Caminopropio: ajeno a la Izquierda Nacional

El ultrakirchnerismo de ciertos ex seguidores de Abelardo Ramos

izquierdaGustavo Cangiano • 

Llegó a mis manos el último número de la revista Caminopropio, que edita el grupo “corriente causa popular”.
El lema de la revista es: “en la senda de Manuel Ugarte, Arturo Jauretche, Jorge Abelardo Ramos y Juan Perón”. Algún distraído podría ver en este lema un indicio de que la revista expresa los puntos de vista de la Izquierda Nacional. El hecho de que los editores de la revista sean personas que en el pasado han pertenecido a esta corriente contribuiría a abonar tal creencia. Sin embargo, si se lo lee con atención, el lema indica justamente lo contrario: la revista no expresa los puntos de vista de la Izquierda Nacional. ¿Por qué razón? Porque si una revista se inspira en el aporte político-intelectual de cuatro personajes (Ugarte, Jauretche, Ramos y Perón en este caso), entonces se está inspirando en lo que esos cuatro personajes tienen en común, y no en lo que los diferencia. ¿Y qué tienen en común el socialdemócrata Ugarte, el nacional-democrático Jauretche, el nacionalista militar Perón y el socialista de Izquierda Nacional Ramos? Lo que tienen en común es su pertenencia al campo nacional-popular. No tienen en común su pertenencia al socialismo de la Izquierda Nacional, puesto que ni Ugarte, ni Jauretche, ni Perón fueron socialistas de Izquierda Nacional, como sí lo fue Ramos (hasta unos años antes de morir).

En consecuencia, Caminopropio no es lo que sugiere. En todo caso, sería una revista cuyos objetivos iniciales son la disolución del socialismo de la Izquierda Nacional en el campo más vasto de la identidad nacional-popular.

I. Un Abelardo Ramos reconstruido según las necesidades del kirchnerismo

Caminopropio anuncia, entonces, no una identidad de Izquierda Nacional, sino una identidad nacional-popular. Pero hablar de “identidad nacional-popular” implica moverse en un terreno de abstracción teórica que excede las preocupaciones meramente “empírico-políticas” de los editores de la revista (dicho sea de paso, esta es otra razón para diferenciar a Caminopropio del socialismo de la Izquierda Nacional, que siempre ha tenido preocupaciones teóricas). Y desde el punto de vista “empírico-político”, Caminopropio es una revista kirchnerista. Absolutamente kirchnerista. Entiéndase: no es una revista que apoye al kirchnerismo; es una revista kirchnerista.
Ser una revista kirchnerista significa ser una revista que difunde “la agenda” impuesta por el kirchnerismo. Los temas centrales que se anuncian en tapa son los siguientes: “7D el final del chantaje mediático”; “Entrevista exclusiva a Andrés ‘El Cuervo’ Larroque: ‘si conduce Cristina hay que hacer lo que defina la conducción’”; “Néstor Kirchner, la película”, etc. Es decir: todos los temas abordados por la revista son los temas que el gobierno kirchnerista lanza al ruedo político. Y de más decir que la perspectiva desde la que son abordados es la perspectiva desde la cual los aborda el kirchnerismo.
Hay, sí, un par de notas que parecieran indicar un intento de afirmación de una identidad propia. Pero al leer esas notas pronto se advierte que no es así.
Una de esas notas se titula “Gran homenaje a Jorge Abelardo Ramos”. El “gran homenaje” fue un acto que con apoyo gubernamental organizaron los editores de Caminopropio en el Bauen al cumplirse los 50 años de la fundación del Partido Socialista de la Izquierda Nacional, organización de la Izquierda Nacional militante en la década del 60. Pero presentar el acto como un homenaje a Ramos y no al PSIN está demostrando la intención de minimizar en todo lo posible la significación socialista militante que tuvo la creación del PSIN. El PSIN aparece como un episodio más de la vida de Ramos, y no como un momento en la lucha por la construcción de un partido de Izquierda Nacional en la Argentina. Además, se informa en la nota que los primeros oradores del acto fueron el ex menemista Víctor Ramos y el académico anglo-argentino Ernesto Laclau, mientras que el cierre lo efectuó el funcionario justicialista Jorge Coscia. Es decir, los dirigentes de la “corriente causa popular” optaron por ceder el privilegio de la palabra a personajes ajenos a su propia organización. Toda una definición política. ¿Alguien imagina un acto del viejo PSIN en el que no hablaran Spilimbergo, Blas y Ramos sino un Cafiero, un Ongaro o un Vandor, por ejemplo?
La otra nota que pareciera insinuar un intento de afirmación de una identidad propia es el reportaje al secretario general de la Agrupación Universitaria Nacional (AUN). En los años setenta, AUN era el brazo universitario del FIP. Si bien la AUN actual está inspirada –según dice el joven entrevistado– por un ex militante del FIP llamado Mauro Aguirre, está adscripta a un partido llamado “movimiento de integración nacional”, que nada tiene que ver con la Izquierda Nacional. El entrevistado, sin embargo, tras aclarar que “no pertenecemos a la Izquierda Nacional”, dice que “consideramos a Abelardo Ramos un maestro”. ¿Y por qué razón lo consideran un maestro? Agárrense bien fuerte y lean: “tomamos dos aspectos esenciales de su pensamiento: la categoría de Nación Latinoamericana que es absolutamente original y la emancipación de la mujer”.
¿Qué les ha enseñado Mauro Aguirre a los jóvenes de la nueva AUN? En primer lugar, cualquiera sabe que “la categoría de Nación Latinoamericana” no es “original” de Ramos. La tomó de Trotsky y de Manuel Ugarte, entre otros. Lo “original” de Ramos, en todo caso, fue subsumir esa “categoría” en el marco de un pensamiento político-estratégico nacional y socialmente emancipatorio conocido, precisamente, como socialismo de Izquierda Nacional. Es esta labor “de síntesis” lo que distingue el aporte teórico y político de Ramos, y no la bandera de la unidad latinoamericana, que él hizo propia sin ser el primero en plantearla.
¿Y qué decir del otro “aspecto esencial” de las enseñanzas del “maestro”? La “emancipación de la mujer”, que ha sido una bandera histórica del movimiento socialista internacional, recién empezó a cobrar forma concreta en la Izquierda Nacional hacia 1974/75, con unos primeros aportes (de inmediato interrumpidos por el golpe militar) efectuados no por Ramos sino por compañeras del FIP. Sólo quien desconoce realmente el pensamiento y la obra de Ramos puede afirmar que la “emancipación de la mujer” constituye un aspecto “esencial” de su pensamiento.

