Los interrogantes que encierra el kirchnerismo

Debate sobre su naturaleza, sus límites, posibilidades e intenciones

.SL-2-KIRCHNERISMO  - libro

Socialismo Latinoamericano • (Agosto, 2013)  En 2010, tras la muerte de Néstor Kirchner, se desarrolló entre militantes de la Izquierda Nacional una discusión en torno a la política gubernamental, de la que tomaron parte Roberto Ferrero e integrantes de Socialismo Latinoamericano. El debate involucró definiciones acerca de la naturaleza, los límites y las posibilidades del kirchnerismo y, necesariamente se focalizó en la política que debía seguir la Izquierda Nacional frente a una corriente que luego de la muerte de su jefe había ampliado las expectativas en el campo popular. Las cuestiones a discutir eran varias, pero reducidas a lo sustancial podrían formularse del siguiente modo: ¿el kirchnerismo fue producto de la restauración del statu quo después de la crisis y la insurgencia popular de diciembre de 2001 o, por el contrario, su irrupción expresó –en parte, al menos– la progresividad que permitía la nueva correlación de fuerzas? ¿Por su programa y su política podía ser caracterizado como un movimiento seminacional, comparable en un cierto sentido con el yrigoyenismo, o debía ser juzgado como la expresión de una pequeña burguesía progresista que, en lo esencial, no alteraba los fundamentos semicoloniales heredados de los años noventa? ¿La política independiente que debía seguir la Izquierda Nacional frente a tal gobierno era susceptible de traducirse en una línea de apoyo crítico o, en cambio, debía diferenciarse por completo, señalando críticamente la experiencia gubernamental a la luz de la formulación de un programa de contenido nacional, antiimperialista y socialista? Estos interrogantes siguen vigentes y, en consecuencia, la discusión emprendida conserva su actualidad.

 

Las presidenciales de 2011

El contexto en el que se libró el debate era el siguiente. Los resultados electorales de las presidenciales de 2011 habían abierto paso al tercer gobierno de ciclo kirchnerista. El aplastante balance que arrojó el enfrentamiento entre el oficialismo y la oposición tuvo un significado inequívoco. Los trabajadores, las masas populares, incluida la pequeña burguesía democrática, no estaban dispuestos a retroceder de las posiciones conquistadas durante la crisis de diciembre de 2001. Más atrás de esas posiciones quedó lo peor de la partidocracia, agrupada en una oposición marcadamente antiobrera y antinacional. Entre votar por Alfonsín, Duhalde, Carrió, Rodríguez Saa o Binner, o por los candidatos del oficialismo, una clara mayoría no tuvo dudas. Sin embargo, ¿los 11 millones y medio de argentinos que dieron su apoyo al Frente para la Victoria y sus aliados habían votado por el “mal menor”, o se inclinaron por un emergente movimiento nacional-popular, como sostenían y sostienen los partidarios del gobierno?

Para el kirchnerismo, el resultado electoral no sólo implicaba más poder sino, a la vez, un desafío. Hasta entonces, la negativa a avanzar sobre ciertos puntos neurálgicos de la trama de intereses dominantes era justificada por sus partidarios aduciendo una relación de fuerzas que colocaba al gobierno en el límite de lo posible. Más allá, el poder de la reacción resultaba infranqueable. Ahí estaba para corroborarlo la derrota política a manos de las patronales agrarias y el grupo Clarín en 2008 y la caída electoral en 2009.

