Contra los inquisidores del siglo XXI. Los fascistas y la industria del holocausto

Hay que impedir que se obstruya el debate político e historiográfico con disposiciones legales represivas, como pretenden los que propician penalizar la “negación del Holocausto”. De ninguna manera ellos se proponen “combatir el fascismo”, como suelen decir. ¡Ellos son el fascismo de nuestra época!

 

Por Horacio Silva
Nota al lector: escrito en julio de 2011, este texto adquiere vigencia ante la recurrente manipulación del caso Nisman.

 

Cuando Luis D’Elía se presentó hace ya algunos años en la causa judicial por el atentado contra la AMIA (¿o contra la DAIA?) exigiendo que se investigara la hipótesis de un autoatentado, la presidenta declaró lo siguiente: “Los disparates son disparates, pongámonos contentos de estar en un país donde tenemos el derecho de decir disparates.”

Pero quienes no se pusieron contentos de que en el país se ejerciera el derecho a la libertad de opinión, son precisamente los que se llenan la boca invocándola. El diputado Carlos Comi, del partido de Elisa Carrió, denunció a D’Elía “por violar la ley antidiscriminación y fomentar el odio contra la comunidad judía”. En igual sentido se pronunció el macrista Federico Pinedo, quien exigió que el INADI iniciara una investigación acerca de los últimos dichos de D’Elía sobre la comunidad judía. No podía faltar en este coro de obsecuentes, naturalmente, la voz de los patrones. El embajador israelí Daniel Gazit dictaminó que “las palabras del señor D’Elía se inscriben en la misma línea que sostiene su mentor Ahmadinejad, que niega el Holocausto”.

Hay que aclarar que el Holocausto al que se refiere el señor Gazit no es el que viene sufriendo el pueblo palestino desde hace más de medio siglo, cuando los sionistas se apropiaron de un territorio ajeno invocando derechos divinos concedidos a sus presuntos antepasados hace tres mil años. No. El Holocausto al que se refiere es el que sufrieron en el siglo pasado los judíos europeos, de cuya tragedia los sionistas se consideran gerenciadores vitalicios.

 

Holocausto: “negacionistas” y “exterminacionistas”

El cacareo sobre el “holocausto” cumple una función precisa en el nuevo orden imperialista resultante de la derrota de las potencias nazifascistas frente a las potencias “democráticas”: opera como “mito fundacional” que permite legitimar el statu quo y, particularmente, legitimar la existencia de ese engendro que es el Estado Sionista en Medio Oriente, en pleno corazón de la inconstituida Nación Árabe. Es esta función la que confiere un carácter reaccionario a todo el asunto. Por ejemplo, para no hablar de los muertos y heridos que las periódicas incursiones israelíes producen en Gaza, mejor hablemos de los “seis millones” de muertos en Europa hace más de medio siglo. Está claro en estas condiciones que la “negación” de esos “seis millones” no es un atentado a la “memoria histórica” sino a los intereses políticos presentes y futuros de quienes medran con esa “memoria”. Hay un libro estupendo que explica con rigor y claridad esta operación político-ideológica del sionismo y del imperialismo, que se viene repitiendo sin solución de continuidad al menos desde 1967: La industria del Holocausto, de Norman Finkelstein, editado en el país por Siglo XXI hace ya unos años.

Se pretende enviar a la cárcel a quien diga que no fueron seis millones los judíos asesinados por Hitler. ¿Habrá que mandar a la cárcel también a quien diga que no fueron 30 mil los desaparecidos en Argentina? ¿A los redactores del “Nunca Más”, por ejemplo, que dicen que los desaparecidos fueron unos 9 mil? ¿O a Pilar Calveiro, por ejemplo, que dice que fueron unos 15 mil? ¿O a Beatriz Sarlo, por lo que dice en el libro Tiempo pasado? Si vamos a meter presos a todos estos “negacionistas” que hacen la “apología del genocidio”, ¿por qué no meter presos también a quienes en la escuela pública difunden las obras de Sarmiento y de José Ingenieros, por ejemplo, que proclaman la superioridad del “hombre blanco” y exudan odio y desprecio hacia el argentino indígena y de tez morena?