II. ¿Néstor Kirchner a la altura del general San Martín?

Pero las páginas centrales de Caminopropio están dedicadas a la entrevista que Horacio Cesarini, el máximo referente de “corriente causa popular”, efectúa a Andrés Larroque, uno de los jefes de “La Cámpora”. Se trata de un material instructivo tanto como para conocer a La Cámpora como para conocer a la “corriente causa popular”.
¿Qué es La Cámpora? ¿Una organización militante surgida desde el seno de los sectores populares? ¿O una iniciativa pergeñada en las altas esferas del poder para “verticalizar” el kirchnerismo? Veamos lo que Larroque le dijo a Cesarini: “La Cámpora, si se quiere, juega a eso: un papel de articulación. Nosotros creemos que hay que darle más fuerza, más poder, más capacidad a Cristina y al proyecto. No tenemos intereses como agrupación. Si a nosotros nos mandan al último lugar, no tenemos problemas, porque nacimos para ser un dispositivo de la conducción, somos auxiliares de la conducción –en los términos que planteaba Perón– de Cristina. Si Cristina nos dice mañana: ‘muchachos, se acabó el rol institucional que ustedes están teniendo, se tienen que ir a militar a tal lado’, nosotros lo vamos a hacer. No estamos aferrados a ninguna situación. Para nosotros cualquier cargo es circunstancial y quien determina es Cristina (…). Si conduce Cristina, hay que hacer lo que defina la conducción”.
Ensañándose con Larroque, la periodista de Clarín y La Nación Laura Di Marco lo califica, en su pésimo libro sobre La Cámpora, con el mote de “neo Firmenich”. Sin embargo, Larroque parece ser, en todo caso, un “post Firmenich” más que un “neo Firmenich” (en el sentido de que todo lo “post” parece ser una versión degradada y edulcorada de las versiones originales). El gran error de Montoneros y de su líder Mario Firmenich fue la forma como decidieron disputarle la hegemonía del campo nacional-popular al líder bonapartista: se subordinaron a su conducción primero, y lo provocaron “desde dentro” después, exigiéndole un socialismo que estaba por fuera de los horizontes estratégicos de su conducción. Larroque y La Cámpora, en cambio, no tienen pruritos en declarar que “nacieron para ser un dispositivo de la conducción” y que “quien determina es Cristinia”.
Si en lo que respecta a la voluntad de confrontar con el imperialismo Perón estaba “a la izuqierda” de Cristina, entonces Firmenich estaba muy “a la izquierda” de Larroque. Pero si la Izquierda Nacional estaba “a la izquierda” de Firmenich, la “corriente cauce popular”, en cambio, no está “a la izquierda” de La Cámpora. Tras escuchar la confesión de Larroque respecto del papel políticamente subsidiario de La Cámpora respecto al poder estatal, Cesarini agrega: “por eso vemos gratamente que en las reuniones de Unidos y Orgaizados reine una verdadera democracia, todas las agrupaciones son consideradas por igual…”. “Unidos y Organizados es el espacio de uniformización y coordinación creado por el kirchnerismo para garantizar no sólo la “lealtad” de La Cámpora, sino la de otros grupos surgidos más o menos espontáneamente. La “corriente causa popular” es uno de esos grupos.
Digamos, además, que Larroque no se limita a proclamar su ultracristinismo. También reivindica a Kirchner en los siguientes términos: “Néstor tiene dimensión de prócer. No ya del político sino de un verdadero fundador de la patria. Uno lo ve en los picos más altos de las personalidades argentinas. Uno habla de San Martín, de Rosas, de Yrigoyen, de Perón, y es ineludible Néstor”.
¿No es demasiado? Dando rienda suelta a su irracional devoción, Larroque se parece más a Luis Barrionuevo, el “recontraalcahuete” de Menem, que a Mario Firmenich. Sin embargo, a Cesarini no le parece un elogio desmedido, porque avala los juicios de Larroque confesando que se emocionó mucho con la paupérrima película realizada por la mujer de Jorge Coscia. Que un kirchnerista considere a Néstor Kirchner un prócer fundador de la Patria de estatura semejante a la de San Martín, vaya y pase. Pero que un socialista de la Izquierda Nacional caiga en semejante exageración ya es un escándalo.

