¿Izquierda Nacional sciolista o socialismo de la Izquierda Nacional?

Una patrulla perdida del desaparecido Partido de la Izquierda Nacional (PIN), que orientó Jorge E. Spilimbergo hasta el momento de su muerte, hace ya más de una década, acaba de emitir un curioso comunicado, en el que se da nacimiento a lo que podría llamarse Una Izquierda Nacional Sciolista.

Gabino Correa • Dice el grupo que orienta Néstor Gorojovsky y que funciona bajo el sello “Patria y Pueblo”, refiriéndose a los resultados del balotaje del 22 de noviembre: “Inmensa es la responsabilidad que le cabe al plebiscitado compañero -Daniel Scioli-, quien lejos de ser responsable de derrota alguna es víctima de la conjura antinacional del estáblishment y los sectores agroexportadores”. Aclara de inmediato que la “responsabilidad” del “plebiscitado compañero” es nada menos que “reconstruir un movimiento nacional que tendrá a los trabajadores como eje”.

En su primera aparición tras la derrota electoral, Daniel Scioli pareció situarse a gran distancia del lugar mesiánico que le atribuye “Patria y Pueblo”, puesto que lo único que manifestó es su intención de colaborar con Mauricio Macri deseándole éxito a su gestión. Ninguna referencia hizo a la “conjura antinacional del establishment”, sino que, por el contrario, explicó que se apresuró a reconocer la victoria de su oponente, a pesar de la exigua diferencia porcentual (2,5%), para no generar ninguna alteración en el orden público. Es decir, para no inquietar al establishment. Convengamos en que si  la “reconstrucción del movimiento nacional” dependiera de Scioli, como dicen Gorojovisky y sus amigos, las perspectivas no serían nada buenas, puesto que no parece ser esa la intención del frustrado candidato.

Pero “Patria y Pueblo” no se limita a exaltar la figura de Scioli, sino que añade una crítica explícita a los dirigentes del Frente para la Victoria que “llevados por su ceguera, su obcecación y su sectarismo, incurrieron en una incuria que esterilizó, finalmente, las mejores esperanzas de una generación entera de jóvenes argentinos”. Está claro que la referencia abarca a toda la izquierda kirchnerista y a gran parte del entorno de la presidenta Cristina Fernández -por no decir que se refiere a la propia Cristina Fernández- que miraron con desconfianza al ex motonauta menemista al que por consideraciones de “realpolitik” llevaban como candidato. Dice “Patria y Pueblo”: “Hoy, la voz de orden será la de unirnos todos en torno a las dirigencias que el pueblo argentino plebiscitó para que lleven adelante la gran batalla -o sea, Scioli-, y no en torno de aquellas que suponen que una derrota como la que hemos sufrido es un mal menor en el camino hacia su imposible retorno al poder en 2019 -o sea la izquierda kirchnerista que ya lanzó la consigna “Cristina 2019”-.

La explicación de esta súbita conversión al sciolismo de un pequeño grupo de individuos que durante más de diez años operó como una franquicia kirchnerista barnizada apenas con cierta simbología “de izquierda nacional” se podrá explicar a la luz de las nuevas reglas de juego en el mercado de la política partidocrática operadas tras la victoria macrista. Los buenos negocios, al fin y al cabo, exigen saber para dónde sopla el viento. No entraremos en ese asunto crematístico, que es ajeno a nuestro propósito de edificar una organización militante del socialismo revolucionario de la Izquierda Nacional. Pero sí mencionaremos lo siguiente: la “reconstrucción del movimiento nacional” no puede de ninguna manera recaer en la figura de un individuo, por muy “plebiscitado” que haya sido en un proceso eleccionario. Poco importa que en este caso el tal individuo -Scioli- sea un personaje minúsculo absolutamente incapaz de protagonizar jornadas históricas, o que no haya sido de ninguna manera “plebiscitado” (¡fue votado por menos de un tercio del electorado, y perdió el balotaje!). La “reconstrucción del movimiento nacional” es un fenómeno complejo, que escapa a las decisiones individuales, y en el que intervienen factores objetivos inmanejables. Lo que el “factor subjetivo” presente en los procesos históricos puede hacer es detectar las tendencias operantes y contribuir a madurarlas (cuando esas tendencias son positivas, como la “reconstrucción de un movimiento nacional”) o a morigerar sus efectos adversos (cuando esas tendencias son negativas, como la ofensiva oligárquico-imperialista sobre los sectores populares). Pero de ninguna manera un “movimiento nacional” puede ser dado a luz en una mesa de negociación de dirigentes políticos, por muy talentosos y bien intencionados que estos sean. Y con menos razón si no son ni lo uno ni lo otro, como es el caso de Scioli y de sus próximos socios del Partido Justicialista antikirchnerista.

