Disparates posmodernos

Argentina, 9 de noviembre de 2021 • Horacio Finocchio • Creer que si un nene prefiere jugar con una muñeca y no con una pelota entonces no es realmente un nene, no tiene sentido. Pero a este disparate se puede llegar por dos vías opuestas. “Biologizando” el juego con pelotas o con muñecas o, por el contrario, “culturizando” el sexo del niño.

El primer error es el de los reduccionistas biologicistas, que unidimensionalizan la sexualidad humana no advirtiendo las determinaciones sociales o culturales. El segundo error es el de los reduccionistas culturalistas, que unidimensionalizan la sexualidad humana ignorando las determinaciones biológicas. El ejemplo actual, en curso, es el terrible experimento que están haciendo con el niño Manuel/Luana (el de “Yo, princesa”), parecido al que hizo el doctor Money décadas atrás, y que lógicamente terminó en un desastre.

En el caso del reduccionismo culturalista o constructivista, que está de moda en el campo del progresismo posmoderno, se procede a partir de “micro desplazamientos semánticos” que producen finalmente, como resultado, la distorsión absoluta del fenómeno abordado. Por eso es importante poner atención en la terminología empleada.

Ejemplo: no dicen que cuando un niño nace se registra su sexo, sino dicen que se le “asigna” un “género”. Es decir, así como vos te llamás Gustavo porque tus padres te “asignaron” arbitrariamente ese nombre, pudiendo haberte asignado otro, vos serías varón y no mujer porque el “dispositivo médico patriarcal, apresado en el binarismo” te asignó arbitrariamente esa condición.

Si te hubieran “asignado” la condición de nena, serías (habrías sido) una nena. Entonces, vos podrías, en cualquier momento, al año y ocho meses por ejemplo, como el caso de Manuel/Luana, “elegir” otro “género”. Y acá la palabra “género” desempeña un papel crucial, porque es una suerte de comodín que puede ser usado para una cosa o para la otra, según la conveniencia.

¿Es sinónimo de sexo? ¿Es la dimensión cultural del sexo, como decían las feministas marxistas en los 70? ¿O es un término que “succiona” la biología hasta el punto de que una académica antimarxista como Judith Butler llega a afirmar que la biología directamente no existe, que ella también es “discurso”?

Lo que más llama mi atención en todo este asunto es la complicidad cobarde de tantos marxistas y psicoanalistas con los disparates posmodernos. En privado suelen reconocer, por ejemplo, que llamar “niña trans” a un niño que se cree niña, es absurdo. Pero, en público, reculan asustados ante el imperio de lo “políticamente correcto”. Renuncian, así, a ejercer “las armas de la crítica”, que hoy son más necesarias que nunca.

Deja una Respuesta

Tu correo electronico no será publicado.