Los “desaparecidos” de la democracia

Las elecciones de ayer y las inmensas mentiras estadísticas

Gustavo Cangiano • 25 Oct 2011ELECCIONES2011

Efectivamente, la correlación de fuerzas desfavorable para el gobierno constituye el argumento ad hoc invocado por muchos kirchneristas para justificar que Cristina no haya hecho hasta ahora las cosas elementales que cualquier gobierno nacional-popular debería hacer. Han conseguido, por esta vía argumentativa, estar satisfechos con el kirchnerismo tanto por lo que el kirchnerismo hace como por lo que el kirchnerismo no hace (“el Negro puede, pero no lo dejan”, decía aquel simpático personaje del bufón de la dictadura, Alberto Olmedo). Nosotros sabemos, obviamente, que lo que el kirchnerismo no hace (básicamente, atacar la condición semicolonial del país y movilizar las clases subalternas contra las clases dominantes), no lo hace por limitaciones de clase que son inherentes a su propia condición, y no por una “coyuntural” y desfavorable “correlación de fuerzas”. Sin embargo, recordarles –como hacen abajo Daniel y Atah– que tras las elecciones han obtenido la “correlación de fuerzas” necesaria para “profundizar el modelo”, es una buena estrategia discursiva. Tal vez sirva para despabilar a los mejores compañeros militantes del campo nacional-popular que están ilusionados con este gobierno.

A pesar de todo lo anterior, sugiero no olvidar que los abrumadores porcentajes arrojados por las elecciones constituyen una construcción de datos de valor relativo, llevada adelante por los defensores del régimen partidocrático-semicolonial, tanto por los oficialistas como por los opositores, tanto por la derecha como por la “izquierda”. Veamos a vuelo de pájaro, si no, lo siguiente.

“Que digan dónde están los desaparecidos”

Redondearé las cifras porque no tengo los datos definitivos. Cristina obtuvo 11,200,000 votos. Según el periodismo (tanto el oficialista como el opositor), esto significa alrededor del 54% de los votos. Sin embargo, el padrón electoral es de unos 29,000,000 de electores. Quien haya cursado primer grado puede advertir a simple vista que el 50%  de esa cifra es 14,500,000, y que a Cristina –que en otros terrenos tiene millones de sobra– le faltan algunos milloncitos para alcanzarla. ¿De dónde surge, entonces, que haya superado ese 50%?  Resulta que los votantes fueron unos 22,000,000 de personas. ¿Esta es la base sobre la cual el periodismo (el oficialista y el opositor) calcula el porcentaje? Tampoco, como podrá comprobar quien tome una calculadora. ¿Entonces? ¿Cuál es la cifra-base sobre la cual se calcula ese supuesto 54%? Es la que arroja la cantidad de asistentes al comicio menos los que votaron en blanco o anularon su voto. Estos suman alrededor de 900,000 ciudadanos. Y si a este número le adicionamos los alrededor de 7,000,000 que no votaron, tenemos en números redondos unos 8,000,000 de personas que han sido invisibilizadas o “desaparecidas” (para decirlo con una terminología derechohumanista) por los comicios “democráticos”. Es decir: 11,200,000 personas que votaron a Cristina constituyen el 54% de los ciudadanos. Y 8,000,000 que optaron por votar en blanco o no votar… ¡no existen!

Estamos ante una clara evidencia del significado profundamente “excluyente” del régimen político “democrático” que padecemos (¡y en cuyo nombre acaban de asesinar a Kadafi y destruir Libia!). ¿No es evidente que un pensamiento revolucionario debería tomar nota de esto, denunciarlo y procesarlo en un análisis teórico? Si acaso alguien pensara que el pensamiento revolucionario se encarna en el llamado “Frente de Izquierda y de los Trabajadores” de la ultraizquierda cipaya, debería olvidarlo de inmediato. El FIT obtuvo unos 500,000 votos. Esto significa un 1.8% sobre el padrón electoral. Pero escamoteada la base de cálculo, el porcentaje se infla al 2.3%. Se trata de un porcentaje ínfimo, igual o menor al que en elecciones anteriores obtenían por separado los grupos constituyentes del FIT. Pero la inflación porcentual permitida por la trampa partidocrática le permite a Altamira hablar de “elección histórica” y dejar así conformes a sus estudiantiles militantes, que no estarán tentados de procesar teóricamente la trampa político-estadística, puesto que ellos –como toda la partidocracia– son beneficiarios de esa trampa.

Por supuesto, la trampa político-estadística de la partidocracia no beneficia sólo a Cristina y al FIT. Todos sacan partido de esa trampa. El 17% de Binner fue en realidad un 12.5%; el 11% de “Ricardito” se reduce en realidad al 7.9%; el pintoresco y místico “El Adolfo”, pasa en la realidad del ficticio 8% al 5.9%. Y así el resto. Y así en los comicios provinciales. Veamos si no.

En Buenos Aires, dicen que Scioli obtuvo el 55% de los votos. Pero obtuvo unos 4,100,000 sobre un padrón de 11,000,000. ¿No está a la vista la mentira estadística? Ocurre que han sido excluidos de esa base de cálculo los 2,200,000 ciudadanos que no votaron y los 1,100,000 ciudadanos que votaron en blanco (total: 3,300,000 personas que no existen para la contabilidad “democrática”). Esta es la treta que permite que un 37% de votos (sobre el padrón) se conviertan en 55% (sobre ese invento llamado “votos positivos”). Y, además, que un 30% del padrón se esfume de los cálculos como por arte de magia. En Córdoba, por su parte, los 680,000 votos obtenidos por Cristina son en realidad el 27% del padrón. Pero al excluirse del cómputo a quienes decidieron no votar (unos 625,000 ciudadanos) y a quienes decidieron votar en blanco (unos 40,000 ciudadanos), el porcentaje se infla hasta el 37%.

¿Se puede cambiar la correlación de fuerzas sin cambiar el régimen político que obstaculiza su cambio?

No seguiré para no aburrir. Quiero dejar constancia de que mi argumentación no está dirigida exclusivamente contra el kirchnerismo. Abarca a todas las variantes del régimen partidocrático, y el propósito de la argumentación es ofrecer datos que avalen la convicción de que este régimen político es excluyente, discriminatorio y, sustancialmente, antidemocrático. Ha sido edificado para conservar el statu quo y no para modificarlo. Para defender los “intereses creados” y no para atacarlos. Hace de la política una suerte de espectáculo televisivo ante el cual las mayorías no tienen más remedio que posicionarse pasivamente. Naturalmente, ese casi 30% de ciudadanos habilitados para votar pero que decidieron no votar o votar en blanco es social, ideológica y políticamente heterogéneo. Sería una distorsión de la realidad pretender que ese porcentaje expresa una masa compacta que critica activamente el régimen político. Pero igualmente distorsionante es pretender que esos millones de personas no existen. La fuerza electoral del kirchnerismo respecto de la oposición partidocrática ha quedado demostrada en los comicios de ayer. Es indudable. Pero esa fuerza en ningún caso puede ser superior a los límites que le imponen las condiciones estructurales restrictivas del régimen político. El revolucionario que ignora estas condiciones no merece ser llamado revolucionario.

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