Hay que impedir que se obstruya el debate político e historiográfico con disposiciones legales represivas, como pretenden los que propician penalizar la “negación del Holocausto”. De ninguna manera ellos se proponen “combatir el fascismo”, como suelen decir. ¡Ellos son “el fascismo” de nuestra época!

El propósito que persiguen no es tapar la boca a los nostálgicos del nazismo, que son el adversario ideal que cualquiera desearía tener, sino a las fuerzas progresistas y de izquierda que empiezan a advertir la funcionalidad reaccionaria de la “industria del Holocausto”. Es aquí oportuno recordar que el fundador de los “revisionistas” –llamados “negacionistas” por la Historia Oficial– fue Paul Rassinier, un socialista francés que estuvo en un campo de concentración hitleriano, y que otro de los revisionistas más célebres es Roger Garaudy, el famoso filósofo marxista francés.(1)

Hace un par de años el rabino Daniel Goldman declaró: “Nuestro país camina hacia una posición similar a la sostenida en el presente por Alemania, Austria y Francia, entre otros, sancionando penalmente a cualquier individuo que tergiversa la verdad histórica acontecida durante la Segunda Guerra Mundial.” Pero, ¿cuál es esa “verdad histórica”? ¿La que construyeron con su ejército de juristas, profesores, periodistas y expertos en acción psicológica los imperialistas triunfantes en la contienda? ¿Qué clase de razonamiento es el de estos nuevos inquisidores, que pretenden imponer a los investigadores el resultado de la investigación antes de que empiecen a investigar? ¿Por qué razón está permitido “negar” los crímenes de los belgas en el Congo, de los yanquis en Vietnam, de los chinos en el Tíbet, de los Cruzados del siglo XI en Jerusalén o de los israelíes en Palestina, pero no está permitido “negar el holocausto”? Más aún: ¿por qué llamar “Holocausto” (un término con connotaciones bíblicas, metahistóricas) a uno de los tantos crímenes monstruosos que se han cometido en la historia de la humanidad? ¿Por qué nosotros, argentinos y americanos, que nacimos a la vida moderna con el exterminio de 50 millones de indígenas, vamos a considerar “único”, “especial”, “irrepetible” (“¿se puede seguir pensando después de Auschwitz?”, filosofan y exageran muchos autores sionistas y filosionistas) el exterminio de judíos europeos a manos del nazismo?

 

Contra los nuevos inquisidores

Hace unos años el Fondo de Cultura Económica editaba en nuestro país, bajo el título Fascismo y comunismo, las cartas intercambiadas por dos historiadores académicos europeos de renombre: el francés François Furet y el alemán Ernst Nolte. Este último reflexionaba en los siguientes términos acerca de los autores revisionistas que en Europa son perseguidos y encarcelados por poner en entredicho las afirmaciones de la historia oficial: “Tengo un interés vital en que el revisionismo no tenga razón. Por eso me siento obligado a plantear la cuestión de saber si el revisionismo dispone de argumentos o si, de hecho, no es más que una agitación repleta de mentiras. No me asocio, entonces, a quienes quieren movilizar a los fiscales y a la policía en su contra.” Tras enumerar muchos de los aportes revisionistas a la desmitificación histórica (que en Auschwitz no murieron cuatro millones de judíos; que las confesiones de Rudolf Hoss, comandante del campo, fueron extraídas bajo tortura; que muchas de las denunciadas gasificaciones de prisioneros eran técnicamente imposibles de realizarse), Nolte concluye: “Debe responderse a los argumentos revisionistas con otros argumentos, y no iniciando proceso.” Tal vez esta misma convicción haya sido la que condujo al lingüista Noam Chomsky a prologar la obra de un reconocido revisionista como Robert Faurisson.

Los socialistas y los revolucionarios no proponemos mandar a la cárcel a quienes sostienen puntos de vista diferentes a los nuestros. Damos la batalla ideológica y derrotamos en el terreno de las ideas a nuestros enemigos. Anticipamos con las “armas de la crítica” la próxima y triunfante “crítica de las armas”.

 

Notas

1 Su libro revelador, sustantivo y documentado, Los mitos fundacionales del Estado de Israel, fue censurado y el autor estigmatizado, se lo puede obtener en pdf: http://www.sicapacitacion.com/lib/Garaudy,%20Roger%20-%20Los%20mitos%20fundacionales%20de%20la%20politica%20Israeli.pdf

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