El error del voto en blanco

El triunfo macrista es el triunfo de la rosca oligárquico-imperialista que concentra el poder real en la Argentina. Se avecina un período de lucha para recuperar la soberanía popular y nacional perdida en 1976

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Walter Blanco •

Juan Carlos Giordano, dirigente de Izquierda Socialista (FIT), escribe que “el voto en blanco o nulo, como propició el Frente de Izquierda, obtuvo el 2,34% (623.425 votos)”. Si fuera cierto lo que dice Giordano, habría que concluir que el FIT le ha hecho un gran favor a Macro transfiriendo para el voto en blanco un porcentaje que, aunque exiguo, es el que le permitió derrotar a Scioli en el balotaje del 22 de noviembre. Pero se trata de una falsedad. El macrismo esta vez no necesitó del FIT para ganar las elecciones, como sí lo necesitó para ganar el balotaje en CABA.

Desmentir a Giordano es fácil. En la primera vuelta del 25 de octubre los votos en blanco o nulos habían alcanzado el 2,49%. En esa ocasión el FIT no llamó a votar en blanco sino que presentó candidatura propia. La reiteración del porcentaje en el balotaje permite inferir que quienes votaron en blanco son los mismos que ya lo habían hecho el 25 de octubre, y que por tanto no lo hicieron siguiendo los consejos del FIT sino por otras razones, que ya estaban presentes en esa primera vuelta. Por otra parte, la exigüidad del porcentaje de votos en blanco corroboró lo que Socialismo Latinoamericano sostuvo en su Declaración de apoyo a la candidatura de Scioli en la segunda vuelta: no hubo una tendencia de masas hacia el voto en blanco, por lo que proponerlo significó lisa y llanamente negarse a intervenir como factor político en la disputa electoral.

VISIÓN CUALITATIVA DEL VOTO EN BLANCO

Pero tiene razón Giordano cuando dice que el criterio central para caracterizar el voto en blanco promovido por el FIT y otras expresiones de la vieja izquierda cipaya (el MST de Bodart-Ripoll o los estalinistas del PCR, entre otros) no debe ser el cuantitativo. En efecto, independientemente de su peso numérico, el voto en blanco propuesto por organizaciones de izquierda se dirigía objetivamente a restar votos al candidato del Frente para la Victoria, puesto que ningún elemento contenía el macrismo que lo hiciera atractivo para un electorado medianamente progresista: el votante con ideas de izquierda podía dudar entre votar en blanco o a Scioli, pero jamás podía pensar en darle su voto a un candidato como Macri, que expresa en términos políticos, ideológicos y sociales a la derecha más retrógrada del país.

Dos son los argumentos invocados por el FIT y el conjunto de la izquierda cipaya para llamar a votar en blanco. Y ambos argumentos son insostenibles. El primero es que tanto Scioli como Macri son “variantes capitalistas”. Giordano dice que ambos son “candidatos patronales”. No cabe duda de que ni Scioli ni Macri tienen como objetivo instaurar una sociedad socialista sino que se proponen, por así decir, administrar el capitalismo. En ese sentido, sin duda que ambos son “candidatos capitalistas”. Pero salvo en algunos lugares y momentos excepcionales, como pudo ser en la Rusia de octubre de 1917 (y posiblemente ni siquiera en esa ocasión), lo que está en juego no es la disyuntiva capitalismo/socialismo. Si así fuera, seguro que sería un error de una organización de izquierda apoyar a un candidato “patronal”. Pero no es el caso. El interrogante es entonces: no siendo el caso estar ante la alternativa entre socialismo y capitalismo, ¿la izquierda debe dar la espalda a la política real que presenta alternativas más “modestas” entre candidatos que encarnan “variantes” capitalistas? Eso es lo que afirman Giordani, IS, el FIT y el conjunto de la izquierda cipaya en general y la ultraizquierda en particular. Dice Giordano, a partir de una peculiar lectura de línea seguida por los bolcheviques rusos, que la izquierda debe “combatir a todas las variantes de los partidos patronales y a sus políticos de turno”. Una expresión que constituye el epítome del ultraizquierdismo pequeñoburgués y antiobrero contra el cual combatieron expresamente Lenin y Trotsky. Basta con recordar las críticas de Trotsky al ultraizquierdismo estalinista del “tercer período”, en el que no se encontraban diferencias entre los liberales-socialdemócratas y los nazis alemanes, o a los seudotrotskistas que en México de 1940 identificaban al presidente nacionalista Cárdenas y a sus opositores como “variantes capitalistas”.

