¿Para qué sirven las PASO?

Walter Blanco•

El profesor Alberto Buela ha salido a denunciar el sistema de las PASO tildándolo de “mecanismo de dominación”. Contrapone su punto de vista al del diario La Nación, que ve en las PASO un avance de la democratización política.

Dice Buela: “las PASO eliminan la imprevisibilidad en polìtica, pues vuelven las elecciones secundarias y finales en previsibles”. Y agrega: “si hay algo que el que posee poder odia y teme es lo imprevisto. Sólo lo imprevisible desacomoda al poderoso. El que tiene poder defiende el statu quo” (ver www.disenso.info).

El argumento resulta interesante, pero requiere de cierta precisión. Que La Nación coincida con el Kirchnerismo elogiando las PASO que éste instituyó, revela que ese statu quo que protegen no es el del poder político de turno (el Gobierno de turno) sino el poder económico-social que los diferentes poderes políticos de turno administran. Veámoslo más detenidamente.

Las PASO son en primer lugar elecciones “abiertas”. ¿Qué significa esto? Significa un despropósito: que cualquier ciudadano, independientemente de su afiliación política y hasta de sus simpatìas polìticas, está habilitado para votar en las internas de un Partido. Así, por ejemplo, no sólo que no hace falta estar afiliado al PRO para participar en la decisión de si su mejor candidato porteño es Michetti o es Rodríguez Larreta, sino que hasta se puede ser enemigo polìtico del PRO y no obstante participar en esa interna. ¿Qué clase de institución es aquella que somete la elección de sus dirigentes no a la voluntad de sus integrantes sino a la de quienes son ajenos a ella y hasta pueden ser sus enemigos? Sólo quien tenga una concepción muy particular de la democracia puede llamar “democrático” a este mecanismo. Buela tiene razón al condenarlo.

Sin embargo, hay que dar un paso más en el análisis y preguntarse a qué obedece la implementación de las PASO. Buela arriesga que su objetivo es defender al statu quo del asalto de “lo imprevisto”. Es enteramente cierto que todo régimen polìtico, desde el que más pueda gustarnos hasta el que pueda gustarnos menos, procura implementar mecanismos de autoconservación. Esto no es algo condenable en sí mismo. En todo caso, resultará condenable en la medida que el régimen a cuyo servicio están esos mecanismos no merezca conservarse.

Una explicación del significado de las PASO no incompatible con la explicación anterior, pero más iluminadora de las consecuencias que conlleva el mecanismo, es la siguiente. Al convocar al conjunto de la ciudadanía a intervenir en las internas de los partidos polìticos, las PASO quitan fuerza a la voluntad de los afiliados y militantes, disolviéndola en el mayor peso cuantitativo de los no afiliados y no militantes. Estos últimos, en general más desinteresados de la vida polìtica, estarán más influenciados por esa “opinión pública” que no es otra cosa que la “opinión privada” de quienes controlan los medios de comunicación y los apratos ideológicos. Los partidos “antisistema” (o las corrientes internas “antisistema“ dentro de los partidos de masas) son quienes más afectados se ven por esa situación. En la medida que un régimen polìtico, económico y social está vigente, debe existir una corriente de opinión mayoritaria en favor de su sostenimiento. De lo contrario, el régimen tambalearía. Las PASO permiten a esta corriente de opinión mayoritaria y conservadora hacer valer su peso numérico. De ese modo, todo el sistema de partidos experimenta un “corrimiento a la derecha”.

Hay otros aspectos discutibles en las PASO, como es “el piso” que impone a los partidos para poder competir en las elecciones generales. En el campo de la izquierda suele hacerse referencia a esta cláusula como “claúsula proscriptiva”. El argumento es endeble, porque el “piso” es tan bajo que quien no lo supera difícilmente podrìa tener aspiraciones serias en una elección general. En todo caso, es lo menos relevante de las PASO. Más grave es lo que señalábamos arriba: la reducción del peso que las minorìas militantes y politizadas tienen en el seno de sus partidos respecto de las mayorìas no militantes, más despolitizadas y, por ende, más conservadoras.

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