Internacionalismo y liberación nacional

Los Gobiernos Populares y la Ofensiva Imperialista

Héctor Menéndez. Córdoba, 7 de setiembre de 2016 •

El discurso de Hugo Chávez frente a cincuenta partidos, la mayoría nacionalistas, confesando que no era posible la independencia ó autonomía nacional en alianza con la burguesía nacional porque a él lo intentó golpear y destituir la burguesía venezolana, aliada al imperialismo. También dijo que fue la burguesía hondureña la que derrocó a Zelaya, con su partido judicial y militar, respaldada por la base yanqui de Palmerola. Que fue la burguesía ecuatoriana, el imperialismo y su arma mediática, los que intentaron derrocar a Rafael Correa. Chávez explicó los pormenores de la provocación que el imperialismo y la derecha colombiana encabezada por Álvaro Uribe habían montado internacionalmente la semana anterior para convertir el levantamiento de una Pasarella montada por los contrabandistas sobre el río en la frontera como la “ruptura” por Venezuela de los puentes que la unen a Colombia alentando un enfrentamiento militar. Como conclusión y haciendo de la necesidad virtud, Chávez propuso la organización de la Quinta Internacional. Muchos marxistas, muy leídos, desestimaron ese llamado y la burguesía y sus alrededores hicieron desaparecer ese discurso de siete horas. No se puede conseguir. ¿Por qué?

A pesar que su entrañable origen familiar en las luchas por la independencia del siglo XIX, con su bisabuelo Pedro Perez Delgado (Maisanta), guerrillero de la lucha por la organización nacional, y del patriotismo nacionalista antimperialista con el que organizó la revolución bolivariana, convirtiéndose en un líder mundial contra el imperialismo, Chávez comprendió que la liberación nacional de Venezuela estaba inseparablemente ligada a la revolución socialista y a la organización política internacional de la clase obrera. Por eso, la burguesía y todos los reformistas han hecho desaparecer su discurso. Sabían que cuando los movimientos que sostenían a los gobiernos populares desarrollistas burgueses de América Latina fueran avasallados por la contraofensiva imperialista, las palabras de Hugo Chávez, por venir del seno mismo de este nuevo movimiento nacional latinoamericano, serían premonitorias. Es un deber de todos los luchadores latinoamericanos, de los petistas de Brasil, de los peronistas – kirchneristas de Argentina desenterrar aquel discurso de Hugo Chávez para sacar las conclusiones de estos golpes antidemocráticos y saltar de la lucha nacional a la lucha por expulsar al imperialismo con la bandera del socialismo.

La apuesta de los gobiernos populares de Argentina y Brasil a los métodos democrático burgueses, para enfrentar la lucha contra el imperialismo y sus aliados nativos, se contradicen con la etapa imperialista del capitalismo. En los países coloniales y semicoloniales, donde el capital externo es dominante, la debilidad de la burguesía nacional, la ausencia de una tradición de gobierno comunal propio, la presión del capitalismo extranjero y el crecimiento relativamente rápido del proletariado, corta de raíz toda posibilidad de un régimen democrático estable. Si esto era así en entreguerras (1938), cuando Trotsky formuló este diagnóstico, ahora, luego de la última derrota, la más grande de la historia, la globalización financiera imperialista, la extranjerización extrema de las economías de estos países, hacen ilusorias las perspectivas de autonomía y desarrollo respetando las formas democráticas. Los decretos de necesidad y urgencia con los que Macri derogó la ley de medios audiovisuales y otras leyes –  democráticamente discutidas y votadas- para institucionalizar el tránsito de un Estado semicolonial a uno más parecido a una colonia, es la “democracia” de esta etapa. Por eso no coincido con los compañeros que buscan una solución desde una oposición razonable y democrática con la formación de un nuevo reagrupamiento peronista y kirchnerista. Esta crisis no es coyuntural. La crisis actual del nacionalismo en los países dependientes se produce porque la crisis sistémica del capitalismo imperialista limita toda discusión política democrática. Estados Unidos puso en movimiento la sexta flota patrullando la región pero aún no ha necesitado invadir ó bombardear algún país como en Medio Oriente ó África pero esa es la lógica. En eso pensaba Chávez cuando proponía una internacional para enfrentarlo. Para eso tenemos que seguir aquellas conclusiones organizando políticamente a la clase obrera con todos sus aliados sociales para enfrentarlo.

La democracia de la burguesía imperialista mundial en esta etapa es la de Guantánamo, la del régimen autoritario de China, la de los presidentes de la metrópolis norteamericana elegidos por el 18 por ciento de los votantes válidos. Excluidos los demás por una legislación electoral que Macri velozmente trata de imponer eliminando la obligatoriedad del voto y trabando el voto de los obreros y de los pobres. Es impensable la liberación nacional con la prensa en manos del imperialismo, con la reforma constitucional de Menem de 1994, que desmembró el país con la provincialización de la educación, de la renta petrolera y minera, con la autonomía de la ciudad de Buenos Aires desde donde construyó la coalición que hizo presidente de la nación al presidente de Boca, empresario, contrabandista y gran operador de la fuga de capitales, la elusión y evasión fiscal.

