La idea del pueblo en armas, principio de una nueva concepción para la defensa nacional

Alex Obal •

A principios de 2010, por el incremento de la inseguridad, circuló la idea –en una singular coincidencia entre sectores nacionalistas provenientes del peronismo y liberales progresistas– de instaurar el servicio militar obligatorio, a la vieja usanza de la Ley Richieri.

Los fundamentos de ambas posiciones son similares: las fuerzas armadas, por su organización, serían el único órgano estatal que estaría en condiciones de remodelar a las nuevas generaciones, díscolas por cierto, para que luego de un pasaje por los cuarteles, conscripción mediante, pudieran insertarse en la sociedad de una manera más disciplinada y respetuosa.

Es interesante esta coincidencia, que saca a la luz un tema acallado en forma total desde la eliminación de dicha ley por el menemismo, puesto que a través de estas iniciativas se abre un debate político cuya cuestión fundamental sería qué hacer con nuestras fuerzas armadas.

SegNac6A pesar de la coincidencia entre sectores políticos tan antagónicos, la diferencia queda plasmada en los objetivos buscados. La finalidad del progresismo sigue siendo la misma que iniciara el alfonsinismo: reducir las fuerzas armadas a su mínima expresión posible: una mera guardia nacional alejada de todo aquello que involucre alguna concepción relacionada con la defensa nacional, para ser simplemente una institución más del Estado colonial, colaboradora de la democracia formal, en condiciones de solucionar emergencias sociales –incluyendo, si es necesario, sustentar el modelo mediante acciones represivas–. La única misión admitida hacia el “exterior”, en cumplimiento de la estrategia de Estados Unidos, sería oficiar como “fuerzas de paz”, con objeto de no desgastar a la soldadesca imperialista en tareas menores, como la de apaciguar y controlar la desesperación de un pueblo hambreado, como el de nuestros hermanos haitianos, en una clara misión de restringir su soberanía.

Al no haber “hipótesis de conflicto”, lo que “restaría” de las fuerzas armadas debería justificar su presupuesto con cierta lógica de rentabilidad política para el sistema.

El nacionalismo, por el contrario, busca aumentar la incidencia de las fuerzas armadas en la política interna, con el fin de regenerar mágicamente un “ejército nacional” e industrialista que otrora tuvimos, desempeñando un papel protagónico en el advenimiento del peronismo; en la medida de lograr similitudes con el pasado, aumentan las posibilidades de “repetir la historia” de resurgimiento del Movimiento Nacional encabezado por el general Perón.

Este planteo no tiene en cuenta que los cuadros de las fuerzas armadas argentinas han sufrido el mismo tratamiento cultural y político que amplios sectores de nuestras capas medias, y que es imprescindible reconocer que la acción psicológica y cultural del imperialismo, por medio del control de los medios de difusión, ha logrado un triunfo cuyo reflejo más importante se manifiesta en la política desnacionalizadora desde 1976 hasta nuestros días.

Solamente con un frente nacional antiimperialista será posible revertir el pensamiento antinacional y antimilitarista hoy predominante en la Argentina, teniendo en cuenta nuestro pasado histórico y atendiendo las condiciones actuales para poder elaborar una estrategia de verdadera liberación nacional.

Requisitos esenciales

Como socialistas, no nos oponemos de ninguna manera al servicio militar obligatorio bajo un gobierno nacional y revolucionario sujeto a una posible agresión imperialista.

El servicio militar deberá tener en cuenta los siguientes aspectos:

  1. Ser para ambos sexos.
  2. Ser para todos los ciudadanos en condiciones físicas de hacerlo, no tan sólo para los jóvenes.
  3. Ser de períodos cortos.
  4. Contemplar la instrucción del período individual, como manejo de armas, acciones de inteligencia, aptitud de enmascaramiento, desplazamientos nocturnos y acciones rápidas de tipo comando, etcétera.
  5. Toda la concepción táctica debe elaborarse bajo la idea de “pueblo en armas”, ya que no existe ninguna posibilidad de enfrentar a una coalición imperialista en el marco de una guerra convencional.
  6. Coordinar movimientos a manera de desgastar al invasor moral, económica y sicológicamente teniendo en cuenta la ventaja objetiva del conocimiento del terreno y que el tiempo, cuanto más se prolongue la resistencia, favorece a nuestros planes.
  7. El objetivo principal es formar cuadros políticos con conocimientos militares específicos.

Vietnam, Palestina, Afganistán e Irak, ejemplos a considerar

Entendemos que esta modalidad de servicio militar revolucionario no alcanza para derrotar a un enemigo objetivamente superior en medios bélicos. El alma de la resistencia no es tan sólo militar, sino fundamentalmente política; allí están como ejemplo los combatientes vietnamitas, palestinos, afganos e iraquíes: un pueblo que no esté dispuesto a defender lo que le pertenece –su cultura, su historia, su barrio, su escuela, sus recuerdos como síntesis de su dignidad personal y colectiva–, irremediablemente terminará siendo derrotado; sin un proceso revolucionario paralelo a la resistencia, no tendremos futuro como latinoamericanos libres.

El punto de inflexión político clave en la formación de un combatiente revolucionario es revertir el actual principio cultural de considerarse inferior; del otro lado hay también un hombre, que puede tener un armamento superior pero que se encuentra en territorio hostil, alejado de su modo de vida, con tanto miedo como cualquiera de nosotros, sin una claridad conceptual de a quién o qué representa.

Los hijos de la burguesía imperialista no participan en forma directa en la acción bélica: mandan, en representación de sus intereses, al pobrerío de sus propios países, y es allí donde se encuentra el talón de Aquiles del soldado invasor en relación con el combatiente del país invadido.

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