Argentina: Volver al pasado

México, 14 de septiembre 2021 Carlos Prigollini  

“Es más fácil engañar a la gente, que convencerlos que han sido engañados” Mark Twain

La famosa y reiterada frase “El pueblo nunca se equivoca” no sólo empieza a relativizarse, sino que además va en dirección contraria a la realidad. Son muchos los ejemplos, pero específicamente en el caso argentino observamos que no es la primera vez que el pueblo acude a votar por sus verdugos. 

Las recientes votaciones del domingo pasado en Argentina muestran una clara y contundente victoria de la derecha local en 18 de las 24 provincias del país, entre ellas la Provincia de Buenos Aires, dónde vive el 43% de la población. Los números de las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) le dan a la oposición un porcentaje por arriba de los seis puntos sobre el oficialismo.

Es cierto que el gobierno del Frente de Todos llegó a ganar las elecciones heredando dos pandemias. La que conocemos con el virus del Covid-19 por un lado y la nefasta herencia neoliberal que deja el peor gobierno civil de la historia democrática argentina, me refiero a la pésima gestión de Mauricio Macri entre 2015/2019.

La actual administración que muchos hemos votado para quitar el flagelo de ajustes criminales de la anterior gestión neoliberal, llegó con promesas electorales que no solo no fueron cumplidas, sino que se hizo todo lo contrario, ya que tomaron un rumbo opuesto y muy lejano de las pretensiones de los votantes.

Se votó para terminar con los poderes fácticos y la derecha , pero el presidente prefiere invitar a “dialogar” a dichos sectores, se votó para sacar y juzgar a los fugadores de divisas en paraísos fiscales como el ex presidentes Mauricio Macri y sus amigos más cercanos, sin embargo estos delincuentes de cuello blanco no han sido tocados judicialmente en lo absoluto, se reivindicó la vieja consigna de ni un solo día de gobierno peronista con presos políticos, pero los presos siguen, entre ellos ex ministros del anterior gobierno de Cristina Kirchner como Julio De Vido, Amado Boudou y luchadoras sociales como la compañera Milagro Sala. 

También se votó para que la obscena deuda espuria a todas luces del anterior gobierno fuera debidamente investigada, deslindando la deuda legítima de la contraída ilegalmente, pero de manera apresurada e improvisada, el ministro de Economía decidió aparentemente por obediencia debida, pagar todo, legitimando de esta manera a evasores fiscales, lavadores de divisas y todos aquellos que utilizaron para fines personales los préstamos de organismos multilaterales como el FMI, realizados a la Nación. Acordaron con el siempre odiado FMI, los fondos Buitres y otros acreedores, disfrazando la renegociación de la multimillonaria deuda con eufemismos como “reducción del déficit” o el cacareado “control de gastos”.

Lejos de movilizar a los sectores populares y ganar la calle, como históricamente lo ha hecho el peronismo, el presidente Fernández resguardó a las bases en nombre de la pandemia. La misma pandemia que le jugara en contra y le quitara gran cantidad de votos, a raíz de una concurrida e irresponsable fiesta de cumpleaños de su esposa en la residencia presidencial de Olivos. 

Mientras esto ocurría el presidente llamaba a toda la Nación por cadena nacional, para afirmar el reiterado “quédate en tu casa”.

Nada de lo señalado es casualidad, existe una tremenda improvisación, demostrada falta de voluntad política de los principales actores para poner freno a una derecha rabiosa y arbitraria, que a través de un monopolio de medios hegemónicos impone su agenda con marcadas omisiones, fake news y un golpeteo verbal enajenante sobre sus respectivas audiencias. 

¿Cuál sería la respuesta a esta ofensiva comunicacional? Sin duda que una verdadera Ley de medios que termine con la ridícula agresión verbal de los mercenarios mediáticos al servicio de intereses empresariales o multinacionales. Pero en nombre del dialogo siempre frustrado, el gobierno fue incapaz de llegar a estas instancias.

Dentro de esta batalla comunicacional, quizás la madre de todas las batallas, llama poderosamente la atención la respuesta de ciertos intelectuales orgánicos que no sólo pasan por alto los grandes errores u omisiones del gobierno, mismos analistas que con evasivas, clichés y lugares comunes ensayan ciertas críticas displicentes como explicando que “no podemos ser tan críticos, por que hacerlo implica ser funcional a la derecha”.

Este grupo acrítico y complaciente son los mismos que desde pasadas décadas convocan a estar con ¿el menos malo?, los que además de recibir millonarias pautas publicitarias, nos conducen a la anomia social, justificando actos y hechos oficiales antes que llamar a la construcción de una Patria para todos. 

Lejos de la crítica constructiva, el gobierno de Alberto Fernández y su grupo de funcionarios fueron los principales responsables en dejar crecer a una derecha incoherente, que jamás imaginó llegar tan alto gracias a los errores ajenos, que superaron largamente las virtudes propias.

Así las cosas, debemos concluir que el peronismo dejó de ser peronista, para convertirse en un grupo de burócratas social demócratas que están más cerca de servirse a costillas del pueblo, que de servir al mismo. Tal como sostenía la inolvidable compañera Evita “le tengo más miedo al frio corazón de algunos compañeros, que se olvidan de dónde vienen, que a la ofensiva de los oligarcas”.

Es hora de reconocer que hemos permitido que Argentina vuelva al pasado, por lo tanto, no nos victimicemos más (echar la culpa a la pandemia, a la herencia maldita o a terceros no aporta nada), debemos en primer término hacer una profunda autocrítica y simultáneamente saber escuchar y atender las numerosas demandas de un pueblo que llegó al hartazgo social, producto de una clase política sorda y decadente.

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