La crisis en Brasil

1295-494x330Daniel Fernando.

En el análisis que hicimos de la segunda vuelta electoral en Brasil ”Nuevo triunfo de la alianza liderada por el PT” remarcamos que el triunfo de la alianza electoral articulada por el PT fue muy ajustado. La pérdida de votos en distritos con mayoría de trabajadores (grandes ciudades como los alrededores de Sao Paulo), el crecimiento en estados con mayores niveles de pobreza donde las políticas sociales llegaron donde antes vencían caudillos conservadores fueron algunos de los elementos que podemos atribuir a esa victoria pírrica. En notas anteriores también habíamos señalado el creciente proceso que el PT fue teniendo desde un discurso más ideologizado en sus orígenes a propuestas más moderadas que incluían alianzas electorales con partidos del espectro ideológico más conservador en la medida que iba ocupando espacios institucionales. La mayor cantidad de parlamentarios de ese mismo signo político derechista, donde los partidos políticos terminan siendo siglas de alquiler (los llamados partidos fisiológicos) donde el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) que actualmente tiene mayor cantidad de representantes y ocupa la vicepresidencia es su mayor expresión.

La asunción como ministro de economía de Joaquim Levy ligado al Banco Bradesco (uno de los más importantes de Brasil) anunciando recortes en subsidios a bancos públicos, mayores tasas de interés en el banco de desarrollo estatal BNDES y límites sobre los beneficios de desempleo y pensiones generó una fuerte caída de la imagen de la presidente reelecta Dilma Rousseff. La aplicación de estas políticas de ortodoxia neoliberal se debe según los ¿nuevos? Gurúes ya que esperan una caída del PBI de entre 0,5% y 1% y un déficit de 10.600 millones de dólares en sus transacciones con el exterior, después de que el año pasado esa cuenta cerró con un saldo negativo récord de 90.900 millones de dólares. Entre los elementos del estancamiento de la economía brasileña podemos señalar la caída de la venta de automóviles en un 27% en febrero y 22,5% en el primer bimestre con el consecuente despido de trabajadores y aumento de huelgas en dicho sector (como en la multinacional General Motor). A este escenario recesivo se le agrega el dato que en los últimos días el Banco Central de Brasil volvió a devaluar el real a niveles récord para la última década y desde junio del año pasado fue de 25%.

En artículos anteriores mencionamos que el sistema político brasileño es fragmentado y que como ninguna fuerza política es hegemónica en el Parlamento los partidos gobernantes buscan diversos tipos de negociaciones y acuerdos para avanzar en los diversos proyectos. Durante el primer mandato de Lula salió a la luz el conocido “mensalão” (pago de mensualidades) a diversos diputados y senadores. A pesar que el “escándalo” salpicaba al gobierno, este no tuvo grandes dificultades para ganar las diversas elecciones. Durante la campaña electoral del año pasado, volvió a tener repercusión mediática otras denuncias de corrupción: el llamado petrolão ante el pago de sobornos en la empresa estatal Petrobras. Ambas denuncias se inscriben en un debate que todavía no se efectivizó en una ley: la financiación de los partidos políticos. Parte de las coimas de estas dos denuncias van a las diversas campañas electorales. En la última también trataron de involucrar a la actual mandataria e incluso se planteó la posibilidad de un “impeachment” a la presidenta impulsado por el sectores del principal partido de la oposición, los “tucanos” del derechista Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB). Debemos recordar que esta figura jurídica (el Congreso debe aprobar el procesamiento y posteriormente encargarse del juicio del acusado, conocido como juicio político) ya tuvo un antecedente: en 1992, el primer presidente electo tras años de dictadura, Fernando Collor de Melo fue destituido. Casualmente, el mismo personaje (ahora senador aliado menor del gobierno) también fue denunciado en el “petroläo. Uno de los principales problemas de este caso, es que parlamentarios del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) que tiene a sectores que son quienes tienen un apoyo fundamental para el al gobierno y otros que son opositores, junto con representantes del Partido de los Trabajadores (PT) serán investigados.

Más allá de la remota posibilidad del juicio político a la presidente, los “tucanos” que estuvieron a punto de ganar en la segunda vuelta todavía no lograron desplazar al PT del gobierno por vías electorales. En un escenario de recesión y ajuste, el “desgaste” que sufre el gobierno y su principal partido vislumbran un panorama más complejo para estas administraciones neo—desarrollistas que buscaron políticas más distributivas. Los medios de comunicación más importantes (como la red Globo, o la revista Veja) juegan un rol para nada secundario en este “ablandamiento” del gobierno para generar una posibilidad electoral a futuro de un triunfo de un candidato más potable (o mejor dicho) más consecuente con los intereses concentrados de las clases dominantes brasileñas. A pesar que durante los años que gobernó el PT y sus aliados, las ganancias de las empresas fueron importantes, no terminan de considerar al “populismo” como critican al PT como una gestión propia.

 

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