La destitución provisoria de Dilma Rousseff en Brasil

Las debilidades y limitaciones de los gobiernos “progresistas” (aunque esta definición sea demasiado amplia y abarque experiencias diferentes) les abrieron las puertas al avance de los proyectos imperialistas y las clases dominantes. Quedará en manos de los pueblos y trabajadores de América latina hasta donde pueden avanzar y construir una alternativa política.

Dilma Rousseff

 

Daniel Fernando •

En notas anteriores comentamos que el triunfo de la alianza electoral articulada por el Partido de los Trabajadores (PT) en la segunda vuelta electoral que llevó a la presidencia a Dilma Rousseff fue muy ajustado. La pérdida de votos en distritos con mayoría de trabajadores (grandes ciudades como los alrededores de Sao Paulo), el crecimiento en estados con mayores niveles de pobreza donde las políticas sociales llegaron donde antes vencían caudillos conservadores fueron algunos de los elementos que podemos atribuir a esa victoria pírrica.

El PT fue mutando desde un discurso más ideologizado en sus orígenes a propuestas más moderadas que incluían alianzas electorales con partidos del espectro ideológico más conservador en la medida que iba ocupando espacios institucionales. La mayor cantidad de parlamentarios de ese mismo signo político derechista, donde los partidos políticos terminan siendo siglas de alquiler (los llamados partidos fisiológicos) como el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que actualmente tiene mayor cantidad de representantes parlamentarios y fuerte inserción territorial en los espacios institucionales y ocupa la vicepresidencia es su mayor expresión. Personajes que sería muy difícil de catalogar de “progresistas” como el ex intendente paulista durante la dictadura Maluf y el neoliberal Collor de Melo forman parte de la base aliada del PT.

También habíamos señalado que la asunción como ministro de economía de Joaquim Levy ligado al Banco Bradesco (uno de los más importantes de Brasil) anunciando recortes en subsidios a bancos públicos, mayores tasas de interés en el banco de desarrollo estatal BNDES y límites sobre los beneficios de desempleo y pensiones generó una fuerte caída de la imagen de la presidente reelecta Dilma Rousseff. De este modo, el gobierno de Dilma hizo en materia económica lo que había criticado en la campaña electoral de la fórmula opositora encabezada por Aecio Neves de los “tucanos” del derechista Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB).

El régimen político brasileño está fragmentado, ya ninguna fuerza política es hegemónica en el Parlamento. Los partidos gobernantes buscan diversos tipos de negociaciones y acuerdos para avanzar en los diversos proyectos. En muchos casos, un mismo partido apoya según la especificidad de cada distrito puede apoyar a diversas fórmulas electorales o partidos. Durante el primer mandato de Lula salió a la luz el conocido “mensalão” (pago de mensualidades) a diversos diputados y senadores. A pesar que el “escándalo” salpicaba al gobierno, este no tuvo grandes dificultades para ganar las diversas elecciones.

Durante la campaña electoral del 2014, volvió a tener repercusión mediática otras denuncias de corrupción: el llamado petrolão ante el pago de sobornos en la empresa estatal Petrobras. Ambas denuncias se inscriben en un debate que todavía no se efectivizó en una ley: la financiación de los partidos políticos. Parte de las coimas de estas dos denuncias van a las diversas campañas electorales.

En el caso de Dilma la acusación no es por corrupción, sino por “dibujar” el presupuesto para poder adelantar fondos a la asistencia social. Debemos recordar que la figura jurídica del “impechment” (el Congreso debe aprobar el procesamiento y posteriormente encargarse del juicio del acusado, conocido como juicio político) ya tuvo un antecedente: en 1992, el primer presidente electo tras años de dictadura, Fernando Collor de Melo fue destituido. Casualmente, el mismo personaje (ahora senador aliado menor del gobierno) también fue denunciado en el “petroläo. Uno de los principales problemas de este caso, es que parlamentarios del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) tenían a sectores que son quienes tienen un apoyo fundamental para el al gobierno y otros que son opositores, junto con representantes del Partido de los Trabajadores (PT) son investigados. La decisión del PMDB de abandonar la coalición terminó de inclinar la balanza hacia el “impechment” que aprobó la cámara de Diputados el domingo pasado. Algunas fuentes señalan que Michel Temer (que había sido designado como vicepresidente de Dilma y quien asumió el jueves 12 de mayo como presidente provisorio) y de hecho líder del PMDB comenzó a buscar la destitución de la presidente durante la campaña electoral, siendo demasiado permisivo a que parte de su parte ponga sus fichas electorales en la lista derrotada encabezada por los “tucanos”.

La crisis política sumada a la recesión y ajuste generan el “desgaste” que sufre el gobierno y su principal partido vislumbran un panorama más complejo para estas administraciones neo-desarrollistas que buscaron políticas más distributivas. En este marco, los medios de comunicación más importantes (como la red Globo, o la revista Veja) juegan un rol para nada secundario en este “ablandamiento” del gobierno para generar una posibilidad electoral a futuro de un triunfo de un candidato más potable (o mejor dicho) más consecuente con los intereses concentrados de las clases dominantes brasileñas.

A pesar que durante los años que gobernó el PT y sus aliados, las ganancias de las empresas fueron importantes, no terminan de considerar al “populismo” como critican al PT como una gestión propia. Más allá de las continuidades y las rupturas (acercamiento a países críticos de las políticas imperialistas y fortalecimiento del mercado interno) con las experiencias gubernamentales de los gobiernos neoliberales “tucanos” del PSDB o ahora por quienes ocupan la presidencia al producirse la destitución provisoria de Dilma (el PMDB) para las grandes masas hay cambios que permitieron ascenso social, cuestión que incomoda a las elites y ciertos sectores medios.

Quizás, por ser cambios moderados y no cuestionar la matriz socio-económica haya muchos descontentos que expresaron su “bronca” como en las movilizaciones antes del mundial de fútbol a través de la abstención o votando en blanco, o anulando. La diferencia estrecha del ballotage en comparación a elecciones anteriores, quizás expresen las limitaciones de estas experiencias que centralizan sus aspiraciones a la lógica electoral. Mucho más, si para lograr la llamada “gobernabilidad” y lograr acuerdos parlamentarios a cambio de porciones de poder ministerial se hacen acuerdos con los partidos de derecha (financiados por los grandes empresarios) que se alían de forma oportunista a quien sea ganador con tal de mantener su poder. Al mismo tiempo, la crisis económica y social y la adopción por parte del PT de las políticas de ajuste ortodoxo fueron minando los apoyos sociales más amplios, quedando circunscriptos a los núcleos partidarios y movimientos sociales aliados.

La votación en ambas cámaras del “impechment” y la destitución provisoria, luego de que el ex aliado del PMDB aprovechara de modo oportunista la caída de popularidad de la presidenta para pegar el zarpazo de un golpe institucional, es el camino que ya vimos en Honduras o Paraguay con una agenda política más cercana a los acuerdos de libre comercio impulsados por Estados Unidos. En Brasil el presidente provisorio, Temer, está siguiendo una agenda similar a la que está llevando adelante Macri en Argentina.

Las debilidades y limitaciones de los gobiernos “progresistas” (aunque esta definición sea demasiado amplia y abarque experiencias diferentes) les abrieron las puertas al avance de los proyectos imperialistas y las clases dominantes. Quedará en manos de los pueblos y trabajadores de América latina hasta donde pueden avanzar y construir una alternativa política.

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