En 1973 ¿el FIP debió haber ingresado al FREJULI?

Una organización socialista y consecuentemente revolucionaria debe formar parte del Frente Nacional (el “frente único antiimperialista”, como lo llamaba Trotsky), pero debe mantener su propio perfil independiente. No debe subordinarse a la conducción de un representante de la burguesía nacional o de la pequeña burguesía.

Gustavo Cangiano •  26 enero 2011

Cuando se constituyó el FREJULI para levantar la candidatura de Cámpora en las elecciones del 11 de marzo de 1973, la Izquierda Nacional organizada por entonces en el FIP decidió no sumarse, y presentó fórmula propia: Ramos-Silvetti. Las razones de esa determinación fueron explicadas hasta el cansancio, y se sintetizan en el hecho de que una organización socialista y consecuentemente revolucionaria debe formar parte del Frente Nacional (el “frente único antiimperialista”, como lo llamaba Trotsky), pero debe mantener su propio perfil independiente. Es decir, no debe subordinarse política, organizativa o ideológicamente a la conducción de ese Frente Nacional ejercida por un representante de la burguesía nacional o de la pequeña burguesía. Existen, por tanto, dos clases de errores que hay que evitar: 1) el error de la izquierda que desconoce la existencia del Frente Nacional y en nombre de un “clasismo” mal concebido termina siendo funcional al imperialismo cuando invoca la táctica del “frente único proletario”; este error supone desconocer la naturaleza semicolonial del país; 2) el error de la izquierda que se sumerge en el Frente Nacional encolumnándose tras la jefatura del líder bonapartista que en última instancia expresa los intereses nacional-burgueses. El primer error es aquel en el que incurren grupos de ultraizquierda como PO, PTS, etc. El segundo error es aquel en el que incurre la llamada “izquierda peronista” (Cooke, Hernández Arregui, Puiggros, y sus discípulos de hoy más o menos kirchneristas).

Tenemos, entonces, tres grandes líneas estratégicas dentro de la izquierda argentina: 1) la de la izquierda “clasista”; 2) la de la izquierda peronista, o nacionalismo de izquierda, o izquierda movimientista; 3) la Izquierda Nacional. Naturalmente, la coyuntura política determina posicionamientos tácticos que pueden borronear transitoriamente las fronteras entre cada una de estas líneas. Pero, en lo fundamental, las líneas siempre están presentes, puesto que se corresponden con determinaciones estructurales del país semicolonial. La importancia del no ingreso del FIP al FREJULI en 1973 consistió en que en un período de agudización de la lucha de clases resultaba particularmente importante acentuar el propio perfil, distinguiéndolo tanto del nacionalismo burgués que hegemonizaba el Frente Nacional como del bloque oligárquico-imperialista que se le oponía y, también, de las otras dos líneas, equivocadas, por las que transitaba la izquierda argentina.

Pero resulta que ahora, al cabo de los años, hay quienes dentro de la Izquierda Nacional pretenden revisar aquella decisión táctico-estratégica. Y no lo hacen sólo por interés historiográfico, sino, fundamentalmente, por razones de política presente: quieren ingresar al kirchnerismo, al cual, sin fundamento, homologan con aquel Frente Nacional liderado por Perón hace 40 años.

FIP-Frejuli

En el libro de Alberto Regali, que desde una perspectiva peronista pasa revista a la hisoria de la IN, se citan palabras del propio Ramos avalando la autocrítica por no haber ingresado al FREJULI. Dice Ramos en el momento de proponer la disolución del FIP-MPL y el ingreso al menemismo: “Y nosotros estábamos en el FIP, o sea, estaba Spilimbergo y el ala proletaria, y no entramos (al FREJULI). Había dentro del FIP, dentro de nuestra histórica tendencia, la presión de las fuerzas antiperonistas con una muy buena posición marxista pero no con una buena posición nacional. Y no entramos al FREJULI por eso: yo era minoría siempre en el FIP (…) El hecho es que se hace el 11 de marzo y entonces ya que nosotros no entrábamos, el partido me propone a mí como candidato (…). Siempre estábamos entreverados con el peronismo, pero del lado de afuera”. El testimonio del ex militante Cacho D’Angelo, proporcionado a Regali en 2008, apunta en el mismo sentido. Ramos le habría dicho a D’Angelo: “Usted no sabe lo que era discutir en aquella época con Calello, Spilimbergo, no se podía pensar ni siquiera la alternativa de ir con el peronismo. El partido se hubiera hecho mierda”.

