Los trabajadores deben decidir su propia política

SIN INJERENCIA DEL ESTADO

Por Socialismo Latinoamericano •

La concentración obrera convocada por el sindicato de camioneros en la Plaza de Mayo y el discurso de Moyano terminaron de consolidar la línea de ruptura de una fracción del movimiento sindical con el gobierno. Frente a una concurrencia masiva, el secretario general de la CGT, además de reclamar la elevación del tope al mínimo no imponible en el impuesto al salario así como el techo a las asignaciones familiares, y de descalificar la presión gubernamental sobre las paritarias, le imputó al régimen kirchnerista no haber terminado con el hambre en Argentina, pese a la tendencia favorable que se prolongó a lo largo de los últimos nueve años; denunció el contenido reaccionario de calificar de extorsivas o destituyentes las reivindicaciones de los trabajadores, y le recordó al matrimonio presidencial su historial de negocios en época de la dictadura.

Es un hecho que el gobierno no tiene respuesta ante las legítimas demandas de los asalariados. Lo único que ha atinado a decir Cristina Fernández, luego de prolongadas semanas de silencio oficial sobre el asunto, es que el impuesto al salario sólo lo paga 19% de los trabajadores que están en blanco, y advirtió que, como en 2009, el gobierno se propone cuidar la caja. Al parecer, la pequeña burguesía kirchnerista ha llegado al convencimiento de que entre las bondades del “modelo productivo” figura la creación, nada menos, que de una aristocracia obrera. Por supuesto, la presidenta nada dijo del congelamiento del techo de las asignaciones familiares que cada vez cobran menos trabajadores, y mucho menos de la pretensión oficial de fijar los convenios salariales por debajo de la inflación.

“Cuidar la caja” para el gobierno significa, entre otras cosas, consolidar el ajuste que le ha tocado a una parte de los asalariados y mantener fuera del alcance del fisco el territorio sacrosanto de la especulación financiera: razón más que suficiente para intentar desplazar a la actual dirección de la CGT, en especial a Moyano que hace ya tiempo se había convertido en un aliado demasiado ambicioso y difícil de manejar. Desde ya que, para el gobierno, el cambio de guardia que promueve en la central obrera no tiene nada que ver con la democracia sindical. Esto se lo señaló Moyano al ministro de Trabajo, al restarle autoridad moral para juzgarlo y recordarle los fraudes que la cartera laboral había convalidado en los sindicatos, además de denunciar que en esa cartera existen más de 3.000 “contratos basura”.

El objetivo del kirchnerismo es aplastar el foco de resistencia obrera que ha surgido en la CGT. Con ese propósito, los funcionarios del gobierno trabajan tiempo completo intentando quebrar el bloque sindical del camionero y sumar tránsfugas al frente de sus opositores. Han comprobado que éstos ni aun con apoyo oficial se atreven a presentarse a dirimir fuerzas en un congreso unitario. En consecuencia, se ven obligados a hacer intervenir abiertamente al Ministerio de Trabajo en la interna sindical. No les importa si para conseguir sus propósitos tengan que dividir a la central obrera como antes lo hicieron con la CTA. No les importa tampoco si tienen que sellar una alianza con una burocracia en cuyas filas figuran los mismos traidores y corruptos que fueron cómplices de la flexibilización laboral bajo el menemismo y apoyaron la nueva vuelta de tuerca antiobrera que por orden del FMI aplicó De la Rúa en el 2000.

Clase trabajadora y frente nacional

En el enfrentamiento con el gobierno, Moyano se ha fortalecido políticamente, aunque ha quedado en minoría en el cuadro general de las fuerzas sindicales. Fuera de los camioneros no lo apoya ninguna organización de masas, y ha sido abandonado por una parte de la dirigencia del MTA cooptada por el gobierno. Sin embargo, por medio de sus reclamos se expresan intereses inmediatos, sentidos por el grueso de los asalariados obligados a defender posiciones ante los inevitables ajustes que han comenzado a poner en práctica los administradores del modelo.

Simultáneamente, las definiciones políticas del jefe de la CGT han comenzado a reflejar, aunque de modo parcial, la diferencia existente entre la pequeña burguesía kirchnerista y la clase trabajadora. Moyano se afirmó en el discurso histórico del peronismo y logró abrir una brecha en el plano simbólico, plano en el que se había hecho fuerte el relato épico del kirchnerismo. Sin embargo, la línea que ha seguido a medida que el enfrentamiento con el gobierno se agudizaba no puede en modo alguno suscitar un realineamiento político significativo en las filas obreras. En definitiva, cuando Moyano tuvo que traducir a términos políticos la evocación del imaginario peronista, no fue más allá de la alianza con el gobernador Scioli, ubicado a la derecha del kirchnerismo, a quien piensa apoyar en las próximas presidenciales.

Este vacío, que significa la ausencia de una alternativa política superadora, encierra el peligro de que el enfrentamiento con el gobierno termine siendo capitalizado por una oposición partidocrática cuyas ideas y programas, definidamente conservadores y antinacionales, permanecen congelados en un tiempo anterior a la crisis de diciembre de 2001.

Los trabajadores no pueden menos que estar atentos a ese riesgo. Es cierto que tienen por delante un orden de tareas de su exclusiva injerencia: defender la unidad de clase en el plano sindical, democratizar las organizaciones y asegurar su independencia respecto del Estado, las patronales y sus partidos. Pero no es menos cierto que a la vez necesitan formular un programa (y la política correspondiente) en condiciones de delimitar estrictamente el campo nacional-popular del campo de sus enemigos; este programa debe elevarse por sobre el terreno de las demandas corporativas y, desde una fase de hegemonía, apuntar a la superación del contenido nacional burgués que impregnó las ideas y la práctica del movimiento encabezado por el general Perón a largo de tres décadas. Avanzar en esa dirección implica iniciar el camino que ha de llevar a la clase obrera a convertirse en el polo aglutinante de un amplio realineamiento de masas nacional, democrático y antiimperialista.

Movobrero5

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