La opción por el mal menor

Gustavo Cangiano •

En estos días el compañero Norberto Alayón ha publicado un artículo titulado “la prioridad creo es votar a Scioli” (“La Tecl@ Eñe”, Revista Digital de Cultura y Política. Buenos Aires. Noviembre 16 de 2015 – http://www.lateclaene.com/#!norberto-alayn/c1v59). Si bien coincidimos en que lo correcto es votar a Scioli el próximo domingo, ya desde una perspectiva nacional popular en general y socialista de Izquierda Nacional en particular (razones ya expuestas en nuestra Declaración de SL-IN), nos ha empujado a las siguientes reflexiones:

scioli-y-cristina-kirchner-590x410I.a – Las razones encontradas en el texto del compañero Alayón para votar a Scioli no están ni en Scioli ni en el sciolismo, sino en Macri y en el macrismo. No es la “positividad” de uno de los candidatos sino la “negatividad” del otro lo que parece definir la opción electoral. Con toda razón se subraya la naturaleza reaccionaria, antiobrera y antinacional (aunque no se utilicen estas expresiones) de la Alianza Cambiemos. Pero si bien en un balotaje uno puede votar a A para que no gane B, debe sin embargo encontrar algún incentivo en A para votarlo. De lo contrario, en términos estadísticos, las perspectivas de A no son buenas: el “amor” al candidato propio es más “energizador” que el “odio” al candidato ajeno.

I.b – Ratificando lo anterior, se dice en el artículo: “luego del triunfo de Scioli veremos qué y cómo hacer para seguir profundizando lo logrado en estos años”. Se trata de un reconocimiento casi explícito de que Scioli y el sciolismo no constituyen garantía alguna de continuidad del proyecto que ha venido desenvolviéndose en estos últimos años. Por sí sólo, este reconocimiento parece más una invitación a no votar a Scioli que a votarlo. Claro que si enfrente está Macri, y Macri es todo lo que dicen que es (y nosotros creemos que lo es), entonces poco importa que el candidato opositor (a Macri) sea Scioli o el mismísimo Drácula. ¡Ya veremos después cómo conseguir los crucifijos y las ristras de ajo para enfrentarlo!

Haremos notar en este punto la gran diferencia entre la actual coyuntura y la de 1946, cuando la disyuntiva era Braden o Perón. En aquella ocasión se trataba no sólo de resaltar la significación negativa de la Unión Democrática, asociándola a la figura de Braden, es decir, del imperialismo yanqui, sino que se trataba de resaltar las virtudes intrínsecas de un candidato que había beneficiado con medidas concretas la clase obrera y los sectores populares. Esto es lo que hoy no se puede hacer con Scioli.

II.a – La referencia que se hace a Menem, recordando que prometió en 1989 un programa nacional-popular pero pasó a aplicar un programa “neoliberal”, y que llegó al gobierno montado en un conjunto “plebeyo” de fuerzas políticas y sociales, para terminar recostándose en la rosca oligárquico-imperialista (y en la pequeña burguesía “cacerolera” que le sirve a esta rosca de base “popular”), parece más apropiada para advertir sobre Scioli que para advertir sobre Macri. No creemos que Macri disimule lo que va a hacer. Repudia el alineamiento del kirchnerismo con Venezuela, anuncia la anulación del memorándum con Irán, dice que va a terminar con el control de cambios, que va a promover la iniciativa privada contra los controles estatales, que va a dejar en absoluta libertad a los grandes medios de prensa, etc. Por otro lado, anuncia la convocatoria a prohombres del establishment para su gobierno. ¿Qué más hace falta para saber quién es Macri y qué va a hacer Macri? Ni sindicatos, ni centros estudiantiles, ni organizaciones sociales se identifican con el PRO. ¡Su naturaleza de clase es transparente! Los globos macristas no tienen como propósito ocultar este programa y este contenido de clase, sino que tienen como propósito embellecerlos. Sólo eso. En cambio, las dudas aparecen del otro lado: ¿podemos ver a Scioli enfrentando a los EEUU en defensa de Venezuela? ¿confrontando con Clarín o resistiendo a los Buitres? ¿Puede creerse acaso que la radicalización del discurso sciolista de los últimos días es producto de una agudización de la lucha de clases o que es mero cálculo electoralista y oportunista?

II.b – Lo que se acaba de afirmar no tendría demasiada importancia si lo único que contara fuera decidir a quién votar el próximo domingo. Estamos de acuerdo en que hay que votar a Scioli. Pero tiene mucha importancia si ampliamos nuestros horizontes más allá de la inmediatez electoral. ¿Por qué razón 12 años de kirchnerismo y tantas promesas de “ir por todo” y de “nunca menos” terminan en una triste opción entre un Mal Mayúsculo como el macrismo y una parodia de movimiento nacional y popular como el sciolismo? Mientras más elevada sea la opinión que se tenga sobre el kirchnerismo, mayor será la frustración que se experimentará teniendo que votar a Scioli. Para tapar el desconcierto que causó su designación a dedo por parte de Cristina, se recurrió a una explicación cuasi-mágica que podría expresarse así: “en la Visión Estratégica de la Jefa está el secreto oculto para todos los mortales de esa designación”. Pero, ¿qué clase “visión estratégica” es la que lleva al líder de un movimiento popular a designar como Delfín a alguien que parece salido de la oposición a ese movimiento popular? El caso de Marcelo T. de Alvear es edificante al respecto. Alvear no fue un “acierto estratégico” de Yrigoyen sino la expresión de las limitaciones de clase que el yrigoyenismo imponía a la voluntad de su propio jefe. Pero bien podría considerarse retrospectivamente como un “acierto táctico”, puesto que al menos permitió ganar formalmente la elección a las fuerzas del “régimen”. Según parece, no será el caso de Scioli. El desacierto estratégico de su designación parece que va a complementarse con el desacierto táctico que conducirá al kirchnerismo a una derrota electoral y muy probablemente al inicio de su desaparición como factor político decisivo en las luchas emancipatorias que sobrevendrán.

Son estas cosas las que tenemos que empezar a debatir a partir del próximo lunes 23, cuando la Derecha se haya ya instalado en el Gobierno de manera abierta con Macri o de manera más sinuosa con Scioli.

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