La otra cara de la pandemia: el discurso único

México, 31 de mayo de 2021 • Carlos Prigollini

Desde marzo del año pasado, el planeta decidió cerrar sus puertas, en nombre del Covid-19. Sin estudios previos ni señalamientos científicos rigurosos la gran mayoría de los países, restringieron seriamente té nuestras libertades por decreto, llegando a un Estado de Excepción, que envío a nuestros pueblos al confinamiento o cuarentena, que no sólo evitó grandes males, sino que instalaron el miedo en la mayoría de la población. 

Vale la pena afirmar que quién suscribe estas líneas no es anti vacuna ni anti Covid, sólo cuestiono las respuestas improvisadas y perjudiciales, sobre todo a la mayoría de la población vulnerable, víctima directa de encierros y falta de trabajo, así como también de hacinamientos y vigilancia estricta que afecta la más elemental de las libertades ambulatorias.

Los gobiernos de Nuestra América aceptaron incondicionalmente las medidas dictadas por la controvertida OMS, que envuelta en un mar de contradicciones jamás dio alternativa correcta al igual que otros falsos agoreros del terror mediático. 

La mayoría de los médicos y otros reconocidos científicos apostaron a la llegada de las vacunas, pero estas supuestas dosis de salvación, llegaron por fin, y hoy nos envuelve el caos absoluto signado por la desconfianza y el temor a las consecuencias de muchas de ellas (Astra Zéneca y Pfizer especialmente), o clarísima pandemia de test falsos positivos, según el Doctor Javier Sciutto, médico uruguayo apresado por el régimen neoliberal de Lacalle Pou, por contradecir el discurso oficial.  “Es una campaña en favor del miedo, que no tiene sentido el uso del cubre bocas, y los médicos y la gente en general no leen ni estudian las publicaciones actuales que demuestran a través de estudios que el mito de fallecidos por Covid, no se da a conocer porque los fallecimientos en su mayoría se deben a otras causas y no por el virus. Esa campaña del miedo que se genera determina a la gente ir por la vacuna, sin embargo, estas no demostraron su eficacia ni mucho menos su seguridad. Más del 99% de la población no estuvo ni está infectada” concluye el Doctor Sciutto. Es evidente que la gente está despertando y más del 70% de las personas no quiere hoy vacunarse, porque periodistas y ciudadanos comunes deben informarse debidamente acerca de esta gran mentira.  ¿No es raro que haya un discurso único? 

Es decir que no sólo se atenta contra la libertad ambulatoria sino también contra la libertad de expresión. 

Prueba de ello es la censura de ciertos periodistas como es el caso de Rubén Luengas en México, quien fue censurado en You Toube y otros medios por su postura revisionista contra el colapso sanitario. 

Dicha censura también se ejerce contra virólogos reconocidos, que sufren esta consecuencia, así como también los ataques personales, tal es el caso del reconocido científico argentino Pablo Goldschmit quién sostiene desde tiempo atrás que “No se puede seguir siendo víctima de una presión internacional por cosas mal hechas”. Goldschmit, además de virólogo es especialista en enfermedades infecciosas, afirma que la bio estadística no cuenta con la gente idónea para hacer tal ejercicio, y lo demuestra agregando que “se están enloqueciendo con algo que no tiene sentido”. Según el virólogo la mezcla y falta de rigor científico de los mismos médicos encargados, la letalidad del virus es menor que otras enfermedades, ya que en 2020 hubo menos muertos por Covid que años pasado en enfermedades respiratorias, y sin embargo nadie usó barbijos y tampoco cerraron los países. 

Mientras tanto se genera el pánico en la gente, se cierran fuentes de trabajo, se demuestra sin justificación alguna el colapso hospitalario, se sigue muriendo gente de la tercera edad en geriátricos y si alguien tose corre al hospital, creando un círculo vicioso al que todos atribuyen sin conocimiento alguno ni biopsia efectuada el clásico murió por COVID. Es la primera vez que se paraliza totalmente el planeta, pero también es la primera vez que intentan establecer el discurso único encerrando a gente vulnerable que depende del día a día en sus actividades laborales, cuándo tienen acceso al trabajo. 

Estamos ante un verdadero dilema, cuyo pánico está alimentado y creado por el terror mediático de ciertos pseudo periodistas que en alianza con los gobiernos de turno no cesan en acatar órdenes de OMS, que perdió credibilidad en el mundo entero, consecuencia de sus errores o mejor dicho horrores sistemáticos, sin que nadie hasta ahora ponga en juicio a este organismo multilateral.

Un millón de casos de meningitis, otras 240.000 personas infectadas por tuberculosis, más de la tercera parte de la población mundial encerrada en su casa, cuyas condiciones de hábitat en varios hogares no son buenas, ponen en suspicacia que en el caso del Covid sea todo relativo cuándo la mortalidad en China sea del 0.66% en el país más poblado del mundo. Se comprueba así que cualquier persona que ingresaba al hospital era automaticamente diagnosticada por Covid, cuando en realidad llegaban por otras dolencias, y el diagnóstico superaba la realidad. 

La incompetencia de aquellos que empujaron a tomar decisiones apresuradas (sobre todo laboratorios e industria farmaceutica al servicio de intereses corporativos) al poder mundial, tiene que ver con falsos certificados de defunción (por Covid) así como también la complicidad de funcionarios políticos que durante más de un año generaron espantosas cifras de pobreza extrema, consecuencia del masivo cierre de negocios, empresas y pymes que a su vez generaron millones de  desocupados que jamás fueron subvencionados.

Simultáneamente, el pueblo colombiano sigue en las calles con presencia masiva, desafiando el “quédate en tu casa” y soportando la política criminal y neoliberal del represor Iván Duque, uno de los grandes alumnos del Departamento de Estado. 

El pueblo chileno salió hace tiempo a las calles y el 48% de sus votantes determinó hace una semana el fin de la larga noche pinochetista, terminando democráticamente con su arbitraria constitución. 

En Argentina, no se entiende la razón que habiendo vacunado a más de 10 millones de habitantes (un 23% de la población) los números sean tan alarmantes. No obstante, las voces de disenso se empiezan a imponer ante el genuflexo gobierno de Alberto Fernández, quien lejos de cumplir sus promesas electorales demuestra una serie de errores o falta de voluntad política, en la marcada improvisación de sus determinaciones, incluyendo su política sanitaria, regresando el día de hoy al confinamiento absoluto. 

Más allá de la pandemia, el Estado de excepción y el discurso único, Nuestra América sigue movilizada exigiendo tener su propia voz en contra de las desigualdades y profundas injusticias. 

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