Argentina S.A. de Macri, los CEO y la plutocracia

Profundizar teórica y prácticamente la línea divisoria entre el campo nacional-popular y la CEO-plutocracia macrista –“La Grieta”– es la tarea central de la etapa que se abre. Serán tiempos de grandes luchas, y los socialistas de la Izquierda Nacional invitamos a los jóvenes y a los trabajadores a que se sumen a nuestras filas para llevarlas adelante y coronarlas con la victoria.

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Mitre, Magnetto. Videla y Noble

Walter Blanco • A diferencia de lo que creyeron Nicolás Del Caño y Jorge Altamira, exponentes principales de la verborragia ultraizquierdista que esteriliza a la vanguardia militante de los trabajadores, el triunfo electoral de Mauricio Macri abre una nueva etapa política, muy diferente de la inmediatamente anterior e, incluso, de todas las que atravesaron el periodo post-contrarrevolucionario inaugurado en 1983, cuando la dictadura se transfiguró en “democracia” para mejor administrar el orden imperante. La rosca oligárquico-imperialista que constituye el “poder detrás del trono” en la Argentina semicolonial ha resuelto prescindir de la mediación partidocrática para ejercer su dominación política. Es decir, ha resuelto retirar del “trono” a cualquier figura vicaria y ocuparlo por sí misma. Basta con echar un vistazo superficial al personal gubernamental designado por Macri para comprobarlo: la política agropecuaria estará en manos de un dirigente de la Mesa de Enlace hegemonizada por la Sociedad Rural; la política energética, en manos de un directivo de Shell, expresión idiosincrática del imperio británico; el equipo económico lo comandan representantes del capital financiero como Prat Gay, testaferro de los Fortabat y agente de la Banca Morgan (¡y amigo de la “derechohumanista” Victoria Donda!); el ministerio de Seguridad ha sido entregado a una agente de la CIA (o de la DEA, o del Mossad o de vaya a saberse de qué cloaca se alimenta Patricia Bullrich); y la Cancillería estará en manos de una funcionaria de confianza de EU. El ingenio popular ha encontrado la expresión adecuada para graficar esta  novedosa situación: “un país atendido por sus dueños”.

Si desplazamos la mirada desde el personal que pretende gestionar la “cosa pública” en los próximos cuatro años hacia el programa que aspira a implementar, encontramos dos ejes centrales:

1) Lo que eufemísticamente se denomina “achicar costos laborales”, es decir, bajar los salarios e ingresos de los trabajadores.

2) Lo que eufemísticamente se denomina “inserción de Argentina en el mundo”, es decir,  alineamiento con el imperialismo occidental contra el llamado “terrorismo”, o contra el “narcotráfico”,  y apertura comercial y –otro eufemismo– “creación de un clima de negocios” en el cual el capital extranjero pueda saquear nuestras riquezas sin obstáculos de ninguna naturaleza.

El primero de estos dos ejes se deja ver en las medidas que ya se conocen: exención impositiva (fin de las “retenciones”) para los exportadores, devaluación de la moneda y quita de subsidios a los prestadores de servicios públicos (gas, electricidad, transporte, etc.). Es decir, una impresionante transferencia de ingresos desde los sectores populares hacia las clases dominantes. El segundo eje quedó dibujado en una primera declaración de la canciller Malcorra: la “perspectiva” que guiará nuestra política exterior será la de “mirar al país desde el mundo”, y no a la inversa. Es decir, no vamos a mirar al mundo con ojos argentinos, sino que vamos a mirar a Argentina con los ojos del mundo (de las potencias que rigen los destinos del mundo). ¡Es una lástima que ya no esté Jauretche para regocijarnos con una evaluación sarcástica de semejante zoncera!

También el sonsonete de que “no hay dólares en el Banco Central” sirve al objetivo de la “inserción en el mundo”, operando como excusa para un reendeudamiento con el FMI.

En el momento de escribirse estas líneas, se conoce que Mauricio Macri designó ¡por decreto! dos miembros de la Corte Suprema de Justicia, con la aquiescencia cómplice del cortesano Lorenzetti, presidente del impoluto Tribunal, y de una UCR doblemente “alvearizada”. Y, además, con el blindaje mediático proporcionado por el holding Clarín. Los “poderes fácticos” –el poder económico, el mediático y el judicial– ya están entrelazados con una plutocracia que “es Macri” pero también “es Blanco Villegas” (familia materna del presidente), es decir, que es industrial, ganadera, financiera y, cuando la legalidad instituida no alcanza para garantizar los negocios, también es mafiosa.

