El Proceso: su origen y consolidación

Breves apuntes para la reflexión y el debate (1 de 6)

El Proceso 1976-2018 no parece tener fin. Es imprescindible liquidarlo, construyendo un nuevo sistema político e institucional con base en la lucha organizada de las nuevas generaciones.

 

Por Daniel N. Moser

En el nacimiento de la Patria, San Martín, Moreno, Belgrano, Artigas y tantos otros patriotas se enfrentaban a Rivadavia, Alvear y compañía,(1) los Macri de su época. Doscientos años después, la grieta entre patriotas y oligarcas cipayos mantiene su vigencia con la constancia del triunfo de los segundos y el agregado de que hoy faltan patriotas de la talla de San Martín, Moreno y sus semejantes.

Los ganadores de entonces escribieron la historia “oficial”, la que se enseña en las escuelas desde la primaria, y los esfuerzos de algunos historiadores como José María Rosa y Abelardo Ramos,(2) entre otros, por debatirla y ofrecer una versión distinta, apegada a la realidad, no alcanzó, hasta ahora, más que para ilustrar a algunos pocos militantes políticos que no han logrado ocupar los espacios del poder público y real que permitiera crear reflexión y conciencia política crítica en las grandes mayorías populares.

A lo largo de estos poco más de 200 años, se ha repetido el círculo vicioso de rotación entre gobiernos nacionales y populares (cada vez menos nacionales y populares, salvo por el discurso) y gobiernos oligarcas y cipayos.

El último gran inicio de estos ciclos se dio en 1976. No casualmente cuando la batalla por el poder fue más clara y cruenta entre ambos lados de la grieta.

La dictadura cívico-militar (es imprescindible remarcar el carácter cívico de ésta) instaurada en 1976 fue sin duda la más contundente de los últimos 200 años, más aun que la de 1955, porque llegó con el claro propósito de quedarse, y lo ha logrado, hasta ahora, mutándose en 1983 en “democracia”.

Con la excusa de derrotar a la subversión armada, aplicó un plan sistemático de eliminación física de toda una generación de militantes políticos, gremiales, y sociales en todos los ámbitos. Paralelamente, consolidaron la versión oficial (oligárquica y cipaya) de la historia en el ámbito educativo y comunicacional mediante el control de los medios de comunicación masiva que fueron adquiriendo cada vez mayor influencia en la formación cultural y política de las nuevas generaciones.

Si el acabar con una generación de representantes políticos, gremiales y sociales –mediante la tortura, la desaparición y el asesinato­– fue el primer gran triunfo de la dictadura cívico-militar nominada Proceso de Reorganización Nacional y popularmente conocida como El Proceso (síntesis que revela no tanto ahorro de palabras como contundencia de su permanencia histórica), el transformarse en “democracia” en 1983 fue su logro más contundente.

De 1976 a 1983, con el respaldo del sector más reaccionario de las FFAA –porque en ella existen los Onganía, Videla, Astiz… pero también, además de quienes nos dieron patria, los Mosconi, Valle y Perón, ya me referiré a esto(3)–, los personajes más representativos de la oligarquía cipaya, como Martínez de Hoz, lograron imponer los paradigmas que aún hoy permanecen vigentes, por ejemplo “las leyes del mercado”, “el Estado ineficiente”, “la necesidad de inversión extranjera”…

En 1982, ya consolidado El Proceso, resultando innecesaria la presencia del brazo armado, un hecho histórico de la mayor trascendencia, la recuperación de las islas Malvinas,(4) obligó a la oligarquía cipaya a mutar en “democracia” para mantener, desde las sombras o desde el gobierno, su control del poder real.

 

(1) https://www.planetadelibros.com.ar/libro-la-voz-del-gran-jefe/255393
(2) http://www.edicontinente.com.ar/tpl_libro_item_detail.php?id=ECO271
(3) http://www.socialismolatinoamericano.org/los-militares-en-la-politica/
(4) http://www.socialismolatinoamericano.org/video-el-sentido-de-malvinas-con-fernando-cangiano/

Continuará.

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