias más graves de dicha estrategia de contracultura, es que más que grupos de militantes (analíticos, críticos, propositivos) abundan clubes de admiradores (acríticos, obsecuentes), me llevé la grata sorpresa que no parece ser el caso del incipiente grupo de jóvenes.

Uno de ellos le planteó a Luis que recomendara un libro, y Luis le recomendó varios autores, todos imprescindibles, a mi juicio. El primero que recomendó fue Jorge Abelardo “Colorado” Ramos, quien fue mi maestro, con quien milité desde finales de los años setenta hasta principios de los noventa, cuando la caracterización del Menem que traicionó sus compromisos de campaña, nos separó. Ese paso dado al final de su vida no invalida el inconmensurable aporte que hizo el Colorado a las luchas de la Patria Grande. Todos sus libros merecen leerse, especialmente la serie de historia argentina.

Otros recomendados por Luis fueron Arturo Jauretche, Scalabrini Ortiz… fundadores de Forja (ideólogos responsables de la formación política de la generación de militares actores de la revolución de 1943 que puso fin a la década infame, entre quienes estaba Juan Domingo Perón), sin duda es “obligación” leer las obras de Jauretche y Scalabrini, hay muchos otros.

Recomiendo también leer a Felipe Pigña, se llevarán grata sorpresa al conocer (no por la historia escolar mitrista) a patriotas como San Martín, Mariano Moreno, Manuel Belgrano… ¡Es impresionante como los pesares que atravesaron, esencialmente son tan similares a los de hoy! Las disyuntiva siguen siendo la misma: Patria o colonia, Pueblo u oligarquía.

Otro de los éxitos de la estrategia de contracultura del Proceso, verificable hasta nuestros días, paralelo a la frivolización de la política, es la pérdida de memoria histórica. Ejemplos hay muchos, sólo daré dos, seguramente polémicos:

Raúl Alfonsín es conocido hoy como “el padre de la democracia”. Salvo en sus últimos años de vida, cuando denunciaba a Carrió y defendía a Nestor Kirchner, Alfonsín fue golpista y gorila de la primera hora, baste recordar que celebró el golpe de estado pro oligárquico de 1976 y regularmente se reunía con su compañero de liceo y amigo, Albano Arguindegui, uno de los criminales al servicio de Martínez de Hoz.

A Alberto Fernández se le debe reconocer que no engaña, se autodefine como “más hippie que peronista” y “reformista con las reglas establecidas” (por la oligarquía de 1976 a la fecha) y llegó a recomendar votar por Macri antes que por CFK (https://youtu.be/t-eOfauKgSk). Otro joven le pidió opinión a Luis sobe si a “Alberto Fernández le faltaba peronismo”, a mi juicio no tiene nada de peronismo, por su formación y militancia política, por sus dichos y sus acciones, como muchos integrantes de la partidocracia, es un burócrata de la política, no vive para ella, vive de ella.

Dos –al menos– son los factores que caracterizan a la discusión política en la Argentina: el maniqueísmo y el argumento ad hominem. Escasea el debate de ideas y abundan consignas fáciles como la de “consolidar la unidad” sin el mínimo debate y definición, o “hay que defender al gobierno”, como si fuese víctima cuando es responsable del compromiso que asumió por el voto a CFK, cuando se le debe exigir que cumpla el mandato popular porque la víctima es el pueblo argentino. Hay alineamientos con tal o cual “dirigente” o “conductor” al que se considera infalible, en lugar de un espíritu crítico, analítico, propositivo, respetuoso, que determine la acción política, en lugar de seguir obsecuentemente a tal o cual figura.

