Insólito, comparan a Scioli con Perón

Lo que se viene: la lucha del sciolismo por emanciparse de las ataduras kirchneristas

JDSioli

Gustavo Cangiano

 Por lo visto, Víctor Ramos nunca terminará de sorprendernos a quienes lo conocemos desde hace décadas por su condición de hijo biológico de Jorge Abelardo. Es cierto que a la luz del inmenso contraste entre las capacidades de su padre y las suyas propias, cualquier determinista biológico pondría en duda esa condición y exigiría un ADN. Pero no somos deterministas biológicos. Le reconocemos su condición de Hijo del Padre, que es casi la única condición que puede ostentar con cierto orgullo, y nos sumergimos en la lectura de los pastiches que cada tanto alguna pluma generosa elabora para que él firme, con la irresponsabilidad intelectual y moral que lo caracteriza.

Perón, Cámpora y la Izquierda Nacional

¿Cuál es el último obsequio que nos tributa el Hijo del Padre? Un artículo periodístico titulado “Vote a Scioli desde la Izquierda”(1) que el semanario Perfil aceptó publicar a pesar de las incoherencias manifiestas que contiene. ¿Acaso no cabía esperar de las ínfulas intelectuales Fontevecchia una mayor selectividad en sus publicaciones? Ciertamente. Pero la necesidad política que tiene la Derecha –y “Perfil” y Fontevecchia son parte de esa Derecha que se prepara para recuperar el pleno control político del país luego de doce años de “populismo kirchnerista”– prevalece sobre cualquier consideración de orden exclusivamente intelectual.

El título elegido para la nota que firma Víctor Ramos evoca la posición del Frente de Izquierda Popular (la Izquierda Nacional militante en 1973) ante los comicios que consagraron a Perón presidente por tercera vez hace ya más de cuarenta años: “Vote a Perón desde la Izquierda”, fue la consigna elegida. El FIP llevó en sus boletas la fórmula Perón-Perón, añadiéndole, a diferencia de la boleta oficial del Frejuli, la consigna “Liberación Nacional y Patria Socialista”. Recogió cerca de 900 mil votos, que la derecha peronista y antiperonista atribuyeron a la “confusión” de los votantes. Un estudio socio-político y demográfico que la revista “Izquierda Nacional” publicó en sus páginas, demostró la superficialidad de este análisis. Los 900 mil votos a Perón y a la Patria Socialista expresaban una corriente de masas que en la época era palpable, y cuyo aplastamiento por parte de las clases dominantes fue la motivación central del golpe cívico-militar de 1976. De ningún modo fue producto de un “error” dentro del cuarto oscuro. No es casual que pensadores destacados como  como Arturo Jauretche, dirigentes obreros como Raymundo Ongaro, o jóvenes militantes como Cristina Fernández, hayan votado a Perón con la boleta del FIP (no así Silvio Frondizi, que para entonces apoyaba al FAS-PRT). Todos ellos expresaban las potencialidades revolucionarias que anidaban en un Frente Nacional Antiimperialista transitoriamente conducido por Perón (y tras Perón, por la burguesía nacional) que se planteaba la perspectiva superadora del socialismo y la instauración de un gobierno obrero y popular (consignas éstas que también levantaba el FIP). En consecuencia, decir, como dice Víctor Ramos con su acostumbrada irresponsabilidad, que “el espíritu” del voto al FIP fue “criticar a la derecha lopezrreguista y al camporismo montonero”, significa incurrir en una falsedad. Que diga, si no, Cristina Kirchner, si votó al FIP para “criticar al camporismo montonero”.

Naturalmente que existían entre el FIP, que llamaba a apoyar a Perón manteniendo su autonomía político-organizativa, y la izquierda camporista y montonerista, que asumían una identidad peronista, importantes diferencias táctico-estratégicas. (También metodológicas). Para ponerlo en nombres y apellidos: la línea política diseñada por Abelardo Ramos y Spilimbergo era diferente a la que diseñaban Rodolfo Puiggrós o Hernández Arregui. Pero esto no impedía que fipistas y camporistas-montoneristas se situaran en un mismo lado de la barricada en un período signado por la agudización de la lucha de clases (1969/73). Equiparar al camporismo-montonerismo con el lopezrreguismo sólo puede hacerlo quien ignora el abecé del análisis marxista, como es el caso del Hijo del Padre, y quien, por añadidura, se comporta como un auténtico canalla. Implica creer que Rodolfo Walsh o John William Cooke son indiferenciables de Queraltó o del propio López Rega.

