Ante el inminente estallido de una crisis mayor que la de 2001, juicio político o rebelión popular

Resulta impostergable poner fin lo antes posible al régimen que encabeza formalmente Mauricio Macri, por vía del juicio político o de la rebelión popular. De no actuarse con celeridad la salida de la crisis –inminente e inevitable– será mayor que la de 2001.

 

Por Daniel Moser.

 

ARGENTINA. Cada vez más claros y contundentes son los signos de que la Argentina transita un período de grave crisis económica, social, política e institucional y se dirige, inexorablemente, en cuestión de meses, a un final aún más grave que el de la de 2001. Es necesario no volver a caer en el círculo vicioso en el que estamos encerrados desde que en 1983 el Proceso se transformó en “democracia” formal y puso en manos de la partidocracia el manejo del gobierno, turnándose gestiones “nacionales y populares” con oligárquicas.

En 2001 una rebelión popular hizo tronar el escarmiento y gritó “que se vayan todos” los políticos del sistema Proceso-partidocrático. Efímeros intentos de asambleas populares que prefiguraban un cambio positivo en la forma de hacer política, terminaron diluyéndose por una multiplicidad de factores y dando lugar al resurgimiento de los “políticos de oficio” que, lejos de irse, como se les reclamó, se alejaron pero retornaron, renaciendo de sus cenizas como el Ave Fénix.

Hoy, ante lo implacable de las acciones del régimen plutocrático, que cumple con eficacia sus objetivos (nunca se planteó cumplir las promesas de campaña), los sectores de la oposición formal institucional que se autodenomina “nacional y popular” ­–me refiero fundamentalmente a las agrupaciones que utilizan la simbología del Peronismo (desaparecido en julio de 1974) como la de una franquicia–, comienzan a esbozar intentos de unidad. El resto, cómplice explícita del régimen actual, no tardará en despegarse.

Resulta erróneo e injusto generalizar, pero si bien es deber reconocer la buena voluntad de algunos dirigentes, no se puede negar que existe una mayoría de oportunistas que buscan reciclarse.

Un primer problema a enfrentar y resolver es que suelen “confundir” unidad con rejunte. Un segundo problema es que se la plantea para actuar en el ámbito legislativo y en la elección presidencial de 2019. ¿Está la Argentina y su pueblo en condiciones de soportar mucho tiempo más el actual estado de cosas?, opino que no.

A grandes problemas, grandes soluciones. En primer lugar es preciso tener claro que no estamos bajo un régimen democrático legítimo, estamos bajo un régimen plutocrático que desde su centro de poder real controla los poderes ejecutivo, legislativo y judicial a su antojo, a lo que debe sumarse el llamado “cuarto poder”, los medios de comunicación más importantes por su capacidad de penetración social y su capacidad de manipulación de la realidad, con la imposición de la posverdad de manera implacable.

En segundo lugar resulta impostergable poner fin lo antes posible al régimen que encabeza formalmente Mauricio Macri, por vía del juicio político o de la rebelión popular. De no actuarse con celeridad la salida de la crisis –inminente e inevitable– será mayor que la de 2001.

En su momento para un proceso electoral habrá necesidad de candidatos, entre quienes, sin duda, hoy, Cristina Fernández es quien cuenta con mayor aceptación; pero ya pasó la época de “líderes” y “conductores” que, por otra parte, han evidenciado incuestionablemente fracaso desde 1983 y particularmente después de los últimos doce años de gobierno en tres aspectos: 1º el de no haber construido un proyecto estratégico de país a largo plazo, 2º el de haber dejado intactas las estructuras de poder real y 3º por lo anterior, el haber servido en bandeja el gobierno al representante de la plutocracia, Mauricio Macri, imponiendo CFK como candidato a Scioli, versión “moderada” (y gran amigo) de Macri, de nada sorprendente pero vergonzoso actuar como diputado en la aprobación de la reforma previsional.

Paradójicamente, son los “líderes” y “conductores” de hoy quienes tienen la responsabilidad de salir por la puerta grande de la historia convocando a un frente opositor con capacidad de hacer lo necesario, un frente que debe excluir a los oportunistas de siempre e integrar de manera amplia y participativa a los sectores militantes y combativos.

Cualquier cambio de régimen que rompa con el círculo vicioso en el que estamos desde 1983 exige poner a consideración del pueblo un proyecto estratégico de país a largo plazo y terminar con las estructuras y paradigmas de poder que están vigentes desde 1976; también, dar lugar a las nuevas generaciones poniendo fin a la tradición de “líderes” y “conductores” a los que había que seguir, reemplazándola por la de legítimos representantes populares que ejecutan las políticas que el pueblo organizado exige.

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