Contra el fetichismo democratista

Que la “familia” Macri y sus socios y amigos hayan tomado posesión del país estaría indicando a las claras, entonces, que el régimen político imperante es un régimen plutocrático: el gobierno de los ricos, de las clases dominantes, ejercido de manera directa sobre el conjunto de las masas trabajadoras y los sectores populares. La política entendida como mediación entre los intereses particulares de las clases y los intereses generales de la sociedad, o como una instancia con autonomía relativa, tiende a esfumarse, y la “democracia”, esa palabra desgastada que sobrevive artificialmente con el auxilio de los aparatos ideológicos del capitalismo, se torna más y más elusiva.

Sin embargo, no falta el plumífero dispuesto a darse aires de importancia repitiendo que “el pueblo votó a Macri” y que por esa razón no corresponde “ponerle palos en la rueda”, porque eso sería algo así como “atentar contra la democracia”, lo cual implicaría un verdadero sacrilegio.

Desmontemos esta estupidez, que de persistir operará como factor inhibitorio de la lucha que los sectores populares debemos librar contra la plutocracia macrista hasta hacerla morder el polvo de la derrota.

Si entendemos la palabra “pueblo” en un sentido cuantitativo, es decir, como sinónimo de población, entonces hay que hacer notar que el pueblo no es una entidad simple que esté en condiciones de tomar decisiones tal como las toma un individuo. Desde esta perspectiva, el pueblo sería la suma de las 32 millones de voluntades habilitadas para elegir presidente. Y de esas 32 millones de voluntades fueron menos de 13 millones las que votaron a Macri en el balotaje. En consecuencia, es falso que “el pueblo votó a Macri”: fue sólo una parte de ese pueblo la que lo votó, alrededor del  40% (o el 51%, si preferimos calcular sobre la base de los votos “positivos” y no sobre la base del padrón electoral). Pero, ¿acaso el haber sido votado (supuestamente) por la mayor parte de los individuos que conforman “el pueblo” le confiere legitimidad al triunfo electoral macrista? Para que así fuera, deberíamos estar seguros de que cada individuo que le dio su voto lo hizo en función de su “libre albedrío”. Nadie llamaría “libre”, por ejemplo, al fumador que “elige” bajo el imperativo de una compulsión incontrolable consumir tabaco en dosis letales; tampoco sería “libre” el fumador que “elige” mirar a otros practicar deportes en vez de practicarlos él mismo, puesto que su capacidad pulmonar no se lo permite.  ¿Y qué tan libre puede ser una persona que de la mañana a la noche es bombardeada por operaciones mediáticas que instalan temas de debate y opiniones sobre esos temas, inhibiendo toda capacidad crítica? Es cierto que una persona tiene la “libertad” de elegir cualquier boleta dentro del cuarto oscuro, pero las determinaciones del voto operan mucho antes de entrar al cuarto oscuro, y son esas determinaciones las que impiden considerar ese acto como un ejercicio de la “libertad”.

Pero hay algo más. Gabriel Solano, dirigente del Partido Obrero, escribió en plena campaña electoral que con el mismo derecho que se calificaba como “popular” al kirchnerismo se podría calificar como “popular” al macrismo, puesto que uno y otro espacio tienen apoyo de “la gente del pueblo”. Se trata de una barbaridad, particularmente grave en alguien que se reclama socialista y “trotskista”. El contenido popular de un movimiento político no deriva de la cantidad de individuos que lo apoyan, sino de la naturaleza de las organizaciones sociales que lo conforman. Así, el peronismo tuvo un inocultable contenido popular porque su fuente nutricia fueron los sindicatos obreros, las organizaciones barriales, de jóvenes, de mujeres, etc. ¿Qué organización gremial, de “derechos humanos”, de estudiantes, de mujeres, barriales, de trabajadores rurales, etc. apoyan o participan del macrismo? ¡Ninguna! En cambio, “el creído de Barrio Parque” –como lo llamó su amigo Daniel Scioli– cuenta con las simpatías de la UIA, de la Sociedad Rural, de ADEPA y las corporaciones mediáticas,  y de la mayor parte de las entidades patronales y de los “factores de poder”. Tiene también, por supuesto, una “base social”. Es la pequeña burguesía de las ciudades portuarias y cosmopolitas –lo que se llama “la gente”– que siempre brinda adhesión a los defensores del orden instituido. En este sentido, Macri recoge el apoyo de los mismos sectores que apoyaron, por ejemplo, los golpes de 1955 y 1976, los cuales no fueron sólo golpes militares sino cívico-militares. Atribuir contenido popular al macrismo, entonces, es como atribuírselo a Aramburu o a Videla.