EL CONTENIDO DE CLASE DE LOS VOTOS

Echemos un vistazo a los resultados del balotaje. Macri obtuvo un 51,4% de los votos contra el 48,6% de Scioli (computados no sobre el padrón sino sobre los votos “positivos”). La paridad de fuerzas indica que se conformaron dos bloques electorales. Se trata de una constante en la política argentina, tal como puede registrarse en las elecciones de 1946 o en las de 1973, pero también en los golpes cívico-militares de 1955 o 1976, que contaron con la adhesión de una franja numéricamente importante de la población. Para la izquierda cipaya, esta línea divisoria que la derecha califica como “grieta” es falsa: de un lado y del otro hay “candidatos capitalistas” de equivalente significación social, económica, ideológica, política y cultural. Pero si miramos de cerca los datos numéricos, las diferencias entre uno y otro lado de “la grieta” comienzan a hacerse visibles. A modo de ejemplo: en Buenos Aires Macri obtuvo el 48,9% de los votos. Sin embargo, en Florencio Varela obtuvo el 31% y en La Matanza el 35%, mientras que en San Isidro consiguió el 69% de los votos. Scioli, que a nivel provincial alcanzó el 51,1%, obtuvo el 69% en Florencio Varela y el 65% en La Matanza, en tanto que en San Isidro logró apenas el 31% de los votos. En CABA, la media de Macri fue 64%, pero en los barrios de clase media-alta fue superior, mientras que en los barrios de clase media-baja fue algo inferior. Esto indica que el contenido de clase de los votos obtenidos por uno y otro candidato no es el mismo.

Si del terreno cuantitativo nos trasladamos al terreno cualitativo, observamos que las principales entidades de la clases dominantes (industriales, banqueros, agroexportadores, y todo el aparato mediático que manipula la opinión pública) se encolumnaron detrás de Macri, mientras que Scioli obtuvo el apoyo de organismos de derechos humanos, de centrales sindicales y de organizaciones barriales y populares. Increíblemente, el dirigente de PO-FIT Javier Solano declaró que no había razones para suponer que el scioismo o el kirchnerismo tenían más contenido “popular” que el macrismo, puesto que había “sectores populares” en uno y otro lado. ¿Qué clase de marxista es Solano? El contenido de clase de una fuerza no se mide aislando a los individuos que la integran y computando su extracción social, sino a partir de las entidades complejas que le dan forma: sindicatos, partidos, organizaciones barriales, estudiantiles, etc. Además, ese contenido también se conforma a partir de la “tradición” en que una fuerza política se inscribe. En el caso del macrismo, su inscripción en la tradición liberal-conservadora (aggiornada con las recetas de Durán Barba) es tan cristalina como la inscripción del kirchnerismo en la tradición nacional-popular. Y si contrastamos el programa neoliberal del macrismo (devaluación, librecambio, “inserción en el mundo”, etc.) con las recetas “keynesianas” del kirchnerismo, la diferencia aparece más clara.

¿Significa lo anterior que la candidatura de Scioli satisfizo los requisitos que debe satisfacer un frente nacional antiimperialista decidido a batallar contra la penetración imperialista y contra el capitalismo semicolonial? De ninguna manera. Socialismo Latinoamericano expresó la insuficiencia del kirchnerismo, y del scioli-kirchnerismo en particular estableciendo una analogía con la situación generada en 1922, cuando el líder popular Hipólito Yrigoyen designó como sucesor al “galerita” Marcelo T. de Alvear creyendo que podría controlarlo rodeándolo de diputados, gobernadores y hasta de un vicepresidente, leales. Alvear destruyó al yrigoyenismo y dio vida a la expresión “alvearización”, para hacer referencia ala domesticación de un movimiento nacional y popular. Socialismo Latinoamericano señaló: “no se puede avanzar retrocediendo”. Y la candidatura de Scioli fue la confesión de que la intención del kirchnerismo era retroceder ordenadamente frente a clarín, las “corpo” y los Buitres, es decir frente a la rosca oligárquico-imperialista que gobierna la Argentina.

Pero un segundo argumento invocado por el FIT y la ultraizquierda para justificar el voto en blanco tampoco resiste el menor análisis. Giordano lo expresa así: “el voto en blanco apuntó a preparar las luchas que se vienen”. ¿Por qué razón votar en blanco el 22 de noviembre sería necesario para sumarse a la lucha por “el ajuste” a partir del 23 de noviembre? Misterio absoluto. Si así fuera, estaríamos en una situación harto difícil: ¡sólo poco más del 2% de los electores votaron en blanco! Pero, afortunadamente, la resistencia al ajuste macrista va a ser llevada adelante principalmente por el grueso de las organizaciones populares que intentaron frenar a Macri votando a Scioli. Aún cuando el propio Scioli ya haya dado signos de querer “colaborar” con un gobierno que expresa el armado de fuerzas más reaccionario desde el período post contrarrevolucionario abierto con las elecciones de 1983.

Socialismo Latinoamericano y la Izquierda Nacional estarán en la primera línea de esa lucha. Convocamos a las nuevas generaciones y a las vanguardias militantes de la clase trabajadora a sumarse a nuestras filas.

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