La partidocracia

Quino

Breves apuntes para la reflexión y el debate (2 de 6)

La guerra por la recuperación de las islas Malvinas no puso fin a El Proceso, sólo a su etapa cívico-militar, en la cual participaron muchos individuos del sistema partidocrático que le sobrevivió, entre quienes no faltaban colaboracionistas, fundamentalmente del radicalismo (como Elisa Carrió), e incluso peronistas. En 1983 dio comienzo la etapa “democrática” de El Proceso mediante el sistema partidocrático que ha mantenido intactos sus paradigmas esenciales.

 

Por Daniel N. Moser

Independientemente de las intenciones de la junta militar, objetivamente la causa de la recuperación de las Malvinas es una justa, legal y legítima reivindicación histórica que –con el amplio y masivo respaldo del pueblo argentino, los países hermanos de la Patria Grande y algunos otros del tercer mundo, como Libia­– enfrentó a la Argentina con el imperialismo.(1)

Abundaron los actos de valor y patriotismo de oficiales y soldados, pero la batalla en el territorio insular se perdió, más allá de los errores de carácter militar, fundamentalmente en el terreno político y económico. ¿Cómo ganar la guerra en el terreno militar, cuando se movían a sus anchas hasta en las instituciones militares los agentes de la CIA y el M15, y cuando las empresas e intereses británicos operaban con normalidad en el territorio argentino y funcionarios “argentinos” de primera línea (como el ministro de economía, Roberto Alemann) operaban en plena guerra a favor de los intereses británicos?

 

El fin de la etapa cívico-militar de El Proceso

Que un país periférico se rebelara contra el estatu quo semicolonial era un mal ejemplo que no podían tolerar las potencias dominantes, desde EU hasta la URSS.

La derrota en toda la línea (militar, política y económica) determinó el fin de la etapa cívico-militar de El Proceso.

Para comprender a cabalidad el período iniciado en 1983, es necesario tener presente que las FFAA fueron el brazo armado del poder real, y no éste el brazo civil de las FFAA. Los militares fueron los mercenarios al servicio de la oligarquía.

Después de casi una década de dictadura cívico-militar, la clase política que le sobrevivió fue, en su gran mayoría, la que colaboró o se sometió a las condiciones impuestas por el régimen. Se cuentan por miles los civiles, dirigentes y militantes de partidos políticos –especialmente del radicalismo, e incluso del peronismo– que colaboraron con El Proceso en los tres niveles de gobierno y en diferentes espacios fuera de éste. Mención especial merecen grupos económicos como el de los Macri, que en 1973 tenía siete empresas, y 47 en 1983, además de ser fundador, junto a Martínez de Hoz, de la “Patria Contratista”, hoy de moda por la causa de las fotocopias del escaneo de los cuadernos quemados, escritos presumiblemente por un declarado inimputable por la justicia en una causa anterior. A la complicidad por acción y omisión no fueron ajenos la iglesia católica ni los medios de comunicación, destacadamente los diarios Clarín y La Nación.(2)

En resumidas cuentas (los detalles merecen otro artículo), una clase política domesticada por El Proceso asumió la dirección del país en 1983. Desde entonces, en períodos intercalados, el gobierno ha pasado de un sector nominalmente nacional y popular a otro francamente antipopular y cipayo, llegándose al extremo de que en diciembre de 2015 asumiera la presidencia un representante directo del poder real, haciendo a un lado el sistema de partidos tradicionales.

 

“Que se vayan todos”

En 2001 una crisis de características similares a la actual terminó en un estallido que determinó la renuncia de Fernando de la Rua. La consigna popular fue “Que se vayan todos”, pero se quedaron casi todos, y el ciclo vuelve a repetirse.

Después de 12 años en el gobierno, con momentos de alto respaldo popular, los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández no fueron capaces de generar las condiciones para dar continuidad a su gestión y se entregó la presidencia de la república a Mauricio Macri, representante directo de los civiles que fundaron El Proceso en 1976.

Hoy, después de poco menos de tres años de gobierno, el régimen mafioso aplica de forma eficaz e implacable su plan de negocios con el respaldo de jueces y medios de comunicación hegemónicos, a costa de la enorme mayoría del pueblo argentino, y ha generado una crisis que irremediablemente conducirá a un estallido si la oposición no actúa de inmediato, pasando del diagnóstico, el pronóstico y la denuncia mediática a la acción mediante el juicio político y la destitución de Macri o poniéndose a la vanguardia de la movilización popular que lo obligue a renunciar.

Si ante la gravedad de la crisis la oposición partidista se plantea esperar un proceso electoral en octubre de 2019, para en su caso asumir el gobierno en diciembre de 2019 y tratar de comenzar a revertir la crisis, con suerte a mediados de 2020, resulta evidente su insensibilidad respecto a las condiciones de vida de la enorme mayoría de los argentinos.

Así las cosas, debemos preguntarnos si el problema de fondo es sólo poner fin al gobierno de Macri o al sistema partidocrático en su conjunto, con una refundación de la Patria y sus instituciones con la activa participación de las nuevas generaciones.

 

1 http://jorgeabelardoramos.com/documento.php?page=1&id=13 y http://www.socialismolatinoamericano.org/video-el-sentido-de-malvinas-con-fernando-cangiano/

2 http://www.sociales.uba.ar/wp-content/blogs.dir/219/files/2016/03/05.-DOSSIER_BOSISIO_90.pdf

 

(1 de 6): El Proceso: su origen y consolidación  Breves apuntes para la reflexión y el debate. El Proceso 1976-2018 no parece tener fin. Es imprescindible liquidarlo, construyendo un nuevo sistema político e institucional con base en la lucha organizada de las nuevas generaciones. http://www.socialismolatinoamericano.org/como-salir-del-horno-breves-apuntes-para-la-reflexion-y-el-debate-1-de-6/

Continuará.

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