 

La necesidad de “profundizar el modelo”

Sin embargo, durante 2011 fue quedando en evidencia que el primer impacto de la crisis mundial provocada por la recesión local en 2009 había quedado temporalmente atrás, que el gobierno había reconquistado posiciones y que la oposición no tenía programa que oponer al kirchnerismo más allá de una variante de la ortodoxia neoliberal. Los resultados de ese 23 de octubre habían expresado claramente que existía un nuevo balance de fuerzas. ¿Hasta qué punto estaba dispuesto a avanzar el gobierno en la dirección que marcaba su discurso de denuncia del capital monopólico? Muchos de sus partidarios, incluida la corriente de Moyano en la CGT, insistían por entonces en la necesidad de “profundizar el modelo”. ¿Qué significaba en concreto tal profundización? Hay que tener presente que los factores básicos sobre los que se reestructuró la economía y la sociedad luego de la contrarrevolución de marzo de 1976, y particularmente en la década de los noventa, permanecían intactos: dominio del capital extranjero sobre recursos naturales estratégicos, como hidrocarburos y minería, además de las comunicaciones; privatización de empresas públicas, claves en un programa de planificación democrática; régimen de inversiones según el interés de las corporaciones imperialistas; mantenimiento de la legislación financiera establecida por Martínez de Hoz en los años setenta y una estructura impositiva de sesgo marcadamente regresivo.

A nadie se le podía escapar que estos eran los soportes básicos de un capitalismo dependiente, semicolonial en aspectos decisivos. La presencia (y la vigencia) de estos determinantes no sólo establecen los límites de lo que se ha llamado “modelo productivo”, sino que, más importante aún, constituyen el factor que define el patrón de acumulación en torno al que gira el conjunto de la economía argentina. En consecuencia, esos límites no son externos sino internos al modelo mismo. Si esto es así, la consigna “profundizar el modelo” sólo tenía coherencia si se la entendía en el sentido de romper esos límites, lo que en realidad significaba imprimir un giro radical a la política gubernamental en curso. De otro modo, prevalecerían con mayor intensidad las tendencias de fondo: aumento de la sojadependencia y primarización de la economía, mayor concentración y extranjerización del capital, con el consiguiente impacto regresivo sobre la distribución del ingreso, y mayor brecha social: en definitiva, la consolidación de un típico capitalismo semicolonial.

 

“Modelo productivo”

Desde los días en que se desarrolló este debate, varios asuntos adquirieron palpitante actualidad: la batalla en torno a la ley de medios, el intento de reforma del aparato judicial, la designación del nuevo comandante en jefe del ejército, el acuerdo entre YPF y Chevron… Y, una vez más, la vieja división de aguas que separa al gobierno de la oposición partidocrática de derecha, centro y centroizquierda se manifiesta como en 2008, mediante una marcada polarización. En octubre nuevamente el kirchnerismo juega su suerte en una contienda electoral. De su resultado no sólo depende la posibilidad de su continuidad después de 2015, sino la estabilidad política en los dos últimos años del gobierno de Cristina Fernández.

Desde la contundente victoria electoral que obtuvo el gobierno en octubre de 2011, la situación política ha experimentado ciertos cambios significativos. Por supuesto, en los grandes aparatos electorales de la oposición nada ha variado. Su propaganda, programas y dirigentes siguen tan mediocres y carentes de ideas como siempre. En cambio, el movimiento obrero, punto de apoyo fundamental en los primeros años de los gobiernos kirchneristas, se ha fragmentado y una parte apreciable de sus fracciones han pasado a la oposición. Simultáneamente, capas considerables de clase media han caído bajo la influencia del discurso demoliberal, de exaltación republicana y marcado contenido antinacional que difunden los medios del Grupo Clarín, La Nación y otras expresiones de la canalla periodística. La manifestación de masas de esa pequeña burguesía antikirchnerista son los caceroleros, cuyo núcleo duro está imbuido de todos los prejuicios antipopulares de la derecha y constituye la tradicional base de maniobra de los planes desestabilizantes de los círculos conservadores.

Tampoco el llamado “modelo productivo” presenta el cuadro expansivo dentro del cual se desenvolvió hasta 2008, cuando la economía crecía a “tasas chinas”, favoreciendo el negocio fabril y las exportaciones. En los dos últimos años, el gobierno se ha visto obligado a afrontar sus desequilibrios, en particular el deterioro fiscal, aplicando ajustes graduales que repercutieron en la situación de los asalariados (corrección insuficiente del mínimo no imponible en el impuesto al salario y en los topes de la asignación universal por hijo, congelamiento de la deuda que el Estado mantiene con las obras sociales, reforma de sesgo patronal a la ley de accidentes de trabajo), todo  esto en medio de un proceso de sostenido aumento de precios.