Todo aquel que conoció desde adentro el PSIN, el FIP y el MPL sabe perfectamente que lo que Ramos dice no puede ser cierto: su peso en la estructura partidaria era de tal magnitud que resulta impensable que el Partido siguiera un rumbo contrario a su voluntad. Regali lo reconoce: “Este discurso, de 1994, poco antes de su muerte, está impregnado de justificaciones subjetivas, tal vez porque en esta ocasión deseaba convencer a sus partidarios de ingresar al peronismo. En la estructura del PSIN, y luego la del FIP, nadie dejaba en minoría a Ramos”. Y añade una prueba indirecta de que Ramos miente: “Ningún texto de época es demostrativo de lo que anacrónicamente Ramos aseveró en este último pasaje de su vida”.

Observa con razón Regali que fue desde el “giro doctrinario” impuesto al FIP por Ramos a partir de su VII Congreso de 1978 cuando comenzó a circular la idea de que había sido un error no ingresar al FREJULI en 1973. Cita las siguientes palabras de Alberto Guerberof: “Nuestra postura de repudio global a todo el aparato político y sindical del peronismo hoy podemos juzgarla sectaria e izquierdista. No consultaba la realidad, la simplificaba. Los hechos posteriores, entre ellos los mismos resultados del 11 de marzo, demostraron que ese repudio no estaba tan extendido ni era tan categórico ni tan intenso como pudimos suponer al adoptarlo como consigna de agitación electoral”.

Regali, que reconoce que en 1972 o 1973 nadie, y Ramos menos que nadie, objetaba la decisión de apoyar crítica e independientemente al peronismo sin ingresar al FREJULI, cree sin embargo que “la evaluación de la situación política había sido incorrecta”, y que el FIP debió haber ingresado al FREJULI. Tenemos  entonces los siguientes datos:

  1.  en 1972/73, en un periodo signado por la agudización de la lucha de clases, la Izquierda Nacional militantemente organizada decide aplicar la consigna “marchar separados y golpear juntos”, que expresa la línea estratégica de los socialistas en los países semicoloniales;
  2.  a partir de 1978, en pleno auge de la contrarrevolución triunfante en 1976, y tras un “giro doctrinario”, surgen en el FIP voces como la de Guerberof, que consideran “sectaria e izquierdista” la línea partidaria seguida en el período precedente;
  3.  hacia 1994, cuando a raíz de un nuevo “giro doctrinario” Ramos decide disolver lo que quedaba en pie de su partido e ingresar al menemismo, y en medio de una situación internacional de ofensiva imperialista, aparecen las inverosímiles declaraciones acerca de la exclusiva responsabilidad de Spilimbergo y Calello en la línea de 1973;
  4. en 2010, la misma autocrítica respecto de la negativa a ingresar al FREJULI aparece en el libro de Alberto Regali, hoy militante justicialista, quien expresamente dice una y otra vez que el socialismo de la Izquierda Nacional fue poco menos que una utopía irrealizable.

Es decir: la crítica a la línea del FIP en 1973 procede de quienes por uno u otro camino se apartan (el Ramos menemista o el Regali “delasotista”) o tienden a apartarse (el caso de Guerberof en 1978) del socialismo de la Izquierda Nacional.

Cabe concluir, entonces, que la reciente crítica de Norberto Galasso al FIP del 73 por no haberse sumado al FREJULI se inscribe en la corriente de las mencionadas autocríticas inspiradas en condiciones objetivas hostiles para el movimiento popular (¡hoy mismo no existe, fácticamente, el Frente Nacional Antiimperialista!). Y cabe concluir, además, que si muchos ex militantes del FIP dejan que Galasso critique a la Izquierda Nacional militante por su posición táctico-estratégica de 1973, ello se debe a que ellos mismos han roto con sus viejas posiciones. Han transitado desde el socialismo de la Izquierda Nacional hacia un izquierdismo movimientista dispuesto a hacer seguidismo a la burguesía nacional.

 

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