Declaración de Socialismo Latinoamericano – Izquierda Nacional

Declaración de Socialismo Latinoamericano - Izquierda Nacional

Socialismo Latinoamericano • Izquierda Nacional

El año electoral comenzó con una formidable ofensiva política, de carácter reaccionario, contra el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. El primer escalón de esa ofensiva fue la denuncia presentada por el fiscal Alberto Nisman contra la Presidenta y otros funcionarios. Se les atribuía, sin fundamento alguno, haber pactado con Irán la impunidad de los responsables del atentado contra DAIA-AMIA. El segundo escalón fue la muerte del denunciante. Este hecho permitió desplazar el foco de atención desde el contenido de la denuncia hacia la suerte corrida por el denunciante. La fuerza de la que la denuncia carecía en virtud de su endeble contenido, la adquiría de pronto en virtud de la suerte corrida por el denunciante. El tercer escalón fue la llamada “marcha de los fiscales” o “marcha del 18F”. Los promotores de la embestida reaccionaria contra el gobierno de Cristina movilizaron a sus bases sociales intentando ganar la calle para sus objetivos inconfesables. Se trató, por tanto, de una auténtica Marcha de los Gorilas, como las que en 1955 precedieron el Golpe de Lonardi-Aramburu contra Perón, o como las que en 1973 precedieron el Golpe de Pinochet contra Allende en Chile.

Nosotros, la Izquierda Nacional militante agrupada en Socialismo Latinoamericano, no somos kirchneristas ni socialdemócratas reformistas o meros “progresistas”. Somos socialistas y revolucionarios.Creemos que las aspiraciones de emancipación nacional y social que animan a las grandes masas populares no podrán realizarse dentro de los marcos del capitalismo semicolonial que el kirchnerismo, objetivamente, no pone en cuestión. Hemos apoyado todas y cada una de las medidas que en esta década larga tomó el Gobierno en beneficio de los sectores populares, como la reestatización parcial de YPF, la recuperación de los fondos previsionales o la asignación de beneficios sociales a los sectores más desprotegidos. También apoyamos al gobierno en su enfrentamiento con las patronales agrarias y en su disputa todavía en curso contra las corporaciones mediática y judicial. Desde nuestra identidad antiimperialista y latinoamericanista, saludamos la resistencia del kirchnerismo a alinearse junto a Estados Unidos y contra los gobiernos populares de Venezuela, Bolivia o Ecuador. Y saludamos, también, la resistencia a allanarse a las pretensiones de los “fondos buitres”, que representan el rostro más monstruoso del capitalismo trasnacionalizado. Sin embargo, al mismo tiempo que apoyamos estas medidas, reclamamos nuestro derecho a señalar a los compañeros del campo popular que apoyan al kirchnerismo que ellas son insuficientes. Que la estructura económica y social de nuestro país, que es la madre de todos los males que padecemos, permanece inalterada en lo sustancial, así como la “atmósfera cultural” que la acompaña y que sirve para vehiculizarla. No es, por ejemplo, inundando el país con soja, las ciudades con automóviles y la conciencia colectiva con el “futbol para todos”, o con los shows de Tinelli, como se va a sustituir la formación social heredada de la contrarrevolución de 1976 por una nueva formación social que ponga fin a todas las formas de explotación y opresión.

Aclarado lo anterior, no vamos a dejar que las legítimas críticas que por izquierda puedan (y deban) formularse al kirchnerismo sean usufructuadas por los sectores polìticos y sociales que, si critican al kirchnerismo, no es para superarlo por izquierda, sino para quebrarlo desde la derecha. Los promotores del Caso Nisman y los manifestantes del 18F representan esta última perspectiva. Allí convergen el imperialismo yanqui y el sionismo —indignados por los arrestos de autonomía que suponen, por ejemplo, la firma del Memorándum con Irán o el reciente acuerdo con China— y la derecha vernácula, que aspira a triunfar electoralmente en octubre para regresar a los aciagos años del noventismo neoliberal. Son estos sectores, con el auxilio de la gran prensa, de la “familia judicial” y de la pequeñaburguesía cacerolera, los que motorizan el llamado “golpe blando”, es decir, la interrupción de una experiencia política que más allá de sus limitaciones y contradicciones contiene elementos incompatibles con el orden instituido de la Argentina semicolonial.

Hemos dicho, y lo reiteramos ahora, que la conspiración de la derecha vernácula y sus amos imperialistas debe ser enfrentada con el método de la movilización popular. Pero la movilización popular no puede agotarse en un acto aislado de apoyo pasivo a la Presidenta. La movilización popular implica el despliegue de una estrategia en la que los cuadros y militantes de las organizaciones populares estimulan la deliberación y el esclarecimiento polìtico de los trabajadores, los jóvenes y los sectores más dinámicos de la sociedad. “Movilizar para revolucionar”, en los barrios, en las escuelas, en los lugares de trabajo, y así cerrar el paso a una derecha política, social y económica que quiere, como mínimo, garantizar el triunfo de sus candidatos en octubre próximo. Es con este objetivo que los socialistas de la Izquierda Nacional adherimos a la Manifestación del 1M. No para gritar “viva Cristina” y volver a casa con la satisfacción de la tarea cumplida, sino para exigir al Gobierno que esté a la altura de las circunstancias y que convoque a la lucha contra los enemigos de la Patria y del Pueblo.

Socialismo Latinoamericano – Izquierda Nacional
28/02/15

 

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