El gobierno proimperialista de Macri se viste de verde

La ideología ecologista utilizada
como tapadera de la continuidad
de los negocios

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En el gobierno de los CEO de las grandes transnacionales también son reclutados los representantes de las ONG transnacionales como Greenpeace y WWF, quienes ayudan a darle al gobierno de Macri una pátina verde, un aire moderno, progresista y preocupado por el destino del ambiente que dejaremos a nuestros nietos.

 

Guillermo Hamlin • 29 de diciembre de 2015

Como era de prever, finalmente concluyó la COP21, la Cumbre Climática en París, sin pena ni gloria. Había sido convocada por las Naciones Unidas, con el mismo tono alarmista de siempre: “la última chance para salvar el planeta”. Lo ridículo de esta afirmación queda ostensiblemente opacado por el cinismo del presidente de los EE.UU., Obama, quien manifestó que “el cambio climático es la mayor amenaza que enfrenta la humanidad”. Dicho al tiempo que el capitalismo mundial, que él mismo lidera, responsable de la guerra, miseria, hambre y enfermedades que aquejan al mundo subdesarrollado, continúa con el saqueo de sus recursos naturales, entre ellos los denostados “combustibles fósiles”, por medio de guerras coloniales, invasiones y la financiación del terrorismo para el logro de sus fines. La desesperación de estos pueblos, que en su deseo de huir del hambre y la guerra emigran en masa de sus países –teatro de operaciones bélicas de Occidente– hacia Europa, provoca el debate entre posiciones xenófobas y liberales ante el reflujo inmigratorio que es “efecto colateral no deseado” del secular saqueo colonial. Ni qué hablar de la verdadera amenaza a la paz mundial que representan las operaciones de presión de los EE.UU. sobre Rusia en Siria y Medio Oriente, y sobre el mar de la China en Asia, dado que el imperio yanqui no se resigna a un mundo multipolar. Todas estas cuestiones son ocultadas, deformadas o, según el caso, negadas por los medios de difusión en manos del imperialismo transnacional.

El documento final de la COP21 no es vinculante. El primer interesado en esto fueron los EE.UU., debido a que el Congreso, dominado por los republicanos, acababa de votar en contra de cualquier aporte a los 100,000 millones de dólares al año que se necesitarían para “ayudar” a los países de menores recursos a “enfrentar el cambio climático”. En el lavado texto, llamativamente, no se mencionan los combustibles fósiles ni las energías renovables. Sin embargo, se lo difunde como “un acuerdo histórico”.

Los distintos países presentaron propuestas voluntarias de reducción de emisiones que, contabilizadas con la peculiar aritmética de los modelos climáticos del IPCC, que desde 1988 vienen fallando por mucho en sus pronósticos, informan con sospechosa precisión “que es insuficiente” y que con ello se alcanzarán incrementos de 2.5 grados Celsius. Pero el convenio tiene previstas revisiones voluntarias antes de 2018, ya que se fijó el objetivo para el año 2020 de aumentos de temperatura por debajo de los 2 grados Celsius.

La redacción de este acuerdo de París, que fue firmado por 195 países, configuró una gran tarea diplomática; abarca posiciones e intereses muy disímiles, desde los de las Islas Marshall, supuestamente amenazadas por el crecimiento de los mares, hasta la de Rusia, con Putin declarando que el “calentamiento global es un fraude utilizado como arma geopolítica contra Rusia y otros países para detener su crecimiento industrial”. Lo que denuncia Putin lo hemos venido denunciando en este sitio desde el año 2008. Realmente a la mayor parte del público le es difícil comprender, entonces, por qué fue calificado como un “acuerdo histórico”, como un éxito en la lucha contra el “cambio climático”. Desde luego, era de esperarse que fuera calificado así por sus organizadores, las ONU y el IPCC, Obama y también el país anfitrión, Francia. Pero quienes realmente lo celebraron fueron los hombres de negocios. Por allí empieza a asomar la punta del ovillo. Por lo menos, una de las puntas.

