Democracia al servicio de la partidocracia, no del pueblo

Argentina, 11 de octubre 2021 • Norberto Finocchio •  Todo sistema económico-social necesita un régimen político que garantice su reproducción y, por consiguiente, la vehiculización de los intereses de las clases dominnantes. Para el sistema capitalista, tanto en los países imperialistas como en los países periféricos y semicoloniales, el mejor régimen político es el que se autodenomina democracia. El ideólogo liberal Norberto Bobbio explicó su funcionamiento hace unos 25 años en el libro Derecha e izquierda.

El régimen autodenominado democracia –que en la actualidad, en la mayoría de los casos, está al servicio de la partidocracia, no de los pueblos– se puede representar gráficamente como si fuera una “campana de Gauss”.

La mayor parte del espacio se divide entre un centroizquierda moderado más o menos progresista y un centroderecha moderado más o menos conservador. Ellos practican el juego de la alternancia mediante periódicos, comicios cuyo resultado está en gran parte determinado (a partir del trabajo de los aparatos ideológicos) antes de que el ciudadano entre al cuarto oscuro.

A quienes intenten escapar de estas opciones moderadas, el régimen les ofrece una izquierda más o menos radical en un extremo y una derecha más o menos radical en el extremo opuesto, una supuesta “diversidad” contra el “binarismo”, obviamente falsa. Así funcionan las cosas en condiciones de normalidad, es decir, cuando los de arriba están cómodos ahí arriba y los de abajo se resignan a seguir abajo.

Aplicado este esquema a las elecciones del domingo próximo: tenemos a una supuesta “centroizquierda” en El Frente de Todos (¿si es de “todos” a quien enfrentan?), al centroderecha Juntos por el Cambio (en realidad “juntos porque se mantenga el poder rela en manos de la oligarquía como desde 1976 a la fecha y, de ser posible, como en 2015, gobernar el país), al extremo izquierdo el FIT y al extremo derecho Libertarios. Una verdadera tragicomedia politiquera que da para todos los gustos.

Los docentes en general, los de ciencias políticas en particular, deberían explicar detalladamente esta situación a los estudiantes, a fin de que puedan advertir la trampa en la que ellos y todos hemos caído y de la que aún no somos capaces de poner en práctica la forma de escapar de dicha trampa.

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