De la profundización al ajuste del modelo

1224-494x277Osvaldo Calello.
(21/marzo/2014).

El programa de corte desarrollista aplicado por el kirchnerismo ha entrado en una nueva fase; la ausencia de cambios estructurales ha creado las condiciones de una crisis cuyo control ha quedado bajo el dominio de los factores tradicionales del poder

Los gobiernos kirchneristas se han sostenido en el poder durante más de una década sobre la base de una alianza de clases, uno de cuyos puntales ha sido el gran capital, cuyo núcleo dominante está integrado por las corporaciones extranjeras. En este sentido su programa económico ha constituido una solución de sesgo desarrollista, en cuya concepción la inversión imperialista desempeña un papel en el funcionamiento del patrón de acumulación, papel teóricamente necesario para aumentar la capitalización del proceso productivo y elevar los niveles de productividad de la economía. Esta idea, junto con el proyecto de desarrollar una burguesía nacional, constituyeron puntos estratégicos del programa kirchnerista.

“su programa económico ha constituido una solución de sesgo desarrollista, en cuya concepción la inversión imperialista desempeña un papel en el funcionamiento del patrón de acumulación”

A partir de esta orientación el “modelo productivo” desenvuelto desde 2003, cuyos orígenes se remontan a la salida de la crisis de diciembre de 2001, se diferenció del modelo neoliberal ortodoxo de valorización de la renta financiera que dominó bajo los gobiernos de Menem y De la Rúa.

Tras la violenta devaluación de comienzos de 2002 (el 29 % inicial llegó al 70 % un año más tarde) con pesificación asimétrica, que favoreció a los grupos económicos nativos que, endeudados en dólares, habían fugado capitales, y derrumbó el costo laboral, el proceso de acumulación recibió un formidable impulso, respaldado por una excepcional relación de intercambio en materia de comercio exterior. Hasta que las condiciones de la crisis mundial del capitalismo metropolitano comenzaran a hacerse sentir a partir de 2008, y antes que estallara el enfrentamiento del gobierno con la burguesía agraria, el “modelo” describió una curva ascendente.

Sin embargo los desequilibrios que se había ido acumulando, principalmente el déficit en las cuentas públicas y el creciente aumento de los precios, determinaron que una vez superada la recesión de 2009, la economía se aproximara a un estado de estancamiento. La ausencia de medidas de fondo para remover los factores estructurales, determinantes del funcionamiento de la economía desde el período neoliberal bajo mando del capital financiero, entre ellas una radical reforma impositiva, un programa de nacionalizaciones destinado a recuperar el control de los recursos naturales bajo dominio del capital extranjero y la derogación de legislación de entidades financieras promulgada por la dictadura, marcaron los límites en que habría de desenvolverse el “modelo productivo”, en cuyo horizonte no había espacio para la adopción de decisiones democráticas y soberanas, tales como la denuncia de los Tratados Bilaterales de Inversión de protección a la propiedad imperialista, la anulación de la jurisdicción del Ciadi y la supresión de la fracción de subsidios destinados al capital. Los acuerdos con el capital extranjero y la utópica pretensión de desarrollar una “burguesía nacional” en la presente fase de la mundialización del capital, fijaron en límites inamovibles todo lo que se podía realizar y todo lo que no, en el desenvolvimiento de un “modelo” que, en definitiva, no habría de quebrar los fundamentos de la dependencia semicolonial.

El talón de Aquiles del modelo

El punto vulnerable de la concepción de tinte desarrollista reside en el hecho de que la inversión extranjera tiene su propia lógica de comportamiento, orientada básicamente hacia la explotación extractiva de alta rentabilidad, los agronegocios, ciertos circuitos de comercialización vinculados especialmente a la exportación y el negocio financiero. Una orientación que no coincide con un proceso orgánico de industrialización, mientras que la promoción de la “burguesía nacional”, ha derivado en la creación de una burguesía palaciega, enriquecida a la sombra del favoritismo estatal, y en el desenvolvimiento de amplios márgenes de corrupción en las filas superiores de la burocracia.