Menemista, Kirchnerista y ahora Sciolista, siempre oportunista

Pero, ¿por qué razón Víctor Ramos, o quien ha escrito la nota que él firma, sale a atacar a Cámpora, al camporismo y al montonerismo en un medio emblemático de la Derecha más reaccionaria? Porque es una manera elíptica de atacar a Cristina Fernández de Kirchner y al kirchnerismo en su conjunto. Víctor Ramos fue menemista desde 1989 hasta el momento mismo en que Néstor Kirchner fue ungido presidente. En las propias elecciones de 2003 había apoyado al candidato riojano, y alardeaba ante quien quisiera escucharlo diciendo que “vamos a sacar el Ejército a la calle para mandar a la casa a todos los zurdos y piqueteros”. Pero se reacomodó rápidamente y se hizo ultrakirchnerista, hasta el punto de sostener en una penosa charla pública que aún anda dando vueltas por YouTube que “el Gobierno de Cristina es un gobierno de Izquierda Nacional”. O sea, un gobierno socialista, y no peronista, o progresista, o “desarrollista”. Como hablar es gratis, Víctor Ramos habla y dice lo primero que se le cruza por la cabeza sin reparar siquiera en su verosimilitud. Hombre valiente, no le teme al ridículo. Su ultrakirchnerismo duró hasta que dirigentes de La Cámpora, advirtiendo por fin el absurdo de que un lumpen de la política estuviera al frente del Cabildo Nacional por mera portación de apellido, decidieron desplazarlo. Entonces Víctor Ramos, resentido, inició su tránsito hacia el sciolismo, al cual abandonará recién cuando lo vea caer en desgracia. Esta es la razón por la cual escribe que “la dictadura de Lanusse prefería a Cámpora antes que a Perón” (sugiriendo que Cámpora era más lanussista que peronista) y que fue  “el pueblo convulsionado” el que obligó a Cámpora a renunciar a la presidencia, ignorando que esa renuncia significó objetivamente un torcimiento en la curva ascendente de la lucha de clases que se desarrollaba –por lo menos– desde 1969. Pero, ¡qué sabe Víctor Ramos de lucha de clases!

Escribe el Hijo del Padre: en la fórmula Perón-Isabel “el actor principal fue Perón”. Y agrega: “de la misma manera que hoy Daniel Scioli es el único que cuenta con el consenso popular mayoritario”. ¿Es que Víctor Ramos está homologando la figura de Scioli a la de Perón? Aunque el lector no lo crea, así es. Escribe (o le escriben para que él firme): “El peronismo no soporta dos caudillos simultáneamente (…). Algunos pretenden subestimar a Scioli, como si fuera posible condicionarlo con La Cámpora, con Zannini o con la propia Cristina Fernández. ¿No decían, con sorna, ‘Cámpora al gobierno, Perón al Poder’?” Y luego se extiende en enumerar medidas de gobierno tomadas por Scioli en Buenos Aires para concluir que si bien el candidato “no es de izquierda ni de derecha”, sí es “progresista y revolucionario”.

¡Scioli “progresista” y “revolucionario”! ¡Qué tal!

Scioli: La Alvearización del Kirchnerismo

Hay que reconocerlo. Víctor Ramos no se detiene ante el ridículo y se supera a sí mismo una y otra vez. Sus elucubraciones desconciertan. Uno no sabe si reír o llorar ante ellas, pensando que quien las formula es después de todo el hijo biológico del hombre que durante 50 años fue reconocido como el mejor expositor de las ideas y la práctica militante del socialismo de la Izquierda Nacional, el cual hoy, en pleno siglo XXI, se continúa en Socialismo Latinoamericano-Izquierda Nacional. Pero, ¿acaso el hijo del gran Leopoldo Lugones no fue un psicópata inventor de la picana eléctrica?  En cualquier caso, lo más importante no es denunciar el despropósito de la equivalencia entre Scioli y Perón, que ruborizaría hasta al propio Scioli si se enterara de ella. Lo importante es advertir que por aquello de que “los niños y los locos siempre dicen la verdad” (y Víctor Ramos no es un niño), esa equivalencia ridícula anticipa la operación política que ya se ha puesto en marcha: emancipar a Scioli de las ataduras que el kirchnerismo ha querido construir a su alrededor para impedir el inevitable giro a la derecha que sus características personales y las de su entorno más íntimo autorizan a prever.

A la hora de buscar un antecedente histórico con el cual comparar la situación política que ha comenzado a configurarse, es mejor remontarse a 1922 más que a 1973. Chocando con sus infranqueables límites de clase, que le impedían cuestionar el orden semicolonial más allá de cierto punto, el yrigoyenismo recurrió a la figura del “galerita” Marcelo T. de Alvear para suceder a Don Hipólito. Los mejores militantes yirogoyenistas creyeron que controlarían a Alvear desde la vicepresidencia ­–Elpidio González– y con su importante bancada de diputados y senadores fieles. Todo fue en vano. Alvear destruyó al yrigoyenismo como expresión de un Frente Nacional Antiiperialista y facilitó su conversión en una fuerza más del régimen partidocrático. Alvear mediante, la UCR terminó en la Unión Democrática bradenista de 1945, apoyando al videlismo en 1976 y encolumnada con Macri en pleno siglo XXI. Pero los mejores militantes yrigoyenistas animaron la siguiente expresión del Frente Nacional antiimperialista que fue el peronismo del 17 de Octubre. Trabajemos para que los mejores militantes del kirchnerismo, confluyendo con el socialismo de la Izquierda Nacional, animen una próxima edición del Frente Nacional Antiiperialista. Los Scioli, los Víctor Ramos, y todos los carreristas de la política serán los nuevos gerentes del “círculo rojo” en la etapa que se abre. A la alvearización del kirchnerismo le sucederá un reagrupamiento de fuerzas nacional-populares. Allí estará la Izquierda Nacional.

(1) Vote a Scioli desde la Izquierda,  por Víctor Ramos,. Perfil.com

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