El sábado 12 de diciembre de 2015 se publicó en el matutino Clarín, firmada por Marina Aizen, una entrevista a Steve Sawyer, secretario general del Global Wind Energy Council, es decir, secretario del Consejo Global de Energía Eólica. Según dice Sawyer y repite Aizen, Argentina, mediante la energía eólica de la Patagonia, ¡podría satisfacer la necesidad eléctrica de América Latina 27 veces! Dejemos de lado por un momento esta imbecilidad para describir otra parte de la entrevista. Sawyer revela que en marzo aterrizará en Buenos Aires y ya piensa en inversiones de miles de millones de dólares; se puso a ver a quién conocía en Buenos Aires y recordó a Juan Carlos Villalonga, compañero de militancia en Greenpeace. Como Villalonga fue el enviado del presidente Macri a la COP21, se juntaron en París y hablaron del asunto. Villalonga ya había propuesto un tiempo atrás y publicado el 6 de julio de 2013 también en Clarín en un artículo firmado por Marcelo Cantón, cerrar las plantas nucleares argentinas y reemplazarlas con generadores eólicos. Podemos refutar brevemente la propuesta de Sawyer de exportar energía eléctrica generada en la Patagonia a toda América Latina señalando que nuestro continente consumió en el año 2010 1,073 TWh/año. Un TWh es un millón de MWh. Multiplicando por 27 aquel número nos da 28,971 TWh/año, que es, de acuerdo con Sawyer, la capacidad potencial de energía eólica de la Patagonia. La tecnología actual ha desarrollado enormes generadores eólicos de 8 MW de potencia. Se necesitarían, si se hace la cuenta, ¡3,621 millones de generadores eólicos! ¡Pavada de ambiciones de venta tiene Sawyer! ¡Un delirio descomunal! Pero su compinche Villalonga, que viene recomendando a la Argentina desde hace años la conveniencia de utilizar la energía eólica, había desalentado el desarrollo local de aerogeneradores que había comenzado el INVAP con el argumento de que no sería rentable por una cuestión de escala, que había países que ya tenían desarrollos maduros, ¡y que era conveniente la importación! Ahora, ambos ex militantes de Greenpeace se preparan para vender molinos eólicos a la Argentina (tal vez lo de verde se refiera a los dólares que piensan ganar).

De todas maneras, en el gobierno de Macri ya se está hablando de este tema. Más aun, ya ha comenzado la campaña mediática de su necesidad. En C5N ya se ha visto y escuchado a Sergio Federovisky criticando la utilidad de las represas en ocasión de inundaciones como las actuales, y al periodista que lo acompañaba, Graña, denunciando que las represas hidroeléctricas siempre remiten a “curros” y que es mucho más conveniente instalar energía eólica, tan limpia.

No cabe duda que la energía eólica y otras renovables como la fotovoltaica pueden formar parte de la matriz de generación eléctrica nacional, como un complemento de un parque de provisión masiva y de bajo costo, con la energía nuclear, la hidráulica y la termoeléctrica, las cuales deberán asegurar la provisión del vital fluido en todo momento si pretendemos volver a ser un país industrializado.

Una posición llamativa que siempre han tenido tanto Greenpeace como el WWF y otros ambientalistas es la del rechazo tanto a la energía nuclear como a la hidráulica, las que por su provisión masiva y de bajo costo podrían efectivamente reemplazar los combustibles fósiles. Por otro lado, recomiendan las energías solar y eólica, que por sus limitaciones de volumen de generación y de intermitencia del servicio nunca lo podrían hacer. Es decir que estas campañas propulsadas por las ONG ambientalistas, en la práctica, siempre jugaron a favor y no en contra del consumo de los combustibles fósiles. Shell, entre otros, agradecido.

El ejemplo más claro de esto es la política de Alemania de cerrar sus centrales nucleares (que no emiten dióxido de carbono), influenciado el gobierno alemán por su alianza política con el poderoso Partido Verde. Para suplir el déficit energético que esto supone, dicho gobierno instaló en agosto de 2012 una central termoeléctrica de 2,200 MW abastecida por carbón, y tiene en proyecto varias plantas termoeléctricas más a base de carbón que importa de Polonia. Alemania, el país que tiene la mayor capacidad de energía eólica instalada en el mundo, el 34% de su capacidad instalada total, solamente entrega a la grilla eléctrica el 6%, debido a que el factor de utilización (el tiempo en que los molinos generan) es de 17.5%. Esto significa que el resto del tiempo centrales de respaldo basadas en combustibles fósiles deben entregar la energía restante para no provocar apagones. Esto es controlado por computadoras que ordenan parar y arrancar a las centrales termoeléctricas de apoyo, las cuales sufren un desgaste y una merma tal de su eficiencia en el consumo de combustible que el sistema de generación eléctrico alemán consume más combustibles fósiles que si no tuviera su parque eólico. Este detalle no es señalado por los vendedores de molinos eólicos. (1)

El actual ministro de Energía y ex CEO de Shell, Aranguren, había hecho mención a la posibilidad de invertir en energía eólica. Shell, en el plano global y específicamente en los EE.UU., se está enfocando en inversiones de ese tipo, atento a los subsidios que en dicho mercado se destinan a la energía eólica. Por supuesto, no es que Shell se desvincule de las operaciones con hidrocarburos, sino que, puntualmente, debido a la caída de los precios del petróleo, dirige inversiones hacia el rubro eólico. Tan poco se desvincula de los hidrocarburos que está por inaugurar una planta de producción de LNG (gas natural licuado) en el Golfo de México, para la exportación de los excedentes de la producción norteamericana de gas derivados de la revolución del fracking en dicho país. Sabemos que la Argentina está importando el déficit de gas natural desde Bolivia y desde Qatar. Si en lugar de importar de Qatar se lo hiciera de la costa Este de los EE.UU., donde Shell está instalando su planta, tanto los costos de flete como los de producción serían menores, lo que indicaría la conveniencia relativa de su importación desde los EE.UU. a través de Shell. En atención de las manifestaciones de Aranguren de que no es importante el autoabastecimiento hidrocarburífero, estas operaciones serían un escenario probable en el futuro mediato.