Por otra parte, la expresión misma “movimiento nacional” resulta ajena al marco teórico que anima el pensamiento de la Izquierda Nacional en el cual dicen inspirarse Gorojovsky y sus amigos. Conceptualizar como “movimientos nacionales” al yrigoyenismo y al peronismo, por ejemplo, implica invisibilizar tanto su heterogeneidad interna como la naturaleza de su conducción política. Estrictamente hablando, el yrigoyenismo y el peronismo no fueron “movimientos nacionales” (o expresiones empíricas del “movimiento nacional”) sino frentes nacionales antiimperialistas (o expresiones empíricas del “frente nacional antiimperialista”) conformados por diferentes clases y sectores sociales y con conducciones políticas y orientaciones programáticas con definido contenido de clase. Así, en el peronismo, por ejemplo, confluyeron la clase obrera industrial, la incipiente burguesía nacional, la pequeña burguesía militar, etc., y su conducción expresó la hegemonía de la burguesía nacional dentro de ese heterogéneo frente de clases. La expresión “movimiento nacional” oscurece la comprensión de esta complejidad inherente al fenómeno peronista, al tiempo que cumple una clara función política: “verticalizar” al frente de clases bajo la conducción de un líder que expresa el programa de una sola de ellas: “industrialización con inclusión social y mercado interno”, llama “Patria y Pueblo” a este programa, escamoteando la caracterización de clase, y capitalismo nacional con pretensiones (irrealizables) de autonomía, lo llamamos nosotros. Si para la ultraizquierda el frente nacional antiimperialista o “movimiento nacional” constituye una suerte de estorbo para el objetivo de la independencia de clase del proletariado, para el nacionalismo de izquierda, en cambio, constituye la alternativa a esa independencia de clase. Entre ambas posturas opuestas y erróneas, a igual distancia de ambas, se eleva la del socialismo de la Izquierda Nacional: la independencia de la clase obrera es necesaria para disputar la conducción del frente nacional antiimperialista y plantear la perspectiva del socialismo. (Por esa razón, digamos de pasada, venimos sosteniendo que el historiador Norberto Galasso, que firmó una declaración de apoyo a Scioli asumiendo una identidad peronista (1), no puede ser considerado un representante del socialismo de la Izquierda Nacional).

Estas reflexiones teóricas trascienden la inmediatez del análisis de la coyuntura política. Pero se tornan decisivas en el momento en que una nueva época se inaugura luego de la derrota del kirchnerismo y de la emergencia de un bloque político-social reaccionario legitimado electoralmente. La construcción de una Izquierda Nacional socialista y revolucionaria es una condición necesaria para que las próximas batallas populares puedan coronarse en victorias. La crítica política y teórica a la vieja izquierda cipaya y a la falsa izquierda nacionales parte de esta tarea.

(1)
DECLARACION FIRMADA POR NORBERTO GALASSO, ANA LORENZO, A. NARVAJA, ETC.
A los compañeros peronistas
Nuevamente se presenta una grave disyuntiva nacional. Los peronistas la conocemos, porque de una de esas disyuntivas surgió nuestra identidad. Esa identidad a lo largo de setenta años sufrió proscripciones, persecuciones y agravios. Siempre hemos resurgido sin odios y con la mirada hacia el futuro, rechazando sectarismos y exclusiones. Nuestras banderas han sido tomadas por hombres y mujeres de todas las convicciones políticas, lo que nos hace orgullosos de seguir siendo peronistas que recuerdan con firmeza, abiertos al futuro sin dejar de lado una imprescindible nostalgia. Hoy tenemos frente a nuestra memoria y nuestras convicciones un desafío que tiene muchas semejanzas con las difíciles coyunturas ya atravesadas. ¿Dejaremos que nos digan que ser peronista es apoyar partidos y candidatos que a lo largo de su vida pública no hicieron más que apartarse, y muchas veces denostar, los legados de justicia, soberanía e igualdad que están inseparablemente ligados a los nombres de Perón y Evita? Todos hemos discutido acaloradamente en esta última década las circunstancias en que actuó el gobierno de Néstor Kirchner primero y de Cristina Fernández después. Un acicate que viene del fondo de nuestra historia, por más matices que puedan tener nuestras opiniones e incluso ser discordantes en muchos casos, nos dice que podemos seguir discutiéndolos así como a los candidatos que surgieron de complejas situaciones del país. Algunos invocan al peronismo, pero el peronismo no puede estar en liquidación. Entonces, como siempre, Primero la Patria, no le demos la espalda. El 22 de noviembre: Scioli-Zannini

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