Quienes militamos en la Izquierda Nacional argentina apoyamos todos los movimientos de lucha antiimperialista que hubo y hay en América Latina, nuestra Patria Grande.

En este momento consideramos que hay países en la región que han adoptado un camino independiente del genocidio social y económico que impone el FMI en nuestras castigadas sociedades, con sus particularidades. Son ellos Bolivia, Cuba, Ecuador, El Salvador, Nicaragua y Venezuela.

Cuba ha elegido un camino socialista, aunque deformado y con componentes burocráticos que no son de nuestro agrado. Nosotros reivindicamos a Fidel porque es indudable que Cuba logró progresos notables en el campo social a pesar de la agresión cruel que recibe del imperialismo estadounidense desde hace 40 años.

Eso fue posible merced a la adopción de un modelo que aseguró una distribución equitativa de la riqueza en la raquítica economía cubana bloqueada y aislada. No hay millonarios obscenos en Cuba y no hay niños hambrientos, eso es un orgullo para nuestra América Latina quebrada por una brecha social descomunal entre ricos y pobres. De todos modos, pensamos que Cuba no tiene salida si no es a través de la unidad con el resto de América Latina.

Venezuela ha iniciado un proceso revolucionario original, que aunque moderado y no socialista, exhibe claros componentes antiimperialistas y de democracia real (los círculos bolivarianos). Es por eso que despierta el odio de la plutocracia estadounidense, que no acepta un gobierno que no se arrodille ante sus pretensiones.

En general, el término “izquierda” produce más sombras que luces. ¿Qué significa ser de izquierda? Hay innumerables ejemplos de extraños “izquierdistas” liberales que combatieron a los movimientos patrióticos que hubo en nuestra región. Son socialistas de palabra y agentes del imperialismo de hecho.

Para nosotros, ser de izquierda significa señalar que sin ir a fondo en la lucha contra las clases dominantes de nuestra América, es imposible lograr una definitiva liberación nacional y social.

Significa, por ejemplo, golpear duro a la reacción golpista proimperialista, avanzar en la Reforma Agraria que no acepte el chantaje del FMI, que resuelva el drama de la pobreza y la marginalidad utilizando los recursos nacionales para poner en marcha el aparato productivo; no engañarnos con la mentira de la “libertad de prensa” que pregonan los monopolios mediáticos y entregan los medios de comunicación a las organizaciones de trabajadores y profesionales del periodismo. Significa, también, fortalecer los vínculos entre los países hermanos de América Latina.

Nosotros, los de la Izquierda Nacional Latinoamericana, no creemos que el problema latinoamericano sea entre civiles y militares, como nos hicieron creer, sino entre aquellos que buscan la liberación nacional y aquellos que aspiran a que nos sometamos cada vez más al poder mundial.

Creemos con base en la evidencia histórica que siempre ha habido dos ejércitos: el ejército de Perón, Chávez en Venezuela, Velasco Alvarado en Perú, Torres en Bolivia, Cárdenas en México, etc., que estuvieron aliados a los trabajadores y al pueblo. Y hubo otro ejército reaccionario, liberal y proestadounidense: el de Pinochet, Videla, Somoza, Trujillo, etc., que ofició de policía al servicio del imperialismo. Creemos en la unidad del pueblo y las Fuerzas Armadas patrióticas y antiimperialistas como fórmula válida para derrotar a la contrarrevolución.

Reivindicamos pensamientos y acciones de figuras como Arturo Jauretche, Scalabrini Ortiz, Jorge Abelardo Ramos, y también a Trotsky, como un revolucionario ejemplar de quien rescatamos especialmente sus textos sobre América Latina.

Quienes militamos en la Izquierda Nacional argentina rechazamos los socialismos importados de cualquier parte del mundo: de Europa, de la ex URSS, de China. Creemos que cada país construye su propio camino hacia la liberación, sobre la base de sus propias tradiciones históricas.

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