Los movimientos nacionalistas de masas de la última posguerra, con direcciones burguesas nacionales ó pequeño burguesas nacionalistas, terminaron en derrota. El movimientismo del MNR boliviano terminó en Gonzalo Sánchez de Lozada, un yanqui que no hablaba castellano. El trabhalismo ó varguismo brasilero terminó en el suicidio de Getulio Vargas y la huida del presidente Goulart diez años después abriéndole el camino a la dictadura militar más larga de la región: 1964 hasta 1985, 21 años. Un año después del suicidio de Getulio Vargas, en 1955, el presidente argentino Juan Perón fue derrocado por la coalición del imperialismo y los aliados nativos. Él también se fue sin luchar. Para ahorrar sangre de argentinos, dijo luego.

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Los movimientos nacionales que sucedieron a las crisis del neoliberalismo en los años 2000 en América Latina fueron más plebeyos y audaces que los anteriores. El rol histórico de Hugo Chávez, su audacia para formular el enfrentamiento con los EE.UU. y para buscar alianzas en todo el mundo contra los gobiernos de ese país alcanzaron un nivel muy destacado. ¡Alca, alca, al carajo! La organización del Alba con posiciones socializantes. La incorporación de Venezuela al Mercosur. La organización de la Celac y de la Unasur fueron de su inspiración, tratando de articular el movimiento nacional con la revolución social.. Por eso tiene una fuerza mayor su llamado a la organización internacionalista y obrera, porque estuvo formulada desde el seno mismo del movimiento nacional de masas, aunque no la haya podido concretar. La alternativa hoy en la Bolivia de Evo Morales no es esperar un plazo histórico separado de los avances nacionales para entrar en la etapa socialista, como sostenía al comienzo Álvaro García Linera. Las cooperativas son organismos de transición. Van al socialismo convirtiéndose en empresas del Estado ó regresan al capitalismo y a la contrarrevolución. La historia de los koljoses soviéticos y su papel destacado en la vuelta al capitalismo ó el papel de Lufthansa, de Sancor y muchas más, que fueron soluciones transitorias al conflicto económico social en el sistema capitalista, ó avanzan al socialismo y la revolución dentro de la economía estatal ó son el refugio contrarrevolucionario de sectores medios rurales y ciudadanos. Al camarada Evo antes intentaron derrocarlo la gran burguesía agrícola del Oriente Boliviano, ahora estos nuevos burgueses cooperativos mineros le asesinan un viceministro de su riñón. Tiene que dar el salto revolucionario antes de que sea tarde. La caída de Cristina Fernandez y de Dilma Rouseff han abierto una nueva época. El equilibrio inestable de Venezuela y de Ecuador deben resolverse avanzando al socialismo. Los nuevos gobiernos de Honduras, de Paraguay, de Argentina, de Brasil, están destruyendo los organismos regionales y cambiando la política exterior de América Latina. El supremo objetivo de conquistar un organismo regional, sin EE.UU., desconociendo la OEA, deviene en su sometimiento al imperialismo reforzado con su nuevo secretario general, Almagro, de la derecha del Frente Amplio uruguayo en el gobierno. El partido que la dictadura logró construir en Brasil durante sus 21 años de gobierno, apoyándose en los caudillos regionales de distintos Estados provinciales, todos reaccionarios y corruptos, continuó su función residual en el PMDB, controlando el Congreso. El PT, Lula y Dilma Rouseff, necesitaron aliarse con ese aparato sin votos para poder gobernar, hacer crecer la economía mejorando ostensiblemente la distribución de la riqueza. Esa táctica se convirtió en la ilusión de que Brasil podía desarrollarse con inversión extranjera y aliados al partido residual de la dictadura. Este gobierno golpista y reaccionario de Temer no solamente hay que echarlo sino también cambiar las alianzas sociales y la política para llegar al poder.

Las formulaciones de “internacionales obreras” por parte del ultimatismo ultraizquierdista pequeño burgués, desde su desconocimiento de la cuestión nacional, desde Kirchner es igual que Menem ó Macri es igual que Cristina Fernández de Kirchner, con el que votaron por Macri, nunca ha triunfado ni triunfará.

Hoy, luego de la derrota del gobierno de Argentina y de Brasil el llamado de Chávez al socialismo revolucionario y al internacionalismo proletario debe ser bandera para los compañeros argentinos que luchan contra la ofensiva imperialista contrarrevolucionaria que encabeza Macri. Para los brasileños que se movilizan bajo la consigna: ¡Fora Temer!

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