Hay que reconstruir un socialismo nacional, popular y revolucionario

1302-494x295Gustavo Cangiano•
Socialismo Latinoamericano

Hay algo que es obvio: el FIT viene sufriendo un marcado retroceso electoral respecto de los comicios de 2013 y, también, de los de 2011. Lo insólito es que militantes del FIT se empeñen en dar la espalda a la realidad y presentar las derrotas como si fueran éxitos. Altamira, algo más prudente, dijo que los resultados “son modestos”. (Escuchar la palabra “modestia” en el hiperbólico vocabulario de Altamira, aplicándola a sí mismo y a su propio partido, es toda una novedad que merece celebrarse).


Pero veamos qué pasò en las elecciones porteñas del domingo último, tomando números redondos para no complicar la percepción de la realidad.

Dos de cada tres votantes a la izquierda dan la espalda al FIT

Sobre un padrón de 2.500.000 electores, el FIT obtuvo 40.000 votos. Esto significa un 1,6%. Pero como la partidocracia en su conjunto (FIT incluido) acuerda invisibilizar los votos en blanco y autoimpugnados no computándolos, para de ese modo inflar los porcentajes de los votos propios, los 40.000 votos deben calcularse sobre el 70% del padrón que fue a votar, y el resultado es 2,3%.

Concedamos entonces que el FIT obtuvo el 2,3% de los votos. ¿Debe considerarse este porcentaje un éxito o una derrota? Un militante del PO entró a la clase que yo estaba dando el lunes pasado en la Facultad de Ciencias Sociales y explicó a los estudiantes que el FIT había hecho “una gran elección”. Me indigné. Doy clases de metodologìa y estadística y no puedo aceptar livianamente que alguien entre a la clase y confunda a mis alumnos diciéndoles que sacar el 2,3% de los votos (menos en realidad) implique alguna clase de triunfo. Le formulé al militante de PO una pregunta “popperiana”: si sacar el 2% de los votos implica una victoria, ¿qué porcentaje implicaría una derrota? La respuesta fue insólita: que en Mendoza las proyecciones electorales le dan al FIT un 14%. (Tengo 70 u 80 estudiantes como testigos de lo que cuento, así que créanme). ¿Alguien puede decirme qué tiene que ver esta afirmación del militante de PO con lo que yo había preguntado?

Uno podría decir que el 2,3% implicaría no una victoria pero sí un avance, en el caso de que fuera un crecimiento respecto de las elecciones inmediatamente anteriores. La idea de que crecer un poquito en cada elección es algo bueno no suena demasiado “trotskista”, sino que parece muy “socialdemócrata”. Pero algo es algo. Ahora bien, ¿es eso lo que ha ocurrido?

Veamos:

Año 2013, elecciones legislativas, FIT: 101.000 votos, o sea, 5,6% de los votantes (5% sobre el padrón). Es decir que respecto de las elecciones anteriores, el FIT perdió 3,3 puntos porcentuales, lo que significa 60.000 votos menos, o una pérdida del 60% de los votos. ¿Puede hablarse de “éxito electoral” o algo parecido, ante la contundencia de estos números?

Veamos todavía otro aspecto de la cuestión. El FIT aspira a representar a la “izquierda dura” del país. ¿Han confirmado los números de las elecciones del último domingo esta pretensión?

Veamos:

Zamora: 2% de los votos
Camino Popular 1,5% de los votos
MST: 0,9% de los votos
MAS: 0,3% de los votos

Me detengo acá y no agrego el 0,5% de ALBA, el 0,3% del PH, el 0,2% de Tumini, que también aspiran a expresar a la izquierda). Si sumamos los porcentajes de Zamora, CP, MST y MAS, tenemos 4,7% de los votos. Esto significa que el FIT obtuvo alrededor de una tercera parte del total de los votos reunidos por las diferentes alternativas de la “izquierda dura”: de cada 3 votantes a la izquierda, 2 no votaron al FIT.

La conclusión es la siguiente: el FIT no sólo no consiguió constituirse como una corriente de peso electoral en la polìtica argentina, sino que tampoco consiguió convertirse en el polo de referencia del conjunto de las organizaciones de izquierda (recordemos que el FIT está integrado por 3 partidos y algunas otras fuerzas menores adherentes, es decir, que no es una única organización centralizada, lo cual relativiza aún más su pretensión). Ante estos datos irrefutables, ¿dónde está el “éxito” alcanzado por el FIT el domingo último.

Retroceso del FIT en todo el país

Por si esto fuera poco, si añadimos al análisis los resultados obtenidos en Salta, Mendoza, Santa Fe y Neuquén, veremos que las cosas no son mejores para el FIT. En Neuquén obtienen un 4,5% de los votos, mientras que en 2013 habían superado el 9%. En Salta también retrocedieron, y en Mendoza se mantuvieron más o menos estables (allí tiene presencia el PTS, no PO). En Santa Fe alcanzaron rasguñando el 1,5% que les permite no quedar fuera de las elecciones nacionales.

Por muchos artilugios matemáticos y de otra índole que intenten los analistas de la ultraizquierda, lo cierto es que en términos electorales siguen ocupando un lugar absolutamente marginal y que los resultados se inscriben en la tendencia natural que viene de décadas atrás.

Cuando el socialismo se divorcia de lo nacional-popular

El compañero Santiago Gándara, militante de PO y dirigente de AGD, me retrucaba ayer: “pero el FIT está presente en todas las luchas, en la calle, en los sindicatos, en los movimientos sociales”.

Eso es cierto. ¿Pero cuál es el significado político, objetivo, de este fenómeno? En mi opinión, el siguiente: buena parte de la vanguardia militante de los trabajadores y de la juventud estudiantil es atraída por las organizaciones ultraizquierdistas que componen el FIT (o por otras que no lo componen pero lo compondrían, si se lo permitieran). Una vez atraídas, el FIT las extravía en un hiperactivismo estéril que las aísla del grueso de la clase trabajadora y de la juventud. O sea, la ultraizquierda cumple una función políticamente reaccionaria al aislar a la vanguardia de las masas y al privar a las masas, en consecuencia, de una vanguardia capaz de articular sus intereses históricos (el socialismo) con sus intereses más inmediatos (los que surgen del contenido nacional-popular de las luchas cotidianas). El socialismo divorciado de lo nacional-popular, se convierte en vocinglería vacía, no pocas veces funcional a los intereses de la derecha más reaccionaria, y las banderas nacional-populares, sin la perspectiva del socialismo, pierden de vista el horizonte superador. De un lado queda Altamira con su eterno 2%, y del otro… ¿Scioli? Difícil imaginar una alternativa más trágica para los intereses populares.

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