Con la ayuda de Altamira y el FIT: el macrismo seguirá gobernando CABA

Gabino Correa •

Altamira

Pocas veces como el domingo 5 de julio de 2015 se puso de manifiesto la funcionalidad de la pequeña burguesía ultraizquierdista para la derecha más reaccionaria. Ese 2 % de votos que le faltó a Lousteau para expulsar al PRO de la fortaleza que ocupa desde hace una década, y desde la cual  pretende expandirse tentáculos hacia todo el país, fue el que Altamira y sus socios del FIT se negaron a proporcionarle.

Ciertamente, el rejunte de fuerzas que impulsaba la candidatura de ese Rodríguez Larreta con rulos que es Lousteau, estaba lejos de representar una alternativa nacional-popular o de izquierda al macrismo. No obstante ello, una poderosa razón aconsejaba a los sectores populares de CABA a votar por Lousteau y sus impresentables promotores. Había que optar entre un enemigo poderoso verticalizado tras un empresario estrechamente vinculado al capital trasnacionalizado y a factores de poder foráneos o un monigote inventado de manera oportunista por un entramado de fuerzas atravesado por profundas contradicciones internas. Había que optar entre un enemigo poderoso y un enemigo políticamente débil. Sólo un traidor consciente o un redomado imbécil puede desestimar esta diferencia sustantiva entre las dos alas del bloque enemigo pretextando que “son lo mismo”.

Claro que un gato y un león “son lo mismo” en tanto que ambos son felinos que nos rasguñan o muerden. Pero, ¿diríamos que “son lo mismo” si se nos presentará la circunstancia de tener que enfrentarnos a uno u otro? Para la ultraizquierda, de la supuesta condición de “candidaturas patronales” de todas las fuerzas políticas (excepto la propia) se derivaría la necesidad de mantenerse neutral en la disputa entre ellas. Pero esto es absurdo. A los sectores populares, culturalmente, puede convencerles confrontar con un “patrón” antes que con otro. Si le preguntábamos a Altamira si “son lo mismo” PO que el PTS, o que el MST u otras fuerzas de izquierda y “antipersonales”, respondería que no. Y si no son “lo mismo” las fuerzas “antipersonales”, ¿por qué deberían serlo las “patronales”?

La derrota electoral del PRO en CABA hubiera abierto una profunda crisis política en el campo enemigo de los trabajadores y el pueblo. El principal armado de la derecha imperialista, el que opera en la política argentina no sólo como una amenaza real, sino como posibilidad de chantaje dentro del kirchnerismo ante los reclamos de “profundizar el modelo”, habría sufrido un fuerte sacuden. Pero aunque formalmente el PRO ganó la segunda vuelta, el exiguo margen de su victoria (sólo 850 mil votos sobre un0008132921 padrón de 2,5 millones, y un bloque antifascista de casi 900 mil votos) ha causado un cabronazo, como lo evidencia el desesperado intento de reconocimiento discursivo de su candidato.

Mientras el camino hacia la elección presidencial de octubre sigue abierto, la duda es si Macri ya se habrá comunicado con Altamira para agradecerle los servicios prestados.

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