Desde una perspectiva teórico-política, entonces, “pueblo” no es lo mismo que “población”. Es un emergente de la lucha de clases que atraviesa el capitalismo, y designa al bloque heterogéneo de los sectores subalternos con intereses antagónicos a los de las clases dominantes y al orden instituido. “Pueblo” es el espacio en el cual nos situamos los socialistas revolucionarios para disputar la hegemonía a quienes no aspiran más que a un “capitalismo inclusivo” que garantice cierta “justicia social”.

Profundizar “La Grieta” y echar a la plutocracia

Hay que emanciparse, entonces, de las cadenas ideológicas que impiden comprender al macrismo como lo que es: un entramado de intereses plutocráticos opuesto a los intereses emancipatorios del país semicolonial y de sus sectores populares. El macrismo no es el “adversario” al que hay que “respetar en su otredad” dentro del marco de la “democracia”, como especuló en su momento el ideólogo alfonsinista Juan Carlos Portantiero, y como todavía hoy repiten las Fernández Meijide, las Beatriz Sarlo y también muchos dirigentes kirchneristas.

El macrismo tampoco es una entidad “nueva”, como creen los jóvenes y descerebrados caceroleros de la pequeña burguesía portuaria. Se inscribe en una tradición liberal-conservadora que viene desde el siglo XIX. La única novedad es que por primera vez esta tradición llega al gobierno sin necesidad de un golpe militar y sin colonizar movimientos de origen popular, como ocurrió con el menemismo. Pero esta circunstancia, lejos de expresar fortaleza, sin duda expresa debilidad, porque cuando son “los propios dueños” los que atienden el negocio, el fracaso no deja margen para el recambio.

Profundizar teórica y prácticamente la línea divisoria entre el campo nacional-popular y la CEO-plutocracia macrista –“La Grieta”– es la tarea central de la etapa que se abre. Serán tiempos de grandes luchas, y los socialistas de la Izquierda Nacional invitamos a los jóvenes y a los trabajadores a que se sumen a nuestras filas para llevarlas adelante y coronarlas con la victoria.

 

2 Las respuestas a las "Argentina S.A. de Macri, los CEO y la plutocracia"

  1. Nicolás   1 enero, 2016 at 10:08 PM

    Hola! Si existieran representantes de la izquierda argentina con una visión como la tuya, no dudaría en votarlos, pero tener que elegir entre Del Caño, y Altamira que incluso hoy junto a sus lacayos pregonan que todo el mal que está provocando el PRO es culpa del Kirchnerismo, o que el Kirchnerismo hizo cosas peores durante su gobierno, o hubiera tomado las mismas medidas que el PRO si ganaba las elecciones, me da argumentos para poder afirmar que la inmadurez de los principales partidos de izquierda en Argentina es demasiado alta como para merecer el apoyo. Ojalá en vez de contestar en forma agresiva los comentarios que tratan de hacérselo notar, hagan una reflexión interna y dejen de justificar a los desastres que ahora nos gobiernan.

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  2. Diego Zanini   1 enero, 2016 at 11:55 AM

    El texto no dice nada que la “ultraizquierda” como se la denomina, no haya destacado o denunciado. Con la diferencia que optó por no pactar con el candidato oficialista, propuesta que si acepta el redactor del artículo. Lo que evitó fue nombrar el equipo que el popular Sicioli presentó para afrontar el nuevo gobierno para no decir que no dista demasiado del de Macri. Por otro lado habla de un gobierno de la plutocracia. ¿ Acaso el Gobierno que se defiende en el artículo dio alguna muestra ser lo contrario? ¿O deberíamos armar una colecta para ayudar a los funcionarios K para que lleguen a fin de mes, o darles algún consejo de cómo armar una empresa millonaria? Por supuesto que del desastre que hizo su amigo Daniel en la provincia de Buenos Aires no habla, y después agrega que Macri no tiene el apoyo de los sectores más vulnerables, ¡que novedad! Ahora me gustaría que me diga los sectores que apoyan a tu candidato Daniel Scioli.

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