Esto me lleva a referirme a quien considero la principal legítima representante del sentimiento de la mayoría del pueblo argentino: CFK. Su representatividad y su inteligencia son indiscutible ¿pero ello la hace infalible? Opino que no. Que se gobierne durante 12 años (NK-CFK) llegando a tener un 54% de respaldo popular y que al final de esos 12 años, en lugar de que continúe la gestión un militante del movimiento nacional y popular, la oligarquía ¡por primera vez en la historia! Logre instalar un presidente de su seno (Macri) sin golpe y en elecciones que nadie cuestionó, no debe considerarse más que un grave error. ¿Fue apropiado qué con un solo voto, el de CFK, Scioli y Alberto Fernández fuesen candidatos? Los resultados parecen indicar que no.

En 2019 se impuso la consigna “Sin CFK no se podía ganar, sólo con ella, tampoco”. Nuevamente, los hechos verificables indican que es falso, claro, como decía Mark Twain, Es más fácil engañar a la gente, que convencerlos que han sido engañados, e insisto con el grave problema de la memoria histórica, incluso del pasado reciente. Me explico.

La noche de la elección presidencial de 2019, el Frente de Todos (un rejunte electoral sin futuro, plagado de macristas y traidores, el más peligroso, Sergio Massa, candidato de la oligarquía y EU a suceder a Alberto Fernández en 2023) denunció públicamente un fraude electoral (https://youtu.be/5nJwzP-A8Ks) (https://www.infobae.com/politica/2019/10/30/el-frente-de-todos-denuncio-que-hubo-adulteracion-de-padrones-electorales-en-la-provincia-de-buenos-aires/).

Sólo un fraude electoral justifica que la oligarquía obtenga un ¡41%! En la persona de Macri, cuando históricamente la oligarquía, entre su minúscula base electoral y los clasemedieros con el hígado en el cráneo (https://youtu.be/3pBtdmdnqP4), no obtiene más de un 35%, menos aún después de los cuatro años en que Macri –deliberadamente– dejara al país en ruinas.

Algún día espero sepamos porqué el Frente de Todos denunció y luego calló, lo que determino que hoy la oligarquía tenga en las cámaras legislativas la posibilidad de entorpecer al gobierno.

Lo cierto, a mi juicio, es que a la luz del resultado electoral (“con el diario” del lunes”) nos atrevemos a decir que “con CFK alcanzaba y sobraba para ganar la presidencia”. Mi conclusión: enorme triunfo electoral de la oligarquía que logró impedir que CFK fuese presidenta.

CFKracing

La escenografía montada por el Proceso en 1983 les hace creer a muchos que vivimos “en democracia”, sí, estamos en el marco de la formalidad democrática que nos llevó en diciembre de 2001 a gritar “que se vayan todos” (los políticos partidocráticos) pero se quedaron casi todos. El debate, la lucha no debe darse por “la convivencia democrática (formal)”, sino por recuperar el poder real que la oligarquía usurpó a sangre y fuego en 1976 y no ha soltado hasta hoy, gobierne quien gobierne. Son dos disyuntivas que nos debemos platear, opino: Patria o colonia, Pueblo u oligarquía.

Cuando nos hablan de unidad, debemos plantear ¿para qué fin y con quiénes?, no permitamos que nos quieran obligar a seguir “líderes” o “conductores” como si se tratara de fe religiosa, en política tenemos el derecho y la responsabilidad de pensar, de debatir, de cuestionar, de buscar consensos o decidir con democracia participativa, no sólo representativa, debemos llegar de los hechos a las convicciones y no de las convicciones a las justificaciones.

Ya me extendí. Finalmente, me parece importante invitar a los jóvenes que no me crean, que no le crean a nadie, creer es un acto religioso, respetable pero ajeno a la política, tengan curiosidad, lean, investiguen, analicen, debatan crítica, propositiva y respetuosamente, pongan todo en duda y verifiquen contra los hechos antes de asumir una u otra posición.

No vayan detrás de “líderes” o “conductores”, no dejen que les digan que hacer, asuman la responsabilidad de ser protagonistas y contar con legítimos candidatos a representantes populares elegidos democráticamente por las bases.

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