III. ¿Hay que reconocer la existencia del Estado de Israel?

Quien privilegie el rigor intelectual de un texto por sobre su significación política, encontrará en Caminopropio un solo artículo de interés: “Otra vez Gaza”, que firma el compañero Enrique Lacolla, alguien que proviene de la Izquierda Nacional, no ha renunciado a sus tesis centrales (y al compromiso ético que esta pertenencia supone) y que por ello no milita en el grupo “corriente causa popular”. Resulta bastante misterioso saber por qué razón alguien política e intelectualmente respetable como Lacolla presta su firma a un pastiche oportunista financiado con el dinero oficial, como Caminopropio. Pero terminemos esta reseña con una mirada crítica sobre el artículo de Lacolla.
Antes de examinar los últimos ataques israelíes sobre Gaza, que constituyen el centro de su atención, Lacolla advierte: “Es fatigoso reiterarlo, pero el terrorismo ideológico que prima en torno del problema obliga a hacerlo: no cuestionamos la existencia de Israel, entendemos plenamente la huida hacia delante de los judíos europeos ante la bestialidad del antisemitismo y del nazismo y su épica búsqueda de un hogar nacional”.
Lamentablemente, si Lacolla invoca el terrorismo ideológico del sionismo, es para rendirse a sus pies diciendo que “no cuestionamos la existencia de Israel”.
¿Cómo no cuestionar la existencia de un Estado artificial erigido por europeos transportados a Palestina para fungir como fortaleza de “Occidente” contra los pueblos árabes y orientales. ¿Acaso no es la creación del “hogar nacional” de los judíos la forma histórica concreta que asumió el programa racista del nazismo, que consideraba a los judíos del mundo entero extranjeros en sus propios países? Lacolla lamenta que la “legítima aspiración” de construir un Estado Judío en Palestina haya derivado en una forma de colonialismo, pero ¿podía ser de otra manera? La solución progresista de la “cuestión judía” en Europa no consistía en trasladar a los judíos a Madagascar, a la Mesopotamia argentina o a Palestina, como proponían los racistas nazis, antinazis y sionistas. Lo correcto era defender el derecho de los franceses, alemanes, o polacos judíos a vivir en sus respectivos países con la plena libertad de mantener viva su propia identidad religiosa. Por otra parte, hay que recordarle a Lacolla que cuando se crea el Estado de Israel, el nazismo ya no existía, por lo cual no había razones para huir de él. Y también hay que recordarle que “la búsqueda del hogar judío” por parte de los sionistas –en permanente oposición a los judíos socialistas– fue una sucesión de bajezas y miserabilidades concluida en una feroz guerra de conquista y depredación.

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