En definitiva, la insuficiencia en cantidad y calidad de la inversión por parte de la burguesía nativa y extranjera, coincidente con la política de los “formadores de precios”, vale decir del capital monopólico, de encarecer el producto en lugar de aumentar la producción cuando la demanda se amplía, profundizaron los desequilibrios del “modelo” hasta el punto de colocarlo en una situación de crisis, como quedó en evidencia durante la devaluación de enero pasado.

habiendo renunciado a adoptar de medidas destinadas a quebrar la trama de relaciones estructurales construidas durante el período neoliberal (…), el ajuste tradicional del programa económico pero también de la línea política, se transformó para el gobierno kirchnerista en una necesidad inevitable, con vistas a afrontar la crisis

A esta altura, habiendo renunciado desde un comienzo a la adopción de medidas nacional-democráticas revolucionarias, destinadas a quebrar la trama de relaciones estructurales construidas durante el período neoliberal que se inició con la contrarrevolución de marzo de 1976, el ajuste tradicional del programa económico pero también de la línea política, se transformó para el gobierno kirchnerista en una necesidad inevitable, con vistas a afrontar la crisis. Los síntomas del ajuste están a la vista: presión de los funcionarios destinada a fijar el salario por debajo de la evolución de la inflación; corrección insuficiente del mínimo no imponible en el impuesto al salario, resolución extensiva a los topes fijados a la asignación universal; decisión de encarecer los servicios de gas y energía eléctrica vía reducción de los subsidios a las empresas, similar a la que ya se puso en práctica en el transporte de pasajeros en el área metropolitana… Intento de volver a los mercados financieros a partir de la “normalización” de las relaciones con la “comunidad internacional”: pago de las sentencias del Ciadi y de la deuda con el Club de París, deuda contraída en su mayor parte por la dictadura terrorista; búsqueda de un acuerdo con los “fondos buitres”; indemnización por 5000 mil millones de dólares (que pueden llegar a 6000) a Repsol, a pesar de que el Informe Mosconi presentado por la Intervención acusó a la multinacional de haber seguido una “estrategia depredatoria, de desinversión y desabastecimiento”. 

En su discurso del 1 de marzo, la presidenta Cristina Fernández no dejó dudas acerca de la naturaleza de clase de este ajuste. Descalificó las movilizaciones de protesta y anticipó que en lo sucesivo serán reguladas, vale decir reprimidas. Reivindicó la “solución Berni”, afirmando falsamente que el secretario de Seguridad había sido procesado por impedir un corte de ruta, ocultando el hecho de que el procesamiento se debió a que el funcionario dispuso, sin orden judicial alguna, la detención de los manifestantes en una guarnición militar. No conforme con esa grosera tergiversación, convalidó el escandaloso juicio contra los trabajadores petroleros de Las Heras, cuyo resultado ha sido la condena de inocentes y la impunidad para los autores del crimen del policía Jorge Sayago.

En el kirchnerismo ya no se habla de la “profundización del modelo”. Ahora la ilusión de los funcionarios se ha fijado en el mítico filón que creen haber descubierto en Vaca Muerta, y en la consiguiente asociación con el capital imperialista que, atraído por las fabulosas ganancias que promete el nuevo Dorado ubicado en la Patagonia argentina, debería dar nuevo impulso al desarrollo nacional.

Los trabajadores, por su parte, tienen otra perspectiva. No están dispuestos a retroceder de la línea demarcatoria que significó la insurgencia popular de diciembre de 2001, y en este sentido tienen una idea muy clara acerca del sentido antinacional de la partidocracia que desde la derecha, el centro y la centro izquierda, se ha constituido como oposición al kirchnerismo. Pero tampoco están dispuestos a seguir al gobierno cualquiera sea su rumbo, ni mucho menos a transformarse en la variable de ajuste de un modelo en crisis, mientras los bancos y la especulación financiera, los agronegocios y los monopolios cerealeros, las corporaciones de la megaminería y el petróleo y los grandes grupos industriales siguen acumulando ganancias. Saben que la única forma de defender las posiciones alcanzadas es avanzando, y están dispuestos a constituirse en el núcleo central de una voluntad colectiva dispuesta a dar batalla.

http://www.izquierdanacional.org/soclat/articulos/de_la_profundizacion_al_ajuste_del_modelo/

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