Más grave es la noticia publicada el 27 de diciembre en Clarín en un artículo firmado por Gonzalo Sánchez. Allí se anuncia que Macri analiza parar la construcción de las represas hidroeléctricas proyectadas en la Provincia de Santa Cruz, al señalar sorprendentemente, sin duda asesorado por algún genio de Greenpeace, que “existen 19 sistemas de generación eléctrica más económicos que el hidráulico”. Se lo anticipó a la viuda de Douglas Tompkins, en ocasión en que Christine McDivitt ratificó el compromiso de seguir trabajando para donar 150,000 hectáreas para la creación del Parque Nacional Iberá.

¿Quién era Douglas Tompkins, fallecido recientemente? Un empresario estadounidense que representaba a dos ONG: una es Conservation Land Trust (CLT), por medio de la cual compró grandes extensiones de tierras en la Argentina y en Chile. Cuatro estancias en la Patagonia argentina, y en Corrientes, junto al Iberá y sobre la mayor reserva de agua –el Acuífero Guaraní–, tiene dos establecimientos de 105,000 y 120,000 hectáreas cada uno, además de 765,000 hectáreas en Chile, con 11 aeródromos. La segunda ONG que representaba es la Fundación ECOS, la cual impulsa el manejo sustentable, o sea, expulsar a los habitantes de la zona para reducir a cero las actividades productivas. Tompkins es beneficiario de un proyecto PNUD/GEF financiado por el Banco Mundial, así puede cobrar los servicios ambientales (bonos de carbono) que las empresas que contaminan, como las petroleras, dan en contraprestación a estos ecologistas, en función de la superficie que pueden demostrar que han liberado de explotación agroindustrial. Era socio de la Fundación Patagonia Natural y la Fundación Vida Silvestre, la filial argentina del WWF presidido por el príncipe Felipe de Edimburgo. ¿Quiénes estaban detrás de él? Pues nada menos que la Fundación Rockefeller, el International Forum on Globalization, la Funders Network Trade & Globalization. Ted Turner, George Soros, la familia Ford, todos integrados a la banca y al poder mundial del capitalismo global, operan esta gran obra de teatro, mezcla de “filantropía con conservación”, o sea, de geopolítica con geoeconomía. (2)

Desde luego que esta futura donación a ser efectuada por la Conservation Land Trust al Estado nacional tiene sus condiciones, entre ellas la

de mantener el parque sin actividades humanas económicas, salvo el turismo. Es decir, no se puede vivir allí dentro ni realizar ningún trabajo (antes había pequeños productores de arroz y otras pequeñas producciones para consumo familiar, que fueron expulsados con diferentes métodos). Esto es coherente con la estrategia que para los parques nacionales ha desplegado el imperio británico en todo el mundo y que el imperio yanqui ha copiado. Se protege el ambiente y toda la biodiversidad botánica y zoológica y se expulsa al ser humano. Coincide también con la ideología de la “ecología profunda”, que es ecocentrista. De esta manera, el imperio conserva dichos territorios y sus recursos naturales en reserva para cuando los necesite en el futuro.

Otra noticia nefasta se difunde en el mismo artículo de Gonzalo Sánchez del 27 de diciembre pasado. Sergio Bergman, al ser designado ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, había manifestado su ignorancia en el tema, señalando que era cuestión de “sentido común”, por lo que aceptó rodearse de gente de reconocida trayectoria en el ambientalismo. Nombró a Diego Moreno, titular de la Fundación Vida Silvestre (World Wildlife Foundation, creación y dirección de la casa real británica), como secretario de Política Ambiental, y a Dolores Duverges, proveniente de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales, como secretaria de Planificación y Ordenamiento.

Es decir que en el gobierno de los CEO de las grandes transnacionales también son reclutados los representantes de las ONG transnacionales como Greenpeace y WWF, quienes ayudan a darle al gobierno de Macri una pátina verde, un aire moderno, progresista y preocupado por el destino del ambiente que dejaremos a nuestros nietos.

Así actúa el imperialismo, usando los instrumentos y la ideología del ecologismo y el poder del capitalismo global que penetran las permeables estructuras de estados semicoloniales como el nuestro, para continuar con sus negocios.

 

Referencias:
(1) “Energía nuclear: Argentina sigue en la buena senda”, de Guillermo Hamlin, en
(2) “Ecologismo”, de Alfredo César Dachary y Stella Maris Arnaiz Burne, editorial Biblos, p. 164 y siguientes.

 

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