A través de esos desajustes se reflejan los límites de un programa que no ha alterado, en lo sustancial, las estructuras neoliberales que se han ido solidificando durante el período de un cuarto de siglo que transcurrió entre la contrarrevolución de marzo de 1976 y diciembre de 2001. Es la gravitación de esas estructuras, las cuales aseguran el predominio sobre los resortes claves del patrón de acumulación por parte del capital extranjero, en sociedad con la gran burguesía nativa, la que establece severas restricciones a la política puesta en marcha en mayo de 2003 y, a la vez, formula una advertencia sobre un equilibrio que se ha vuelto precario y no puede sostenerse indefinidamente. O los cuadros –militantes y bases del kirchnerismo– que creyeron y aún creen en el discurso épico se movilizan para imponer un giro radical en la política gubernamental en un sentido nacional-democrático avanzado, o la declinación resultará inevitable, en presencia de una oposición partidocrática que, inspirada por los monopolios periodísticos, la magistratura conservadora, los colegios profesionales y las cámaras patronales de sesgo reaccionario como la Sociedad Rural, está dispuesta a ir por todo a la menor oportunidad.

 

La construcción de una organización independiente

Pero al margen de la suerte que en definitiva aguarde al kirchnerismo y de las distintas posiciones que se adopten frente al gobierno, lo que enseña la discusión que reproduce las siguientes páginas es que la tarea central de la Izquierda Nacional sigue siendo la construcción de una organización independiente en el plano de las ideas, la política y el programa. Sin tal organización política, el llamado apoyo crítico, aun en presencia de gobiernos nacional-burgueses de base popular, como los de Perón entre 1946 y 1955, y en 1973, termina transformándose en alguna variante de seguidismo.

Luego de las consecuencias devastadoras de la contrarrevolución de 1976, seguida del período de consolidación neoliberal de los regímenes constitucionales, a partir de diciembre de 2001 comenzaron a crearse las condiciones para la recomposición de la Izquierda Nacional en un nuevo nivel político-organizativo. En cierto modo el kirchnerismo, al considerarse a sí mismo como la expresión de una nueva voluntad colectiva, aludió a los nuevos vientos que cruzaban sobre la política y la sociedad. Una de las manifestaciones más significativas de estos cambios es la emergencia de una nueva generación militante en los cuerpos de delegados y comisiones internas en fábricas y empresas que, en el enfrentamiento a las prácticas burocráticas, han iniciado la lucha por la conquista de una posición política autónoma respecto de la burocracia sindical y estatal, los partidos capitalistas y la patronal. Pero también es significativa la agitación de ideas políticas, la práctica militante y el imaginario que da impulso a una parte de la juventud de las capas medias, ganadas en buena medida por el relato épico del gobierno, pero poco dispuesta a aceptar el posibilismo que, al mismo tiempo, se difunde desde la altas esferas dirigentes a modo de justificación.

Una parte de la sociedad se ha puesto en marcha. Sus luchas y reivindicaciones prefiguran el realineamiento de fuerzas sociales sobre el que habrá de construirse el futuro, cuando –como en los grandes momentos de la historia– un frente nacional de sesgo antiimperialista reúna bajo sus banderas a los trabajadores, las grandes masas explotadas, la pequeña burguesía empobrecida de la ciudad y el campo, y las capas bajas del empresariado nacional. En ese momento, la batalla por la emancipación de los mecanismos de la dependencia semicolonial y por la ruptura de las relaciones jurídicas y sociales que consagran la explotación de clase habrá cobrado nueva actualidad.

Deja una Respuesta

Tu correo electronico no será publicado.